andiedad-post

¿Qué nos separará del amor de Dios? ¿Un despido, un divorcio, la rebeldía de algún hijo, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro? En todas estas situaciones saldrás más que vencedor, porque estamos convencidos de que ni la vida, ni la muerte, ni lo presente, ni el futuro, lo alto, lo profundo, nada nos separará del amor del Señor[1], porque Él nos ama por siempre y sin medida. A veces, pensamos que Su amor es incierto frente a nuestros errores, pero Él es dueño del tiempo y ya nos ha perdonado incluso en el futuro, porque la salvación que nos ha dado es un estado que recibimos por gracia; no la merecemos, pero nos la ha dado y no debemos abusar.

Entonces, al recibir ese amor incondicional y total, debemos sentirnos seguros y confiados, incluso en medio de las situaciones complicadas, porque Él nos cuida siempre. Así que seamos humildes y en todo momento, refugiémonos bajo la poderosa mano de Dios. Los seres humanos tenemos pensamientos, emociones y voluntad. Las tres áreas se relacionan y determinan nuestra conducta, por lo que debemos aprender a manejarlas, especialmente durante los tiempos difíciles. Si lo logramos, Dios nos levantará cuando sea el momento justo[2]. Mientras eso sucede, debemos dejar de ver la emoción y ver hacia arriba, hacia Su mano que nos protege, porque en medio de la tormenta, lo que importa es el techo que nos cobija. No te enfoques en el miedo, el enojo o la emoción que sientas, enfócate en que el Señor está contigo y a Su tiempo, te levantará.

Además, cuidémonos de no desviarnos, porque también es posible tener un sentimiento agradable, pero alejado de la mano de Dios. Puedes sentir alegría y satisfacción en una relación ilícita, pero tarde o temprano se convertirá en llanto porque estás actuando alejado del Señor. Así que es mejor un sentimiento de angustia que seguramente se superará, pero bajo la mano de Dios. Por supuesto que durante ese tiempo de crisis, se siente ansiedad, inquietud, desesperación y extrema inseguridad, lo que es horrible, porque las personas necesitamos sentir seguridad. ¿No te sucede que hay una persona con quien te sientes seguro? Si estamos enfermos, sentimos alivio cuando el médico nos dice qué hacer. En mi caso, mi esposa es quien me provee mucha paz. Cuando viajo sin ella, me cuesta dormir porque estoy acostumbrado a abrazarla para descansar a su lado. Dios me da paz a través de ella. Sin embargo, encuentro la seguridad plena en la Palabra de Dios. Cuando nuestra relación con el Señor es fuerte, no necesitamos que un profeta nos hable, ya que al leer Su Palabra encontramos el consejo exacto para nuestra situación. Aprendamos a manejar la ansiedad leyendo las Escrituras, porque ese sentimiento de inseguridad es peligroso, ya que podría llevarnos a tomar decisiones equivocadas.

Que nuestras emociones no nos dominen. Ni la frustración, el enojo o la tristeza. La Biblia dice que le falta entendimiento a quien se enoja. Porque alguien que no domina sus estados de ánimo es débil. Estás mal de la cabeza si te enojas rápido; más aún si eres impaciente porque te dejas llevar por la necedad[3]. Aquel que no tiene paciencia, se deja convencer por el consejo del necio. Al contrario, cuando tenemos un espíritu apacible, afable, escuchamos el consejo del sabio. Nuestra condición espiritual y emoción muchas veces determina el consejo que escucharemos. La ansiedad produce aflicción, por lo tanto, debemos controlarla.

Muchas cosas en la vida pueden doblegar tu alma y hacerte sentir derrotado. Por eso debemos buscar la presencia de Dios para que nos brinde paz. La solución para un alma abatida es la Palabra de Dios[4]. Cuando sentimos que nos hemos convertido en polvo de tanto dolor, la medicina siempre será Su Palabra. Al unir tu alma con la Palabra, las emociones comienzan a normalizarse y recobras la vida, la esperanza y la paz. Si una emoción dañina te cautiva, tu mente pierde claridad. Entonces, para resolver el problema, lo primero es resolver la emoción, ya que en abatimiento, la mente no encuentra las ideas para salir de la crisis. Tu espíritu angustiado, ansioso, exaltará la necedad. Un alma llena de Palabra difícilmente se abate hasta el polvo; y un alma abatida hasta el polvo solo puede encontrar vida a través de la Palabra, por lo tanto, si eres ministrado por la Palabra, tienes paz que sobrepasa todo entendimiento y empiezas a captar las ideas de Dios: todo lo bueno, honesto, puro, de buen nombre.

