¿Los ha bendecido el Señor?  Hoy traemos una palabra que te va a revolucionar la vida; vas a salir de acá lleno de energía, lleno de ganas; lo vas a sentir dentro de ti.

Se nos ha enseñado por mucho tiempo que los sentimientos no son buenos; sin embargo, no es que no sean buenos, pero no te debes dejar guiar por ellos. No tienes que dejarte guiar por tus sentimientos, sino por tus convicciones, por tu carácter.

Lo que yo siento, en algún momento, me pudo llevar a tomar la decisión correcta o incorrecta. Nosotros los humanos, tenemos muchas veces sentimientos encontrados y lo que nos pasa es que somos muy variantes. La mayoría de personas cambian rápido de parecer y de ánimo. Por ejemplo  hay personas que un día se sienten bien y al poco rato se sienten mal; un día creemos que podemos volar, que podemos hacer las cosas mejor que cualquier otra persona, y otro día creemos que ni siquiera podemos gatear. A veces nos sentimos muy fuertes y a veces muy débiles. No estoy hablando físicamente; lo que te estoy hablando es algo espiritual. Y como hay muchos cambios alrededor de nuestra vida…  Eso no ocurre sólo en las mujeres (aunque hay una etapa de las mujeres que cambian porque cambian las hormonas). Hay muchas veces que uno siente que lo puede lograr y uno está buscando cualquier monte, cualquier montaña para moverla, porque esa montaña y ese monte deben saber que nosotros somos personas que tenemos un espíritu de campeón.  Yo me he puesto a pensar y me he dado cuenta que hay veces que yo me siento poderoso en lo que hago en mi trabajo, y hay veces que yo no amanezco de esa forma.

Digan conmigo: “ánimo”. Digan conmigo: “alma”. Hay una manifestación de nuestra alma. Cuando nuestra alma se manifiesta y todo lo que hay en ella quiere salir, lo que está ocurriendo es que se manifiesta de una forma específica. El ánimo es el resultado del estado de nuestra alma. ¿Por qué es tan importante que nosotros sepamos manejar nuestro ánimo? Porque dice la Palabra en proverbios 18, 14: (Yo puse 3 versiones). “El ánimo del hombre soportará su enfermedad, mas ¿quién soportará el ánimo angustiado? ¿Por qué es importante tener un buen ánimo?. Porque cuando venga la enfermedad, dice la palabra: “que tu ánimo se para y te soporta en medio de la enfermedad”.  En la versión que yo te quiero leer acá dice: “Al enfermo lo levanta el ánimo”. Cambiemos la palabra ánimo, por la palabra desánimo. Si al enfermo lo levanta  el ánimo, el desánimo ¿qué hace?  Te bota y no te puedes dar el lujo de manejar desánimo, mucho menos en esta época que estamos viviendo como país, como nación y como el mundo entero.

Diga conmigo: “la crisis necesita un buen ánimo”. Yo quiero que sepan una cosa: ¿Cuántos de ustedes trabajan en algún lugar? Usted es un trabajador. Déjeme decirle que el ánimo va a marcar la diferencia en esta época; el ánimo que usted tenga. Hoy vengo a ministrar tu alma, porque yo sí quiero que salgamos de aquí con un ánimo de campeón; que todos los días sepas que, dentro de ti, (aunque el mundo se esté cayendo y la gasolina vaya más para arriba) que en mi, en  mi oficina, van a encontrar siempre un campeón. Diga conmigo: “ Aquí hay un campeón”.  Otra de las versiones dice: “El ánimo ayuda a sanar al enfermo”. El ánimo ahuyenta la enfermedad. ¿Qué hace Jesús todos los días? estimula tu ánimo; estimula tu alma, y cuando estimula tu alma, algo empieza a ocurrir ahí dentro y tú dices: “yo puedo salir de esto”. Quiero leerles algo que me sorprendió en sobremanera. Yo te quiero dar algunos pasos y algunas formas para que tu ánimo sea cuidado, alimentado y fortalecido. Si es tan fuerte para pararse enfrente del cáncer y decirle: “te vas”. Yo no se si usted ha visto que tiene un ánimo tan grande alimentado por la palabra y por el Señor… Yo me he dado cuenta; dedico mi vida a trabajar con personas que están enfermas y con el Pastor Cash vemos un desfile de gente. La gente que sana es aquella que tiene un ánimo tremendo, pero está con el ojo, con una necesidad diciendo: “’Ahorita, va a ser mi momento”’ porque el ánimo de él se conecta con mi ánimo. Vea lo que dice acá. Mateo 9, 2: “Y sucedió que le trajeron un paralítico tendido sobre una cama y al ver Jesús la fe de ellos dijo al paralítico: “Ten ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados”. ¿Qué necesitaba ese paralítico? Y Jesús lo que hizo fue darle ánimo y perdonarle sus pecados. ¿Qué tiene que ver el ánimo si estaba paralítico?. Yo no sé si lo entendemos. Analicemos crudamente qué tiene que ver el ánimo con la parálisis; pensemos. ¿No le sorprende a usted que ese paralítico dejó de ser paralítico? Hay muchas áreas en nuestras vidas que están paralizadas, que lo único que necesitan es que escuches que Jesús se voltee a ti y te diga: “Ten ánimo”, y la parálisis se va. A mi me sorprendió lo que Jesús hizo acá. Dice en Mateo 9, 20 “Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacia 12 años; se le acerco por detrás y le tocó el borde del manto. Porque decía dentro de sí: “si tocare solamente su manto, seré salva”. Y Jesús vio que ella tenía ese problema, lo comprendió y se volvió y mirándola le dijo: “Ten ánimo, tu fe te ha salvado”. Y la mujer fue salva desde aquella hora.

