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Las decisiones son inevitables, las tomamos muchas veces al día, así que no son novedad, la cuestión es decidir algo, incluso cuando sentimos miedo por el resultado. En momentos así es cuando debemos vivir por fe y enfrentar las situaciones con valentía. Lo bueno es que tenemos a Dios de nuestro lado para que nos aconseje. Así que escuchemos solo Sus consejos, de nadie más. Y ¿cómo podemos escucharlo? Pues leyendo Su Palabra de día y de noche, meditándola, apropiándonos de Su sabiduría. Solo de esa forma, dice la Biblia, que seremos como árbol que da fruto y todo lo que hagamos prosperará[1]. Justo por eso, me empeño en enseñar sobre fe, porque creer en las promesas de Dios es la única garantía para ser próspero, y no me refiero solamente al área financiera, porque en hebreo, la palabra prosperidad significa avanzar, progresar, triunfar, tener éxito. Por ejemplo, dice la Palabra que José fue próspero en todo lo que hacía, incluso siendo esclavo de Potifar, por lo tanto, no se refiere a que acumulaba riqueza sino a que tenía éxito en lo que emprendía. Él provocaba la bendición de Dios, así que una característica de ser próspero es provocar la bendición de Dios para otros. Tú puedes ser un deportista próspero y ganar torneos que no necesariamente implican un premio económico. Un joven puede ser estudiante próspero porque es exitoso en sus estudios, no porque gane dinero, porque la prosperidad tiene que ver con avanzar, triunfar y sobreponerse a situaciones. Si te va bien en el trabajo eres próspero, y como consecuencia, puede venir un beneficio económico, pero ya eres exitoso si tu trabajo da fruto.

La Biblia es clara en decir que lo mejor que podemos hacer es meditar en la Palabra de Dios, y meditar significa estudiar, hablar, conversar e imaginar. Entonces, al meditar no nos referimos a cerrar los ojos y repetir un mantra, sino que hablamos de estudiar, analizar, conversar, incluso hacer un murmullo, imaginar y reflexionar. Meditar en la Palabra no es solo aprenderla, porque eso puede hacerlo un lorito que no tiene la capacidad de reflexionar lo que dice. No seas como lorito que solo repite las enseñanzas de Dios, imagínalas, dales vida en tu mente para que te impulsen al éxito. Cuando meditas en la valentía de David, debes imaginarlo y verte venciendo a tus gigantes. Imagínate con éxito en ese proyecto que te gusta, aunque te da miedo. Háblalo, escríbelo, vívelo. Visualizar es poderoso. El problema es que fuimos educados para ser tierra buena para lo negativo. No seas buena tierra para la semilla del rencor y la inseguridad, sino para la semilla del perdón y el amor, aunque otros te llamen tonto por pensar y hacer solo lo bueno y agradable. La Palabra de Dios es buena semilla, pero tú debes ser buena tierra para que dé fruto. Sé mala tierra solo para las malas semillas. Si te insultan y te llenas de enojo, estás siendo buena tierra para el rencor y la ira, entonces, eso cosecharás de los demás. Pero cuando eres buena tierra para buenas cosas, te gozas con el éxito de los demás y tu cosecha será buena para ti. Y ¿de qué forma podemos rectificar si hemos sido buena tierra para la semilla equivocada? Meditando en la Palabra del Señor.  Cuando sientas que te estás desviando del camino, ve a meditar en Su Palabra y dile: “Tú dices que el fruto de Tu Espíritu Santo es amor, paz, gozo, paciencia, benignidad, por favor ayúdame a erradicar la semilla negativa”. Verás que todo cambiará. Deja que la Palabra crezca en tu corazón. Delante de tu Señor, incluso puedes gritar si lo necesitas. Yo lo hago. Muchas veces, mi esposa me pregunta qué estoy diciendo porque me mira hablando solo, pero estoy reflexionando en voz alta sobre los consejos de mi Padre celestial.

