Lucas 5:1-4

Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.

 

Ustedes imagínense; vamos a ubicarnos en esa época. Jesús predicaba en ese lago, había mucha gente escuchándolo, tanto que El dijo: “Aquí se me va agolpar la gente, necesito más espacio para poderles enseñar”. Le dijo a uno de ellos si podía subirse a su barca para que desde ahí pudiera predicar. Si leen en su Biblia, los pescadores habían estado trabajando toda la noche, un trabajo arduo, tirando las redes y jalando, todos sudando. Estamos hablando de redes pesadas, que al mojarse, pesaban mucho más, y las tiraban y las jalaban; estaban cansados. En ese momento, estaban guardando las redes, secándolas, tal vez ni estaban prestando atención a lo que Jesús decía. Y Él les dice si puede subirse a una de ellas para predicar.

 

Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Maestro,  toda la noche hemos estado trabajando mas nada hemos pescado, mas en tu Palabra, echaré la red.

 

Hemos leído y el pastor nos ha enseñado que tiremos las redes, que en su Palabra, vamos a cosechar. A mí me gustaría hacer una comparación, ¿qué hacen ustedes para Dios? ¿Será que están caminando más profundo con Dios? ¿Harían sencillamente lo que Él les pidiera cuando Él se los pidiera, aunque estén sumamente cansados? Póngase en el plan de Simón Pedro. Tal vez vienen cansados, en el tráfico y no están para que les digan: “Necesito que me prestes tu carro, tengo que ir a predicar a Puerto Barrios”. Al principio se lo dice: “¿Será que me puedo subir? Sólo para que me puedan ver”. Y ya alejados de la barca, predica y le dice a Simón Pedro: “Vamos mar adentro”, ahí fue donde alegó, protestó. Tal vez ahí le salió la carne. Ha de haber dicho: “¿Cómo quieres que te lleve mar adentro, donde hay marea, donde de verdad es problemático si hemos trabajado toda la noche y encima no hemos pescado nada?”.

 

No sé si usted ha estado en esa posición. Cuando nos dicen: “Pon una célula, invita a la gente, así vamos a cumplir la visión”, y empezamos a alegar. O nos preguntan: “¿Quieres servir? Y respondemos: “¿Cómo voy a venir después de trabajar y estudiar, a servir?”.

 

Principio financiero numero uno: En todas las prédicas se nos ha enseñado que Simón no había pescado nada, y cuando en su Palabra, tira la red, sale cargada. Pero antes que eso, hay que servirle a Dios. Si Simón no hubiera llevado a Jesús en la barca, si no se hubiera ido mar adentro, no hubiera habido pesca milagrosa.

 

Lucas 5:6

Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

Cuando entrenamos a los servidores, les decimos que si tienen que bailarle o cantarle a alguien, lo hagan para agradar a la gente. Algunos lo hacen, pero ya alegaron primero. La bendición se va cuando uno empieza a alegar.

 

Cuando Simón Pedro vio la pesca milagrosa, se dio cuenta que era un pecador, y pensaba cómo le pudo alegar a Jesús cuando le dijo que fueran mar adentro. Pero había que irse a donde estaban los peces. Sé que en lo profundo, los riesgos son más fuertes, los problemas también. Si analizamos la barca, ahí es donde casi se ahogan los discípulos. Ahí en lo profundo era lo complicado. Yo tengo una broma, le digo a mi hija de 6 años: “¿Tú puedes nadar?”. Y ahí está en la orilla agarrada. Yo me voy a lo profundo y la llamó. Pero no va, porque dice que se va a ahogar. ¿No será que a nosotros nos pasa lo mismo? Que decimos que confiamos en el Señor, que nos va a dar un buen trabajo, que nos va a sacar de las deudas, no nos soltamos, no nos vamos a lo profundo, pero ahí es donde realmente está lo bueno, ahí es donde nos podemos probar que confiamos en nuestra capacidad de flote. ¿Será que confiamos en el Señor? Entonces, ¿por qué nos da miedo soltarnos de la orilla? ¿Por qué no colaboramos más? ¿Por qué no nos metemos a dar más tiempo a Él, si Dios a la larga es el que tiene todo el poder para bendecirnos? Lo podemos ver en la Palabra.

 

Mateo 17:24-27

Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.

 

A Simón lo estaba preparando Jesús para un montón de cosas sobrenaturales. ¿Ustedes creen que si Jesús le hubiera dicho a Simón: “Anda a pescar, el primer pez que pesques lo vas abrir, y de ahí saldrá para pagar nuestros impuestos”, él lo hubiera hecho si no hubiera pasado por una prueba antes? Si tú no crees que empezando a servir,  prestando tu casa para una célula, dando tu carro para llevar gente al grupo, Dios te va a bendecir. Cuando yo te diga: “Hay un negocio súper extraño, pero te aseguro que si lo haces, vas a prosperar”. ¿Cómo vas a creer en eso? Y si te metes a investigar en el mercado y te dicen que no funcionará eso. Si no le has creído que Él te bendecirá en lo poco, ¿cómo vas a creer por más? Yo cuando me iba a meter a vender GPS, todos me dijeron que no se venderían. Traje el primer GPS, y no sabía ni usarlo. Me los llevo y se los muestro a la gente, y he vendido cientos de éstos, aunque no los sé usar. Ahora hay un montón de gente diciendo que le ofrecieron esa distribución y no la quisieron. ¡Sorpresa!, era bueno, pero porque lo hice en su Palabra. ¿Cuál es la diferencia en que tú me digas ahorita: “Lo voy hacer en su Palabra”?  Es que antes de llegar a hacer las cosas en su Palabra, me metí a servir al Señor. Y entonces me meto a hacer las cosas basado en la Palabra y viene Dios y lo bendice a uno.

