El poder del oír y del hablar

CONÓCENOS

 

El Reino de Dios tiene leyes que funcionan si actuamos de acuerdo a ellas. Y para hacerlo, debemos tener fe. Cuando Pablo le habló a los gálatas, les dijo que habían comenzado bien su camino en el Señor, pero luego se desviaron. Les recordó que padecieron mucho y que ese sufrimiento no debía ser en vano, porque verían maravillas, pero al obrar según la ley y escuchar con fe1. Así que el consejo es ser constantes en nuestra fe, creer con todo el corazón siempre. Fortalécete día a día para iniciar la batalla y terminarla creyendo en el Señor. No retrocedas, no termines peleando con tus fuerzas. ¡Termina lo que empezaste por fe para gloria de Dios!

Para vivir con esa constancia en el Señor, debes aprender de Su Palabra viva y eficaz que siempre logra su objetivo con exactitud y excelencia. Y uno de sus objetivos es penetrar en tu alma, discernir tus pensamientos e intenciones para ayudarte a tomar buenas decisiones2. Si quieres salir adelante, haz todo conforme a la Palabra del Señor.

Sin embargo, Dios nos enseña que el afán y el engaño de las riquezas pueden ahogar Su Palabra y evitar que fructifique en nosotros3, por lo que si deseas crecer por Su enseñanza, debes garantizar que no se ahogue, sino que logre ser eficaz. Así que lo primero a tomar en cuenta es aprender acerca del manejo de los afanes de la vida y de las riquezas que podrían ahogar la voz de Dios.

Concentrado en las cosas del mundo es imposible escuchar al Señor, crecer en el espíritu y atender los asuntos del Reino, por lo que debemos tener fe para lograr que la Palabra de Dios sea más poderosa que el afán del mundo. Si quiero crecer espiritualmente necesito estar convencido de que no debo temer por mi futuro porque el Señor cuida de nosotros. Entonces el afán desaparece y la Palabra puede dar fruto en nuestra vida. Tener fe en la provisión de nuestro Padre es como limpiar de maleza nuestra tierra y prepararla para sembrar la semilla de Su Palabra. Es decir que si no aprendemos acerca de prosperar como Dios nos enseña, siempre correremos el peligro de ahogar el resto de Sus enseñanzas y limitaremos nuestro crecimiento espiritual. Por lo tanto, el dominio de este tema es básico para crecer en el Señor.

Jesús, la Palabra encarnada, el Verbo hecho carne se interesó en enseñarnos a superar el afán al decirnos que no debíamos preocuparnos por lo que habríamos de vestir o comer, porque nuestro Padre tiene cuidado de nosotros. Por eso, también enseñó que no podíamos servir al Señor y a las riquezas y que si buscábamos primeramente el Reino de Dios y Su justicia, todo lo demás sería añadido. De esta forma buscaba limpiar el terreno para poder sembrar la Palabra de vida eterna que nos haría crecer espiritualmente, puestos los ojos en lo importante: la vida de amor y entrega al servicio a Dios y al prójimo.

Muchas veces hemos recitado el Salmo 23 y decimos que Jehová es nuestro pastor y que nada nos faltará; en lugares de delicados pastos nos hará descansar y  junto a aguas de reposo nos pastoreará y confortará nuestra alma. Al decirlo, estamos creyendo que el Señor es nuestro proveedor porque podrá pastorearnos y enseñarnos si estamos atentos a Su voz, libres de la preocupación del mundo.

El verdadero beneficio de creer en Su provisión es que a partir de ese momento, Dios puede sembrar Su Palabra en tu corazón y obrar en tu vida. El engaño de la riqueza podría decirte que no debes dedicarle tiempo al Señor ya que tienes mucho trabajo, pero tú le dedicarás el tiempo suficiente y te regocijarás delante de Su presencia porque estás seguro de que nada te faltará, ya que descansas en la fe en Su provisión.

Para que la Palabra de Dios se haga realidad en tu vida, no solamente debes escucharla sino también confirmar tu fe al proclamarla. Debemos hablar de acuerdo a lo que creemos, no a lo que sentimos, especialmente al estar afligidos, en el momento cuando nuestra fe es probada, ya que sabemos que los beneficios del Señor son ciertos aunque todavía no los vemos4.

Entonces, Cuando estás en dificultad, es válido buscar consuelo, más aún si es al escuchar la Palabra de Dios, pero además, debes afirmarla con tus palabras y poner en práctica el consejo que te ofrece. Debemos dar testimonio en medio de la dificultad, no cuando ya la superamos. Fe es afirmar que tenemos salud y abundancia, incluso cuando estamos enfermos y en problemas económicos, porque estamos convencidos de que las promesas del Señor se harán realidad en nuestra vida.

Si tenemos fe en Su amor y generosidad, no habrá afán que ahogue Su Palabra y estaremos listos para que nos hable más. Era imposible que Jesús viniera a la tierra y no pensara en quienes se desvelan por aflicciones económicas. Al contrario, Él nos enseñó a creer y proclamar: “Papá es el dueño de todo y no me abandonará jamás”. Así que dile con confianza: “Señor, hago a un lado el afán de este siglo, no dejaré que la riqueza me engañe, eres mi Pastor y nada me faltará, siembra en mí toda Tu buena Palabra porque daré fruto en abundancia”.

Versículos de referencia

1 Gálatas 3:3-5 dice: ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

2 Hebreos 4:12 asegura: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

3 Mateo 13:22 enseña: El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

4 Salmo 116:10-14 comparte: Creí; por tanto hablé, estando afligido en gran manera. Y dije en mi apresuramiento: todo hombre es mentiroso. ¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo su pueblo.

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