Incluso, la Escritura nos aconseja que meditemos en la quietud de nuestra habitación, en nuestra cama[2]. Allí imaginemos todo lo que la Palabra puede hacer en nosotros. Durante la mañana, antes de levantarte, es un buen momento, en ese estado de duermevela, cuando estás medio dormido y medio despierto. Levántate meditando en Su Palabra, dando gracias, asegurando que inicias un día de bendiciones, de gracia y gozo porque el bien y la misericordia de Dios te acompañarán. Levántate pidiendo nuevas ideas y aliados al Señor. Si meditas en la Palabra, prosperas, es decir que si no la meditas, no prosperas, así de sencillo. Digamos juntos: “Solo Tú, Señor, me hacer vivir confiado[3]. No eres Tú y mis ingresos, no Tú y el médico, no Tú y el gobierno, solo Tú me das reposo y confianza”. Gózate con esa afirmación, visualízala y te aseguro que enfrentarás mejor todo. Solo con afirmarlo, tu actitud cambia y sientes paz. Llénate de Palabra en todo momento, cuando nos rodeamos de buen mensaje como que nuestro “chip” cambia y atraemos la bendición.

¡Dios promete darnos provisión incluso mientras dormimos[4]! Así que no te afanes, vive en paz porque mientras descansas, Dios está arreglando todo a tu favor. Por más tarde que me vaya a dormir, sé que mi Padre nunca se ha dormido antes que yo, Él siempre vela y nos bendice.

El profeta Habacuc decía que aun en medio de la escasez, él se gozaría porque su felicidad no dependía de lo que tuviera, sino que dependía de Dios. Él no aseguraba que no tenía, sino que aseguraba que sería feliz aunque no tuviera, por lo que sabemos que nada le faltaba[5]. Un hombre de fe es quien sabe que nunca le faltará nada, y aunque le falte todo, no se afana porque está convencido de que su provisión no viene del mundo, su abundancia no viene de los recursos que tenga, ya que Dios es su proveedor. Es como decir: “Aunque todo falte, no falta nada”. Aunque no tengamos comida, no tendremos hambre porque Dios está con nosotros, y Él es buen proveedor. Por lo tanto, también podemos decir: “Aunque sé que estoy bendecido, sé que falta más”. Habacuc dice que Dios hace sus pies como de cierva. Imagina qué extraño, es difícil visualizar a una persona con pies así, por eso el mundo no cree, porque nosotros tenemos fe en maravillas, no funcionamos según el sistema de este mundo sino que según el sistema del reino de Dios que se activa por fe. No le pongas atención a los recursos del mundo, sino a los de Dios.

Gedeón, por ejemplo, vemos que sabía las Escrituras, las meditaba y las cuestionaba, por eso preguntó dónde estaban las maravillas de Dios en ese momento, cuando los madianitas los afligían[6]. La fuerza de Gedeón era la meditación y el análisis que lo movía a pensar: “Esta aflicción no es de Dios; Él me ha prometido maravillas y yo le creo”. Ese es el espíritu de Gedeón, su fuerza era saber que Dios había hecho y podía hacer proezas. El Señor encontró un hombre que, escondido, meditaba en Su poder para bendecirlos.

Cuando David huyó de Saúl, no por miedo, sino por respeto, se fue a meter a la cueva de Adulam, donde se escondían endeudados, amargados y perseguidos, ¡vaya grupito! Ellos tenían miedo, eran rechazado, pero de ahí, David sacó treinta y siete valientes, hombres que aprendieron a pelear hasta que la espada se fundió en su mano. Esa fue la gente que David formó; así lo haremos ahora, formaremos gente valiente, dispuesta a luchar por su cosecha y bendición. Creo que David les enseñó a pelear aun con miedo, imagino que les decía: “¿Qué tienes que perder? Salgamos, arriesguémonos porque tenemos todo por ganar, ya que no poseemos nada”. ¿Qué te atemoriza? ¿Esa deuda? Si quieres pagarla, debes salir a luchar, a trabajar por tener con qué pagarla, escondido no ganas nada. Lo que hoy te asusta, mañana será un simple desafío que enfrentarás con más confianza. Ya