 

¿Cuántos de aquí pudiéramos decir: “Cada vez que me piden algo, yo lo hago, no soy de los que alego”? Tal vez ahí puede estar el principio de sus problemas, en que son unos “Simones” en potencia, y que lo que vemos de usted es el Simón alegador, pero si cambia hoy, podemos ver el Simón arrepentido que cae de rodillas ante Dios, que dice: “No soy digno, soy un pecador, he estado alegando, pero hoy me arrepiento y a partir de hoy, voy a hacer las cosas como tú mandas. Si mañana me mandas a hacer un negocio raro, lo voy hacer. Y seguro ustedes van a empezar a bendecir a más gente.

 

Dé para recibir, dé servicio, dense ustedes para Dios. Hablemos de lo profundo, si no se van a lo profundo, ¿cuándo van a lograr sacar peces grandes? Demos un punto evangelístico: Si no siguen a Dios, si no siembran, no van a poder cosechar. Dice que cuando llega Simón Pedro arrepentido, Jesús le dice que ahora será pescador de hombres. Yo nunca pensé que Jesús me iba a llamar a mí como un servidor cuida carros, que de eso me iba a volver empresario y de eso a ser pescador de hombres. El proceso lo viví en quince años, de empezar como servidor, pasar a empresario y terminar aquí parado predicándoles a ustedes. Para unos es más largo el proceso; para otros, más corto, pero de que funciona, funciona. Empiece a servir a Dios, Él paga muy bien.

 

Otro principio: aprendamos a separar la carne del Espíritu.

 

¿Qué fue lo que hizo a Simón alegar en ese momento? La carne. Eso es lo que nosotros hace que reaccionemos, lo primero que nos sale. El se sentía bien alegando. Creo que como era el jefe de la barca, tenía que pensar en el resto de los pescadores.  El tenía que alegar por el grupo, pero cuando se arrepiente y le pide perdón a Jesús, entró a funcionar el Espíritu. Esta prédica es ideal para que aprendamos a ver qué está mandando nuestra vida. Si la está gobernando la carne o el espíritu. ¿Qué creen ustedes? De repente somos igual a Simón Pedro. Que en la mañana somos espirituales para algunas cosas, pero cuando nos piden algo más, empezamos a alegar y nos volvemos carnales. Mi esposa tiene un dicho muy bonito: “Si ustedes tienen dos perros, uno blanco y uno negro, de la misma raza, que nacieron al mismo tiempo, y los ponen a pelear, ¿quién ganaría? Ella dice que ganaría el que más fuerte esté. ¿Y cómo puede estar más fuerte? Depende de lo que coma. Si ustedes a ese perro blanco no le dan de comer en un par de días, ¿quién ganaría la pelea? El negro y viceversa, el blanco. ¿Ustedes le dan de comer a su espíritu todos los días? ¿Le dan de comer a su carne todos los días? Deje de darle de comer a su carne, y su espíritu va a estar más fuerte. Dele de comer a su carne, y ésta estará más fuerte.

 

Si no vinieron durante estos días de Semana Santa a la iglesia, ¿no se sienten más débiles? Porque en esos días estamos más expuestos a darle de comer a la carne; no hay grupo, no hay células, ya ni leemos la Biblia, y cuando uno siente, en ese momento estamos expuestos más a la carne, y estaríamos más expuestos a alegar, a aceptar algún pecadito, a hacer algo malo que a estar en lo espiritual. Les aseguro que ahí es donde le estamos dando de comer al espíritu, y la carne perdería una batalla. Simón Pedro perdió una batalla cuando empezó a alegar, pero cuando cayó arrodillado, Jesús se dio cuenta de qué clase de persona era. Dijo: “Yo no puedo seguir pensando en la carne, no puedo seguir con esto”.

 

Simón Pedro fue sabio, alegó y se fue a  lo profundo, pero ¿cuántos de ustedes han alegado y no se han ido ni un metro al fondo y se han perdido de la bendición que Dios tiene para ustedes? Pero ahí están orgullosos, dicen: “Yo no me voy a lo profundo”. ¿Cuántos hemos estado así, que alegamos y no hacemos? Y tal vez otros peores, que alegamos, no hacemos y provocamos que otros tampoco vayan. Hay mucha gente que no ha sido bendecida por lo que nosotros les hemos dicho. Podríamos arrepentirnos hoy de nuestras decisiones y de nuestra manera de actuar conforme a la carne y no conforme al espíritu.

 

Un lema muy bonito dice: “Si te ves frente a un espejo, sólo miras lo de encima, pero de adentro no lo ves”. Lo de afuera es nuestra apariencia con los demás, nuestra interior es nuestra reputación con Dios. ¿A quiénes nos gusta complacer más, a los demás o a Dios? A veces tenemos que alegar, porque si no, los otros nos van a decir: “¿Por qué no alegaste? Pero en ocasiones, es mejor quedarse callado y obedecer todo lo que dice la Palabra, porque Dios los va a bendecir. ¿A quiénes les gustaría que la historia de su vida se resumiera en esos cinco versículos? Simón Pedro no terminó ahí.

 

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