Miren, baja Jesús y mira que tenía un problema en su cuerpo y dice allí: “y mirándola”. Se le quedó viendo a ella y le dijo:” ¿Estás enferma? Ten ánimo y, además, tu fe te ha salvado”. Cuando Él le dijo eso a ella, ocurrió una tercera cosa: la sangre que le salía, dejó de salirle. Hay cosas con las que tú has estado peleando y viendo parálisis en parte de tu vida. Hay gente que es paralítica financiera; hay gente que tiene una enfermedad física y no física; sin embargo, la solución de Jesús es: “ánimo”. ¿Por qué ánimo? Se volteó y le vio el alma, y le dijo: “está dentro de ti el milagro, sólo sácalo ahorita.

¿Quieren ver una tercera? A mi me sorprende porque yo he encontrado que mi Jesús, es un animador de mi vida; Él me anima. Yo he encontrado que hay alguien que todos los días me dice: “Chepe, tu puedes; vamos campeón, ten ánimo, no pares, no te detengas. Hay partes de tu vida que no están bien; no importa, ánimo”.

Mateo 14, 26.” Y  los discípulos viéndole andar sobre el mar, se turbaron diciendo: “es un fantasma! y dieron voces de miedo, pero enseguida Jesús les habló diciendo: “tened ánimo ,yo soy, no temáis”. Hay gente que tiene temor en su vida y el temor lo que hace es paralizarte.  Poco a poco te va inquietando al punto que hace que no te muevas. La semana pasada hablamos que hay gente que no va a invertir, va a retroceder por miedo y hoy a todos los empresarios que están acá les voy a decir: “que aunque esté lloviendo recio y estemos en la misma barca, sólo les puedo decir: “tengan ánimo, es Él”. Yo no sé si me están entendiendo. Cuando peor las cosas se pongan en este país, más vamos a brillar nosotros. Ahora más que nunca que los cristianos nos luzcamos en este país.

En Hechos dice que uno de los principales de Jesús, Saulo de Tarso (Pablo) cuando se acerca a él le dice: (hechos 23, 10) “Y habiendo grande disensión, (enfermedad, tormenta, problemas) en el tribuno, teniendo temor que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen en medio de ellos y le llevasen a la fortaleza. A la noche siguiente, se le presentó el Señor y le dijo:”’ ten ánimo Pablo, pues como has testificado de mi en Jerusalén, así es necesario que testifiques de mi en Roma”. Él resuelve volteándose y diciendo: “Hey! lo que necesitas es ánimo.”

¿Saben lo que hago yo acá, ahorita? Animándolos. ¿Saben que soy? porrista. Bien machito, pero porrista. ¿Qué somos los predicadores? ¿Saben por qué venimos con esa energía y nos paramos a hablarles y decirles: “tengan ánimo, la tormenta va a pasar?. Porque estuvimos en un cuarto y yo tuve a Jesús allí y me dijo: “ten ánimo”.

