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Sabemos que el fundamento del reino de Dios es el amor, porque es el mandamiento más importante[1]. A menudo definimos el amor conforme a nuestra forma de vivir, y lo vemos como un sentimiento, por eso decimos que nos  enamoramos, pero eso no existe en el Reino, ya que se refiere a algo superior y profundo. Ágape es una clase de amor que proviene de Dios, ese que es una decisión, no una emoción, el que debemos imitar.

Dios es amor y el amor es Dios[2]. Si tienes a Dios, tienes amor, por lo tanto, debes compartirlo. Cuando nacemos de nuevo, recibimos una nueva naturaleza y después del impulso inicial, pareciera que poco a poco las tentaciones comienzan a influirnos, pero es el amor lo que nos ayuda a mantenernos en línea con el Señor. El fruto del Espíritu es amor y las demás expresiones de ese amor son paciencia, gozo, paz, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza[3], por lo tanto, el amor tiene fuerza, esa fuerza que viene de Dios y que produce todo lo demás. Propongámonos andar en el poder sobrenatural del amor de Dios para alcanzar nuestro propósito y vencer las tentaciones. Solo ese amor nos permite desarrollar nuestras capacidades.

En estos días, Dios te llevará hasta la cima de tu industria, de tu comunidad, de tu gobierno; a la cima de todo lo que te ha encomendado, porque estableció que debes ser la cabeza y no la cola, debes estar por encima, no por debajo. Conforme te definas como líder de influencia, Él te mostrará, en amor, cómo lograrlo, según Su voluntad. El producto final de todo liderazgo de Dios es llevar a otros a los pies de Cristo. El cristianismo no fue modelado para ser dictado en una cátedra, sino para ser mostrado, para ser acción. Jesús dijo que hacía las obras del Padre, por lo tanto, debemos salir de las cuatro paredes y hacer Su obra. Dios te hará salir adelante, salir a compartir Su amor, pero debes dejarte preparar por Él. No mires tu pasado, porque Él está viendo el futuro que ya planificó para ti. Este será tu mejor año; todo lo que te detenía te soltará, te despojarás de lo que te estaba obstruyendo. Dios te concederá una disposición sobrenatural, la de Cristo, quien es amor y está dentro de ti. Esa disposición sobrenatural es el perdón, porque no hay amor sin perdón, especialmente en la vida de pareja. El Señor relaciona íntimamente el amor con la fe y con el perdón. Todo lo que esperas vendrá cuando tengas fe, ames y perdones. La fe obra por el amor[4]. La mayoría de cosas que Dios tiene preparadas para ti no se han manifestado, porque la fe es la única forma de apropiarnos de Sus promesas. Hay gozo, sanidad y abundancia en Sus promesas, pero la única forma de ser buena tierra para la semilla de la fe es andar en amor. Todo lo que tienes que hacer es amar, creer y recibir.

Es importante saber que guardar los mandamientos está relacionado con el amor[5]. Si alguien dice que ama a Cristo, debe demostrarlo cumpliendo lo que dice y pide.  Dios no te pide hacer algo pesado, que oprime o difícil de lograr[6], por lo tanto, cumplir Sus mandamientos por amor, no será doloroso. Por amor, debes obedecer el mandamiento de someter la tierra a la jurisdicción del reino de Dios. Hay que interceder, orar y actuar en amor por tu vecindario, tu ciudad. Clama porque Dios tome sobrenaturalmente tu región y así sucederá. Él ya tiene amor para tu vida, pero no debes verlo como el mundo lo ve, sino como el Señor lo ve, traducido en cuidado a tus hermanos.

La bendición de Dios enriquece y no añade tristeza[7]. Su bendición está disponible desde siempre. Jesús vino para devolvérnosla, porque Adán la perdió por el pecado. Luego, Dios halló a Abram y le pidió que saliera del sistema al que estaba acostumbrado porque la bendición demanda que el Señor sea nuestra única fuente de vida. Lo bendijo y con él, a todas las familias de la tierra. La bendición no es solo para ti, sino para que puedas darla a más personas. Tienes el poder para convertir todo lugar en ese jardín del Edén, según la bendición que has heredado y recuperado. ¡Recibe y comparte la bendición del amor de Dios!


[1] Mateo 22:35-40 comparte: Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

[2] 1 Juan 4:7-8 enseña: Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

[3] Gálatas 5:19-25 enseña: Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

[4] Gálatas 5:6 dice: porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.

[5] Juan 14: 21 dice: El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

[6] 1 Juan 5:3 asegura: Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.

[7] Proverbios 10:22 revela: La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

 

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