En esa cueva se formaron hombres que hicieron historia bíblica, cuyos nombres aparecen en las Escrituras. Tu nombre figurará donde menos piensas, donde nunca creíste. En esa cueva, tu ánimo cambiará, saldrás motivado a despegar y alcanzar nuevas alturas. Tus problemas son la plataforma de donde Dios te lanzará. Persevera aunque otros se burlen. Para cada mentira del diablo hay una verdad bíblica que la anula. No evites tomar decisiones por miedo, toma decisiones porque se necesita valentía para tener éxito. Busca las alturas, no te quedes en el valle de la duda.

Esfuérzate por eliminar los pensamientos negativos, porque se hace realidad aquello que meditamos y visualizamos. Así que visualiza solo lo bueno, la bendición que alcanzarás. ¡Deja de escuchar lo que no debes! Que las semillas sean solo de bien. No saldremos adelante por lo que sabemos, sino por lo que creemos del Señor. Solo debes empuñar la espada espiritual y salir a pelear esa batalla. Deja los métodos y truquitos de este mundo porque ya viste que no funcionan, solo te metieron en el pozo de la desesperación. ¡Cálmate, no pasará nada malo, porque Dios solo te ha prometido bendición! Cuando a tu mente llegue algo malo, reprende al diablo mentiroso: “Mis oídos no te prestan atención, lo que pasará es bueno. Soy bendecido abundantemente”.

La única razón por la que Jesús no convirtió las piedras en pan fue porque el diablo se lo pedía, y no lo convertiría en Su señor obedeciendo sus órdenes. No emprendas proyectos bajo las órdenes de la envidia, de la competencia y la arrogancia, porque significa obrar bajo las órdenes de Satanás. La sabiduría de Dios nos mueve a ser amables, humildes y generosos. Esa es la voz que debes aprender a escuchar, y si tienes oídos es porque puedes escuchar. No veas tus defectos, enfócate en la virtud del Señor que es mayor y vive en ti.

David era un adorador y no por serlo, dejó de ser guerrero. Todo adorador debe ser guerrero y todo guerrero deben entender que su batalla la gana en adoración, cuando exalta a Dios por encima de sus problemas. Siempre piensa de qué tamaño es nuestro Dios, no de qué tamaño es tu problema. Cuando medites de esta forma, verás que cualquier problema es más pequeño y tu actitud se renovará, te prepararás para luchar seguro de tu victoria. Levanta tus manos al Señor: “Gracias por Tu Palabra, por enseñarme a meditar. En paz me acostaré, así dormiré, porque solo Tú, solo Tú, nadie más, nada más, me hace vivir confiado. Me bendecirás aun dormido; hay puertas que se abren para mí, para mi familia y mi negocio. No temeré mal alguno, Tu vara y Tu callado me guían, me infunden aliento; no importa dónde vaya, porque yo habito a Tu sombra y abrigo. Ningún mal tocará mi puerta ni entrará en mi hogar, lo detengo en el nombre de Jesús. Sea peste, enfermedad, quiebra, ansiedad o contienda, sale de mi casa porque solo Tú vives con nosotros. Soy exitoso, triunfador gracias a ti, eso creo. Amén”.


[1] Salmo 1:1-3: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

[2] Salmo 4:4: Temblad, y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad.

[3] Salmo 4:7-8: Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.

[4] Salmo 127:2 (PDT): Pierden el tiempo ustedes, que se levantan temprano y se acuestan tarde para comer un pan conseguido con sufrimiento porque Dios da a quien ama, aun mientras duerme.

[5] Habacuc 3:17-19: Aunque la higuera no dé fruto ni la viña produzca uvas; aunque la cosecha del olivo se dañe, y los campos no produzcan alimento; aunque no haya ovejas en el corral, ni vacas en el establo; así y todo, yo me alegraré en el SEÑOR, el Dios que me salva. El Señor DIOS me fortalece, afirma mis pies como los de un venado para que yo camine en las alturas.

[6] Jueces 6:13: Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.

 

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