La gente va a salir hoy como nunca ha salido. La gente que va a oír, va a quedar sano. Cuando miran al Pastor Cash aquí parado y cuando sale en “Noches de Gloria”, antes de una noche de gloria, se va al cuarto a oír, no hablar. Cuando uno va a predicar, a compartir, a sanar, liberar y restaurar, lo que uno necesita es oír. El no viene y me dice: “a la pues Chepe, que todos oren ahorita”. Sale cargado y lo que me dice es: “hora de patear al diablo”. Diga conmigo: “ánimo”. Para hacer guerra, ¿qué se necesita?  Ánimo.

¿Ustedes vieron la película “Braveheart”?. Todos con miedo, sólo se paro uno que dijo: “Hijos de escocia, yo soy William Wallace”’ (a saber ni quién era y todos: “ah! Willlian Wallace; hoy sí ganamos! ¿Dígame si en una oficina no se necesita un William Wallace, alguien que crea, que imparta el ánimo para que los milagros ocurran? Usted vino acá porque va a salir de acá para que los milagros ocurran.

Sabe una cosa, yo apunté otro paso ahí: Si quiere tener un buen ánimo, óigase usted mismo, pero óigase después de leer la Palabra. Había un hombre que estaba pasando tribulación; le había ido mal. Salmo 51, 8: “Hazme oír gozo y alegría y se recrearán los huesos que has abatido”. Usted tiene que pedirle a Dios: “Señor, hazme oír la Palabra porque estos huesos que están abatidos, se van a levantar”. Yo hago algo; yo, que cuido de las personas que andan conmigo, no oigo a cualquiera porque yo quiero proteger mi ánimo. Cuídese su ánimo. ¿Usted podría ser capaz hoy de voltearse al cielo y decir: “Señor, me puedes hacer oír algo que haga que mis huesos se rían? ¿Qué es gozo? ¿No es acaso un sentimiento? ¿Qué es el gozo, la alegría?

1. Oír a Dios a través de Su Palabra, en la iglesia o en tu cuarto, cerrada la puerta con tu Padre.
2. Óigase usted mismo. Yo constantemente me oigo y creo cosas de mí. Creo cosas que todavía no tengo, que todavía son deficiencias en mí, pero me hago el loco. Para predicar aquí delante de ustedes, yo ya prediqué en mi cuarto solito y ví lo que iba a ocurrir; yo ví que gente venía y se tiraba al piso a agarrar migajas. Lo ví, lo creí y hablé. ¡Dios es mi animador!. Pero después de Dios y usted, después de creer lo que Él dice, tiene que creer lo que usted dice también. Háblese usted mismo. Yo necesito que usted sepa que el fan número uno suyo es Dios y el fan numero dos es usted mismo. ¿Sabe cómo se llama la predica de hoy? “Anímese, Sea su propio porrista”.

¿Sabe de qué estoy hablando? Ese hombre que habló de sus huesos abatidos, también dijo esto: Salmo 42, 10: “Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan diciéndome cada día: ¿“En dónde está tu Dios?” y yo te voy a decir algo: mucha gente que está alrededor tuyo y ha visto tus fracasos y ha visto tu muerte espiritual, se voltea y te dice: “¿Dónde está tu Dios?” y saben que muchas veces lo agarran a uno bien desanimado y cuando le dicen a uno: “¿Dónde está tu Dios?” uno dice: “ espérate que ni yo lo encuentro”. En esos momentos, háblese a usted mismo estas palabras: ¿“Por qué te abates o alma mía y por qué te turbas dentro de mi? espera en Dios porque aún he de alabarle; salvación mía y Dios mío”.

Mucha gente cree que esa es una técnica motivacional. Con espejo o sin espejo, como quiera, pero allí yo veo a ese hombre hablarse y decirse: “¿por qué te abatís? Hoy no lo lograste, pero mañana vas a vencer; Chepe, sos un campeón. ¿Sabe qué es lo que pasa? Cuando uno cree en uno, no hay nadie más responsable de uno, que uno mismo. Yo no sé si usted se ha puesto a pensar en la gente que dice: “Es que estoy bien desanimado, y llego a la iglesia y sigo desanimado”. Usted es el único responsable de su ánimo. Yo hice algo. Jugamos un partido de football y yo tuve un entreno con mis 12 con el entrenador de football de Guatemala, de “footsala”. Los seleccionados de “footsala” de Guatemala, van a ir al mundial y yo, de loco, agarré y le dije: “mire señor, yo quiero que nos entrene”, y yo le hice una pregunta al final: ¿“Cómo haces para motivar al equipo y cuando alguien comete un error, no sé cómo lo manejas? ¿Saben qué me dijo? Mira Pastor, si yo tengo que animar a mis jugadores para jugar “football”, que es lo que más aman hacer, estoy mal. Pero es cierto, si lo que más amas hacer es salir adelante, ¿por qué vas a necesitar que alguien te anime?