La paz que sobrepasa todo entendimiento se refiere a estar calmado y enfocado incluso en medio de una situación que produce angustia. Si no tienes trabajo y estás calmado, no significa que eres irresponsable, sino que estás buscando mantener tus emociones bajo control para encontrar soluciones. Si intentas buscar empleo con cara de angustiado, no lo encontrarás, porque nadie contrata personas afligidas. Si buscas al Señor, pides Su intervención y te humillas delante de Su presencia, Su poderosa mano te guiará y te dará buenas ideas. ¡Dios quiere escucharte confesar Sus promesas! Quiere que confíes en Él, que le entregues todo, que eches sobre Él toda carga. ¡La angustia es como un bicho de los que se ven en las películas que se mete debajo de tu piel y comienza a subir por tu cuerpo! Pero al sentirlo, yo he dicho: “¿A dónde vas? ¡Fuera de aquí!” Toma tu victoria, pídele al Señor que Su Palabra te vivifique, te llene de energía y de creatividad.

La angustia puede destruir el alma, pero debemos meditar en la Palabra de Dios, es decir, imaginarla hecha realidad. Llenémonos de Su Palabra, meditemos en Sus maravillas y recibiremos sustento. Sabemos que es posible meditar en el bien y en mal. Frente a una noticia de enfermedad, puedes meditar en la promesa de que por Su herida fuiste sanado e imaginar todo lo que harás cuando estés sano, o meditar en la enfermedad, imaginar cómo será tu entierro, cómo quedarán tus hijos, cómo todo se volverá un desastre. Tú decides en qué Palabra meditar, es decir, qué imaginar y pensar. Dios te da la Escritura y la imaginación para usarlas y afirmar que el futuro será glorioso y bueno. Somos sustentados con la Palabra; meditarla, imaginarla cumplida y vivirla es la única forma de sanar el alma y avanzar con fe hacia el futuro.

Dios nos escucha, no debemos dudarlo, pero debemos esperar pacientemente, porque ya hemos visto que la ansiedad no es buena consejera. El Señor nos sacará del fondo del pozo y nos llevará a lo alto de la montaña, enderezará nuestros pasos si le confiamos nuestro camino. Y cuando eso suceda, daremos testimonio para que otros crean[5]. Cuando sales de una crisis, el peor error es conformarte con eso, porque si te quedas en la llanura, te quedas a la altura de la boca del pozo, donde podrías volver a caer. Al salir del pozo, avanza hacia la montaña. No seas conformista, si saliste de la deuda, lucha por ir más allá, por ahorrar e invertir.

Mantengámonos creyendo, seamos fuertes para resistir frente a la duda que desea debilitarnos. Confiemos en que Dios nos cuida y que Su propósito de bien se cumplirá. El diablo quiere traer ansiedad sobre nuestra vida, quiere que caigamos en el pozo de la desesperación para alejarnos del Señor. Llenemos nuestro corazón de esperanza, porque la Palabra dice que el padecimiento durará poco, para que luego, Dios nos perfeccione, afirme, fortalezca y establezca[6]. Clamemos, alabemos y demos al Señor la gloria, incluso en tiempos de aflicción. Esa es la única forma de superarla y disponernos a escucharlo[7]. La angustia no desaparece sola, es como subir y bajar de peso, hay que hacer algo para lograrlo. En medio de la crisis, cuando sentimos que lloramos de día y de noche, clamemos, honremos al Señor, alabemos Su nombre y nuestra alma será fortalecida. Hoy reprendemos el espíritu de angustia y declaramos que viene manto de gozo sobre tu vida. ¡Dios es bueno y grande es Su misericordia para Sus hijos!


[1] Romanos 8:35-39: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

[2] 1 Pedro 5:6-7: Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

[3] Proverbios 14:29: El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.

[4] Salmo 129:25: Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra. Te he manifestado mis caminos, y me has respondido; enséñame tus estatutos. Hazme entender el camino de tus mandamientos, para que medite en tus maravillas. Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra.

[5] Salmo 40:1-3: Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová.

[6] 1 Pedro 5:8-10: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;  al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

[7] Salmo 42: 1-5: Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.

Comentarios

comentarios

Revista Intercesores
Compra Ensancha 16
Anuncio 1