El futuro está en tus palabras

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Nuestras palabras tienen poder y debemos aprender a utilizarlas. Generalmente, la primera palabra que un niño dice es: “Mamá”, obvio, ella lo cuida, pero cuando mis hijos estaban pequeños, yo bromeaba con mi esposa: “También enséñales a decir papá; soy yo quien trabaja para que puedas darles de comer”. Cuando recibimos a Jesús y al Espíritu, podemos decir: “Abba, Padre”[1], podemos nombrar a Dios como nuestro Papito, así, con cariño, lo que antes era impensable. ¿Imaginas el poder que tiene la palabra papá cuando nos referimos a Dios? Pues para Él son tan valiosas las palabras que nos enseña a decirlas correctamente y le encanta que tengamos la confianza de llamarlo Papá. Al entregarle nuestra vida al Señor, lo primero que debe cambia es nuestro pensamiento y vocabulario.

Para Dios, la palabra es tan poderosa que incluso la utilizó para crear todo el universo. Él no solo pensó Su creación, sino que lo pronunció todo para que fuera hecho. Así que Su Palabra tiene poder de vida y lo que promete, se cumple[2].  Escuchémoslo con fe y creámosle con todo el corazón. Corazón y boca, la fórmula más poderosa que hay, lo que creemos con el corazón, lo debemos conectar con la boca[3]. ¡Hazlo! Lo que has creído sucederá si lo confiesas con tu boca. Si funciona para ser salvo, para adquirir vida eterna, ¡para qué no funcionará! Es la fórmula que nos traslada a la morada eterna. Vivimos en un pleito entre la boca y el corazón porque a veces sentimos y no decimos o decimos lo que no sentimos. Si declarar funciona para recibir salvación o para condenarnos, también funciona para la sanidad, el trabajo, el matrimonio, si lo crees, háblalo con poder y será hecho.

Las palabras son un tesoro, la diferencia es qué tipo de tesoro tenemos. La Escritura dice que puede ser bueno o malo, dependiendo de nuestro corazón, de lo que tenemos[4]. Daremos cuenta de todo lo que decimos y hacemos, por lo que nada debe ser ocioso o desperdicio. ¿Qué es ocio? Lo que no produce nada. Entonces, las palabras ociosas son las que descansan, las que no producen nada y de esas también daremos cuentas. ¿De qué me sirve escribir los planes del año, sacar fotografías y hacer un hermoso pictograma si no lo proclamamos? Dios le pidió a Abraham que contara las estrellas del cielo, lo “envisionó”, lo movió a una acción para que creyera. Justo lo que no puedes llegar a contar es lo que Él te dará, pero quiere que te pongas en acción y cuentes las estrellas. Hay que ser inteligentes, obedezcamos a quien es más inteligente que nosotros, Dios sabe lo que hace, lo que pide y lo que nos dará.

A veces, divorciamos nuestra oración de fe de nuestras palabras y acciones. Si vas a la presencia de Dios con un vocabulario de fe, pero luego hablas incredulidad, significa que realmente no tienes fe. Si hablas con fe media hora en la iglesia, pero el resto de tus horas de todos los días, hablas pesimismo, realmente eres pesimista y solamente vives destellos de fe. Así que debemos fortalecernos en una vida de verdadera fe que se refleje en todo lo que decimos y hacemos. Cuando aprendes un nuevo idioma, no te enseñan las malas palabras, te enseñan lo correcto, lo mismo sucede cuando le entregamos nuestra vida al Señor, una de las cosas que debemos convertir es la lengua. No se trata de adoptar vocabulario religioso y decir “Aleluya, gloria a Dios” a cada rato, se trata de expresar lo que creemos, imitar al Padre y a Jesús. Cuando alguien dude y diga: “Saber si lo lograremos”, debes interrumpir y decir: “Escrito está…yo lo escribí y declaro que lo lograremos”. Aprende a hablar como Papá, seguro de que se cumplirá lo que hablas. Frente a alguna dificultad, asegura: “De que lo hacemos, lo hacemos, se cumplirá, Dios tiene algo mejor”. No puedes orar: “Señor te creo”, y en la conversación con tus amigos hablar decepción: “Saber si sucederá”. Declara Sus promesas: “Dios es bueno, tiene misericordia, lo ha dicho y sucederá, se cumplirá”.

Si quieres días buenos, no hables mal ni engaño[5], habla bien, entonces, llamarás la atención de Dios. Si no sabemos hablar, ¿cómo podremos orar? Las oraciones son palabras que intercambiamos con el ser más poderoso y quien más nos ama. La muerte se asocia con los labios inmundos[6]. Si hablas mal, seguro vendrán días malos, al contrario, si dejas el pesimismo, el negativismo, si lo que escuchas y declaras son las verdades que Dios te ha dicho, todo irá mejor. Nada te dañará, eso debes creer y hablar. Ora, habla y vive por fe. Tu conversación diaria debe ser una oración constante de fe delante de Dios.

Haz un listado de palabras positivas y refuérzalas; también haz un listado de palabras negativas y cancélalas. Ese método funciona para renovarte. Es sencillo, como todos los métodos que compartió nuestro Maestro. Si paras de hablar, chatear y postear pensamientos negativos, te garantizo cambios visibles. Has visto que a veces, en algún partido, el equipo que va mal durante el primer tiempo remonta el marcador en el segundo tiempo. ¿Qué hace la diferencia? ¡Las palabras del entrenador! Viene un buen segundo tiempo en tu vida, vas a ganar el partido. La Palabra de Dios te lo dice, ¡confiésala! Sal este segundo tiempo de tu vida con otro tipo de conversación y remonta ese marcador, ya verás que obtendrás la victoria. Todos somos capaces de lograrlo. En la vida, como en el juego, si tienes la técnica de hablar positivo, podrás desarrollar una estrategia exitosa.

Aprovecha todas las oportunidades que tienes de comunicarte para compartir buenas palabras; ya hay suficiente pesimismo y negativismo, así que hagamos la diferencia. Tú te creas el ambiente ideal con lo que dices. Cancela palabras ociosas y activa solo palabras de bendición; elimina palabras violentas y declara solo palabras de paz. Digamos con fe: “Padre, danos el carácter, la fe, los recursos y las palabras para dar testimonio que glorifique Tu nombre. Declaramos que renovarás nuestra mente y vocabulario. ¡Creeremos con el corazón y confesaremos con nuestra boca!”


[1] Romanos 8:15: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

[2] Número 23:19: Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

[3] Romanos 10:8-10: Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

[4] Mateo 12:35-37: El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

[5] 1 Pedro 3:10-12: Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.

[6] Isaías 6:5: Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

 

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