La medida de tu fe

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Todos tenemos una medida de fe que recibimos de Dios, pero que la usemos o no, es asunto de cada uno. La mía estuvo guardada por mucho tiempo, no sabía para qué servía ni cómo funcionaba, pero poco a poco aprendí a usarla. En un principio le creí mucho a Dios por las cosas que yo podía hacer para Él, pero le creí poco por las cosas que Él podía hacer por mí. En ese proceso aprendí a estirar mi fe y me di cuenta de que la fe no tiene límites.

Algunos hemos usado nuestra medida de fe solo para resistir un problema, pero esa medida también nos puede servir para salir de él y, si la estiramos, incluso nos puede alcanzar para lograr cosas grandes. Todos tenemos sueños y, sin importar lo grandes que sean, entreguémoselos a Dios. Si usas tu fe no habrá imposible que no puedas lograr.[1] La religiosidad hace que veamos las cosas más complejas de lo que son cuando en realidad la fe es más simple y práctica de lo que creemos. Las instrucciones de Dios son claras: pide, cree y recibe. Sabemos que Él conoce nuestras necesidades, pero ¿por qué no le pedimos? Él es nuestro Padre, pero con nuestra fe le damos autoridad y puede gloriarse con nuestras bendiciones.

Debemos “estirar” nuestra medida de fe como una cinta métrica a la cual hay que desenrollar con paciencia y hacia una sola dirección. Cuando estamos afanados y angustiados la tenemos hecha un nudo y el mundo se nos complica. A veces nos desilusionamos porque no recibimos respuesta rápida a nuestras oraciones, pero es en esos momentos cuando debemos estirar nuestra fe, ser pacientes y pedirle al Señor insistentemente ―como lo hizo la mujer cananea―,[2] confiando que nuestro milagro está cerca. ¡Pide sin cesar y cree! Cuando tu fe es grande, pide lo que quieras porque no hay límites para lo que puedes lograr. Los médicos podrán decir que no hay esperanza y la gente podrá decir “estás loco”, pero Dios es quien tiene la última palabra, así que no limites tus sueños y tampoco los reduzcas, ¡olvídate de los sueños al “tamaño de tus posibilidades” y entrégale a Dios tus sueños más grandes!

De nuestra fe depende si nuestra bendición tardará o no.[3] Dios premiará nuestra paciencia más que nuestro afán, pues incluso si trabajásemos y nos esforzásemos ―dado que nos corresponde hacerlo―, es más grande lo que Dios puede hacer que lo que nosotros mismos hagamos con todas nuestras fuerzas.

En la desesperación es cuando nuestra fe es puesta a prueba y la esperanza la alimenta. Si tus ojos terrenales no te dejan ver lo que anhelabas, estira tu fe, créele a Dios y el cumplimiento de la promesa no tardará. A Dios no se le mueve con lágrimas o quejidos, Él obra conforme a nuestra fe;[4] así que activémosla, no solo para salir de un problema sino para alcanzar metas que parecen imposibles. Tienes un propósito de bendición y no estás en el mundo solo para sufrir o pasar penas. No te conformes a tu realidad[5] y créele a Dios por más.


[1] Marcos 11:23: Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

[2] Mateo 15:22-28: Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

[3] Habacuc 2:2-3: Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.

[4] Mateo 9:27-29: Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.

[5] Romanos 12:2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

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