Las excusas son terribles, ya que nos llevan a negar y justificar nuestra conducta negligente. ¿Cuántas excusas tenemos para compartir la Palabra, para servir al Señor, para terminar lo que un día iniciaste? A veces, incluso disfrazamos nuestras excusas como razones espirituales, pero si Dios te ha enviado a hacer algo, no habrá razón válida, solo el deseo de obedecerle. Para eso no habrá tropiezo.

La primera excusa que debemos hacer a un lado es quiénes somos y de dónde venimos. Excusarse no es de alguien que ha crecido espiritualmente. Gedeón es un claro ejemplo de alguien que buscó excusas en su condición de pobreza y en su posición como menor de la familia. Claro que estaba en una situación de desventaja, pero Dios le dio confianza, porque si lo estaba escogiendo era porque sabía que era capaz y lo respaldaría, por sobre sus circunstancias.  Es como si le hubiera dicho: “Yo sé quién eres, Yo te hice. Ahora te digo que estaré contigo y derrotarás a los madianitas”.

Entonces, cuando Gedeón creyó, su actitud cambió. Sus circunstancias continuaban igual. No fue que instantáneamente se convirtiera en una persona adinerada o que ya no fuera el menor de su familia. Su confianza creció, y siendo el mismo por fuera, con un impulso poderoso por dentro, le pidió a Dios que lo esperara mientras iba a traer una ofrenda, porque así era como se preparaban para la batalla1. La acción de ofrendar no se fundamentó en la excusa de su pobreza, sino en la confianza de su potencial. No pongas tu pobreza como excusa para no hacer las cosas. Enséñale a tus hijos que no hay excusas cuando deseamos lograr algo. Podemos decirles: “Ahora no hay, pero habrá, no sé cómo, pero lo lograremos. Si Dios levantó a Gedeón me levantará a mí”. No importa de dónde vienes, jamás te dejes dominar por las excusas que te acomodan, porque a Dios lo incomodan.

Cuando el Señor envió a Moisés a liberar al pueblo, la respuesta que recibió fue una queja. Imagina qué forma de comenzar la conversación con el Rey del universo, ¡con un lamento! Claro que Dios sabía sus limitaciones. ¡¿Por qué pondremos por excusas nuestras limitaciones, si Él nos hizo y las conoce?! Si te dice que puedes, es porque así es, tú solo ves tu limitación, pero tu Padre sabe lo que eres capaz de hacer. En el caso de Moisés, si lo llamó a libertador es porque sabía que tenía deficiencias que debía superar, y que lo haría para salir adelante con un nación entera2. Si eres de los que se excusa en sus limitaciones, te invito a que veas todas las historias sobre deportistas minusválidos. Personalmente me impacta un joven ciego que escala junto a su padre, quien le da instrucciones. Cuando algo te ilusiona, vences las excusas. ¡No te detengas!

Tus excusas enojan a Dios, tal como sucedió con Moisés. ¿Cómo te bendecirá si te quejas en todo momento? Él puede levantarte de un fracaso, pero de una excusa…difícilmente. Es como lo que sucede con los amigos que frente a tus justificaciones te dicen: “Sí, tienes razón, ¡qué barbaridad!”, pero luego dicen: “Este solo cuentos es”. Una excusa no levanta admiración, solo lástima. En el caso de Moisés, el plan original de Dios era que Aarón lo ayudara. Su plan se activa si dejas las excusas y lo obedeces3.

Por ejemplo, yo no sabía leer en voz alta. Me aterraba rendir un examen oral, porque era muy difícil para mí hablar en público. Entonces, ¿cómo es que predico? Pues simplemente dejé que Él tomara el control, y lo hago a pesar del miedo, no porque se me haya quitado, sino porque el amor de Dios, ver a Sus hijos acercarse, sustituyó ese miedo y lo convirtió en coraje para superarlo. En el colegio se burlaban tanto de mí que quedé traumado. Dios tuvo que tratar con eso. ¿Qué haría hoy si me dejo llevar por esa excusa? No tendríamos esta congregación que acerca a miles al Señor. ¡Hay tanto que puedes hacer si dejas tus excusas!

Cuando Adán y Eva desobedecieron, Dios les preguntó quién les había enseñado que estaban desnudos4. Esa pregunta es interesante, porque es como si les preguntara: “¿Quién te enseñó, si se supone que solo de Mí debes aprender. De quién aprendes?”  Si estás lleno de excusas, no estás escuchando a Dios sino al enemigo. Ambos quieren enseñarte, sembrar algo en ti, pero tú decides a quién escuchas, si recibes las palabras de duda o eres tierra fértil para las palabras de fe.

Así que Dios los sacó del huerto luego de sus excusas. ¿Qué hubiera pasado si Adán le dice: “Perdóname, no debí escuchar”? ¿O si Eva le dice: “Perdóname, caí en la trampa”? Tal vez Dios les da otra oportunidad, pero no lo hicieron. Muchas veces actuamos igual y nos justificamos con el comportamiento de otros. No te equivoques, si pecas, deja las justificaciones, es mejor pedir perdón y la obra restauradora será hecha.

Cuando tienes excusas suceden cosas extrañas. La primera es que te las crees, todo el comportamiento y desarrollo se basa en eso y no avanzas. A Moisés lo limitó la excusa, no su dificultad del habla. A Gedeón también, y lo mismo con Adán y Eva, no los arruinó el pecado, sino las excusas que pusieron5. Examina la Biblia, toda excusa no superada se convirtió en maldición.

La Palabra nos abre el entendimiento. ¿Sabes qué sucederá al dejar las excusas? Nuestra positiva forma de pensar nos guiará hacia el éxito. Menciona las excusas, dilas para que salgan de tu boca y no vuelvan. Dile al Señor: “Perdóname, hoy me libero de mis excusas, me convierto en otra persona, no importa qué tengo o qué no tengo, dejo todo atrás y me encamino a hacer Tu voluntad, no pondré una sola excusa más”. Todo lo bello sucederá cuando dejes tus excusas.

 

Versículos de Referencia:

1. Jueces 6: 15-18 relata: Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.

2. Éxodo 4:10-13 comparte: Entonces dijo Moisés a Jehová: !!Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: !!Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.

3. Éxodo 4: 14-17 cuenta: Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios. Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.

4. Génesis 3:9-13 relata: Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

5.Juan 15:22 enseña: Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.

 

 

 

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