La amistad y el perdón

CONÓCENOS

Crecí con mi mamá y fui el hijo único de la familia. Quizá eso me haya empujado desde pequeño a hacer amistades, pues, aunque no todos llegamos a tener hermanos, cualquiera puede tener amigos. Los amigos no nacen, sino que uno mismo los hace.

Hay amigos de diferentes tipos: primero, el que está contigo siempre que te va bien, pues cuando te va mal ya no tiene nada que obtener de ti y se aleja. También el que, irónicamente, está contigo solo cuando te va mal porque, cuando te va bien, no sabe cómo lidiar con la envidia y por eso se aleja. Por último, está el incondicional, el amigo que, te vaya bien o mal, siempre está ahí. Ese es el tipo de amigo que todos los cristianos deberíamos aspirar a ser.

Antoine de Saint Exupéry, famoso autor de El Principito, tiene un texto titulado Enséñame el arte de los pequeños pasos, donde dice: “Hazme digno de la amistad: el más frágil y valioso tesoro”. La amistad es una de las más grandes bendiciones de Dios y todos necesitamos amigos, sin importar el contexto. Yo también tengo amigos que no van a una iglesia y que hasta se echan los tragos. ¿Por qué no tendría que brindarles mi amistad también a ellos? El hecho que no comparta sus hábitos no me impide que pueda platicar e ir a cenar con ellos; no tiene ningún sentido hacer ese tipo de divisiones en la sociedad. La visión de Casa de Dios nos insta a dar la vida por los amigos y eso implica amarlos siempre.[1]

En un vuelo encontré a un viejo amigo al que llevaba tiempo de no ver. Me contó que él sirvió en una iglesia cristiana, pero tuvo conflictos con su esposa, se divorció y lo sacaron de la iglesia. Le pregunté cómo había sido posible, si hasta la iglesia es imperfecta. Estamos para construir una sociedad que se base en el amor, no en ideologías. Solo una iglesia imperfecta es perfecta para nosotros los imperfectos. La iglesia debería estar para apoyar en todo tiempo.

No busques sacar ventaja de la situación de los demás. Si vas a hacer un favor, no lo hagas penando en cobrarlo después. Jesús murió en la cruz para darnos la salvación, no para vendérnosla. Estuvo para Judas hasta en el último día y, aun sabiendo que él lo iba a traicionar, se dejó besar por él porque es amigo y eso implica amar y perdonar siempre. Con Él podemos contar todos los días de nuestra vida. Si alguien sabe de favor y gracia, es precisamente Él.

En la parábola del Hijo pródigo leemos que un hombre trató de aprovecharse de la ausencia de su hermano para ganar protagonismo a costillas de los defectos del otro.[2] Brilla con tu propia luz, no valiéndote de las tinieblas de los demás; vende tu producto hablando de tus virtudes, no de los defectos del producto que ofrece la competencia. ¡Hay gente que prefiere ver muerta a una persona antes que verla feliz! Sé amigo de quien puedas, sin sacar a relucir faltas[3] y selo aun cuando no siempre aprecien esa amistad, pues Jesús nos salvó a todos aun cuando muchas veces no apreciamos su sacrificio. Gloria del hombre es pasar por alto las ofensas. Las ofensas bien manejadas nos llevan a una nueva gloria. Eso, sumado al perdón, trae bendición.

El perdón mantiene y mejora una amistad. Los buenos amigos perdonan y liberan del cargo de conciencia a sus amigos. Así como hay personas que son buenas para hacer amigos, también las hay expertas en apartar a los mejores por culpa del chisme.[4] Según el diccionario, un chisme es un “comentario o noticia no verificada que circula entre la gente, generalmente de carácter negativo”. No permitas que eso te ocurra.

José fue vendido por sus hermanos, pero eso no impidió que los perdonara, encontrándole un propósito ulterior a todo. Los buenos amigos pueden lidiar con el cargo de conciencia de sus amigos.[5] Un corazón saludable le encuentra propósito divino a todo lo que le ocurre,[6] pero deja de hacerlo cuando deja de confiar en el Señor. Aunque haya cosas cuyo propósito sea difícil de comprender, los planes de Dios van más allá de nuestro razonamiento.

Cualquier conflicto se resuelve cuando dejamos de empeñarnos en que los demás sean iguales a nosotros y más bien todos nos aceptarnos con nuestras diferencias e imperfecciones. Para recibir la bendición de nuestro Padre no debemos ser iguales, sino estar en armonía. Adora a Jesús, el amigo fiel por excelencia, y pídele que te ayude a alcanzar esa armonía que será de bendición para ti y quienes te rodean.


[1] Proverbios 17:17: En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.

[2] Lucas 15:27-32: Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

[3] Proverbios 17:9: El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo.

[4] Proverbios 16:28: El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.

[5] Génesis 45:5: Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.

[6] Génesis 45:7: Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.

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