¿Saben qué hago yo? me encierro. Todos nos desanimamos, pero la clave es no desanimarte muy seguido. Le oigo a Dios todo lo que me quiso decir y me lo repito: “Vamos, salí a la cancha y jugá como nunca”. Sea usted su propio porrista. Dice la palabra de Dios: “si tienes fe, úsala para contigo”. Si tienes fe, cree en ti. Cuando tú te haces porras, la gente que mira que tu ánimo es poderoso, se voltea y se te queda viendo y ¿saben qué empiezan a decir? ¡Chepe! ¡Chepe! ¡Chepe!. ¿Sabe qué dice su jefe? ¡Eh! grita él; porque tienes un ánimo tan estupendo, que eres el que más vende. La gente no sabe lo que tú tienes; no se lo reveles, tranquilo; que te sigan ya cuando miren que sos el que más vende. ¿Cuántos de ustedes creen que pueden tener un ánimo más poderoso? Pero cuando tu empiezas a creer en ti…

La tercera persona que regularmente se para y a gritar: ¡Chepe! ¡Chepe! es mi esposa. Y como canta, viera cómo grita. De verdad, hombres que están  acá, las mujeres quieren tener alguien que tenga un buen ánimo. ¿Está listo para hacerse porras? Nadie va a ser responsable de su ánimo; aliméntelo. Sabe una cosa, nadie lo va a hacer por usted. Te tienen que ver los ojos llenos de fuego. Crea en usted, después de creer en Dios. Crea que usted fue llamado. Yo sé que a usted le parece extraño, pero aunque le parezca extraño, nadie lo va a hacer por usted. La Palabra dice que ames a tu prójimo como a ti mismo, no en vez de ti mismo. Sabe una cosa, cuando entre a una oficina, sepa que está entrando el próximo dueño de ella, (sólo que no se lo vaya a decir a su jefe). La gente que recibe ánimo de otros, corre más rápido que otros. Si usted no tiene que le grita allá, voltee a ver para arriba y ¿qué te están diciendo? “Hijo, en ti encuentro complacencia, te amo, ¡mi campeón! ¿Alguien siente que es un campeón acá? ¿Alguien va a ser capaz de ponerse su camisola con orgullo? Mujer, tu esposo no es el encargado de que tú te sientas bien. Si el es el encargado que tú te sientas bien, tienes que revisar quién es tu Dios. Mujer, tómate tu foto y que diga: “Princesa campeona, linda, la dama”. ¿Está listo para que su alma tenga una manifestación hoy? Póngase de pie. Hay una unción en este lugar poderosa. Gracias Jesús. Alce sus manos al cielo y levante su mirada al techo y quiero que ustedes empiecen a oír lo que Dios dice de ustedes. Lo que Él más anhela es que tú lo oigas.

Jesús levantó sus manos; se estaba bautizando; el Padre le dijo:,”Hijo, en ti tengo complacencia; yo te voy a dar ánimos. Hijo, yo sé que es difícil ir a la cruz; no temas”. ¿Sabes que Jesús estaba flaqueando al llegar a la cruz y el Señor mandó ángeles para darle animo? Dios le dijo: “ten animo hijo, yo te voy a resucitar”. Jesús le dijo a ese paralítico: “Ten ánimo”. Dile al Señor: “Señor, yo te voy a oír; Señor, necesito ánimo, deja caerlo hoy sobre mi y te prometo que cuando salga mañana de mi casa, va a salir un campeón; cuando llegue al trabajo, va a llegar un campeón. Cuando me despierte va a haber un hombre, una mujer, que piense en grande, sueñe en grande. Señor, soy tu campeón; lo creo, lo vivo y me hago porras Señor. Dale un aplauso al Señor.

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