Sabemos que al morir, es nuestro cuerpo el que enterramos, porque nuestra alma continúa existiendo, y si hemos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador, disfrutamos de una nueva vida plena y feliz en el cielo. También sabemos que quienes hemos creído en el Señor resucitaremos con un cuerpo glorificado. Esa es nuestra esperanza. La lógica nos dice otra cosa, pero simplemente debemos confiar en la soberanía de Dios, estar dispuestos a creer y someternos a Su voluntad, la cual está por sobre todas las cosas.

Someternos a la voluntad de Dios es incuestionable, pero a veces, cuando enfrentamos tiempos de dificultad, realmente no es tan fácil lograrlo. A cualquier puede sacudirlo la tormenta, porque la Palabra dice que tiempo y ocasión acontecen a todos[1]. Por lo tanto, incluso si vas a la iglesia y eres fiel a Dios, es probable que debas enfrentar y superar dificultades; la diferencia con otras personas es que tú confías en la soberanía de Dios, sabes que nada pasa fuera de Sus manos, por lo tanto, estás bajo Su cuidado y protección.

Mi confianza no es solo que Dios me va a sacar a adelante, sino que Él me llevará  a una vida mejor, luego de las adversidades que debemos enfrentar en el mundo.  Por ejemplo, creyentes y no creyentes sufrimos enfermedad; pero quien no vive con Dios enfrentará debilidad, angustia, aflicción, temor e inconformidad, mientras quien vive con Dios encontrará esperanza, fortaleza, confianza, paz, paciencia, seguridad y fe para luchar en contra de la enfermedad. Claro que también hay miedo, pero puede ser superado por las convicciones que Él ha sembrado en nosotros y que son como músculos que rodean a los huesos de la fe que nos sostiene en medio de cualquier situación. Entonces, aunque padezcas alguna enfermedad, estás convencido de que es posible vencerla, que tienes autoridad pues perteneces a un Reino donde es posible ser sano con decirlo en el nombre de Jesús, y donde la pobreza es una maldición porque Jesús ya pagó por nuestra abundancia. Una persona con fe está convencida de que sus días no pueden concluir con enfermedad porque su vida no esta en función de lo natural sino de lo sobrenatural que Dios puede obrar.

Una convicción, de acuerdo al diccionario, es seguridad, idea fuertemente arraigada; por lo que podemos decir que nuestras convicciones son nuestras creencias más profundas, aquellas que nos mantienen de pie en todo momento. El Diablo está trabajando para que tus convicciones se debiliten y te apartes de Dios, tal como lo intentó con Job, porque desea perdernos[2].  Y lo logra cuando nuestra fe y relación con el Señor depende de lo que Él nos da, no de cuánto lo amamos y deseamos Su presencia. Un Padre desea que sus hijos lo amen por lo que él es, por lo que ha hecho por ellos, no porque puede proveerles, ya que podría llegar un momento cuando no pueda darle a sus hijos lo que quisiera, sin embargo, ellos lo amarían igual o mucho más y lo apoyarían, ese es amor de verdad. De la misma forma, Dios espera que nuestra relación con Él no esté fundamentada en lo que puede darnos; quiere descubrir en nuestro corazón si de verdad lo amamos incondicionalmente. ¿En quién te conviertes cuando las cosas no van bien? ¿Cómo reaccionas cuando lo que pides no es respondido o no te es dado? ¿Eres como Job, quien no se reveló en contra de Dios?[3]

Dios es soberano, y en la adversidad sigue siendo Todopoderoso, por eso, estamos convencidos de que al vivir junto a Él cualquier situación nos ayudará a bien, conforme a Sus propósitos[4]. Nuestro Señor no castiga provocando lo malo, pero sí quiere ver si lo buscamos por amor o por interés. Es por esa razón que la Palabra nos enseña que busquemos primero el reino de Dios y lo demás será añadido. Por supuesto que no es fácil. Muchas personas y situaciones intentarán debilitar nuestra convicción, tal como le sucedió a Job, a quien hasta su esposa motivó para que renegara de su fe[5]. Estas personas solo nos hacen más fuertes en nuestro convencimiento de que somos hijos de Dios y que siempre encontraremos la forma de que el diablo quede avergonzado.

Frente a las dificultades es que realmente se conoce a un hombre por sus convicciones, por lo que sostiene su vida y le da seguridad, esa certeza que forma su carácter y le permite ver las promesas de Dios hechas realidad en su vida. Si reconoces que Él continúa siendo Dios en las buenas y en las malas, como José lo hizo en la cárcel, como Job lo hizo en medio de tanta tragedia, te aseguro que serás engrandecido por guardar tus convicciones y mantenerte firme. Dios te bendecirá y te prosperará. No te apartes de tu fe, lucha, siga creyendo, no permitas que nada te separe del Señor. Alimenta tus convicciones buscando al Señor sin descanso porque así fortalecerás tu fe. Seguramente el mundo te retará, pero esos retos son de ayuda porque nos permiten fortalecernos y ser firmes en el amor al Señor. Acepta a Jesús en tu corazón y Él te llenará de esperanza, porque ya no estarás solo en tus fuerzas, sino que tendrás las de Dios para superar toda dificultad y ¡vencerás!

Versículos de Referencia:

[1] Eclesiastés 9:11 dice: Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.

[2] Job 1:8-11 comparte: Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.

[3] Job 1:20-22 recuerda: Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

[4] Romanos 8:28 asegura: Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

[5] Job 2:9-10 relata: Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.

 

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