La diferencia entre el trigo y la cizaña

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Cuando algo te sale mal, la gente te pregunta por qué. Se burlan. Me sucedió cuando el huracán María destruyó el edificio de la iglesia en 2017. Me decían: “Por qué tu dios no pudo proteger el edificio, esto es juicio para tu vida”. Si estás haciendo algo bueno, ¿por qué te pasan cosas malas?

 

En la parábola sobre la cizaña, vemos que los trabajadores urgían al dueño para arrancarla, pero él dijo que no, porque al arrancar la cizaña también se arrancaba el trigo, entonces, se perdía la cosecha. Lo mejor era esperar y al tener el trigo maduro, se recogería para los graneros mientras la cizaña se quemaría[1]. No te precipites en medio de las dificultades, no tomes decisiones intentando solucionar las cosas porque podrías arruinar tu cosecha. Bajo emociones, sacarás a gente que no debes, terminarás mal con procesos que son importantes, desperdiciarás oportunidades valiosas.

 

Y cuando Jesús explicó esa parábola fue muy claro al decir que el enemigo es quien siembra la cizaña, pero Sus ángeles son quienes recogerán la cosecha y los justos resplandecerán[2].  ¡Este año resplandecerás! No importa si tienes enemigos, no hay buen superhéroe sin enemigo, pero la promesa es que será Dios quien hará justicia.

 

Es impactante ver que Dios nos pide que dejemos que el trigo y la cizaña crezcan juntos porque será Él quien segará. La cizaña está hueca en sí misma, tiene una semilla negra que envenena. Parece trigo, pero no lo es, porque solo el trigo se doblega con el peso del fruto que brinda cuando ya está lista para la siega. Al contrario, la cizaña siempre se mantiene erguida. Los que llevamos fruto sabemos humillarnos delante del Señor.

 

El huracán María trajo destrucción a Puerto Rico. Un amigo que pasaba por el templo me dijo: “Le cuento o le mando fotos de lo que está sucediendo”. ¡La gente se estaba metiendo a robar al templo, en medio de la lluvia! La ley de la siembra y la cosecha es justa, pero falla a veces y nos cuestionamos por eso. Sucede que no cosechamos a pesar de haber sembrado. Vivimos con la falacia de un mundo totalmente justo, pero no es así, sin embargo, este mundo es gobernado por el más justo, por eso, todo lo que hacemos debe ser por Él, así lo dice la Biblia. Él es justo, quien siempre se encargará de que la semilla dé fruto al ciento por uno. Las injusticias nos desesperan, nos dan mucha ansiedad, pero no deben derrotarnos.

 

 

Muchos nos cuestionamos si lo que estamos haciendo vale la pena, si funciona el esfuerzo. Durante el huracán hubo tres momentos cuando realmente lloré, cuando pensé en renunciar. He visto más de 1200 personas irse, gente en quien sembré y a quien amé. Pero Dios siempre tiene un contraste para tus momentos difíciles y supo cómo consolarme. Un día, sentado en una de las sillas en el templo destruido, en uno de los pocos momentos cuando hubo señal de celular, comenzaron a llegar mensajes de texto. Pastores, ministros de todas partes me escribían para darme ánimo: “Has sembrado en las naciones y ahora las naciones te ayudarán para que Puerto Rico se levante”.

 

Para que la cizaña no te sorprenda en la cosecha, mantente atento. A veces descuidamos a la familia y recibimos sorpresas. De repente, alguien siembra una mala semilla. Definitivamente la cosecha es maravillosa y grande, pero debes estar alerta porque el enemigo desea sembrar malas semillas. Una mala conversación con la persona incorrecta puede ser lo único que necesitas para que se destruya la cosecha que esperas de tus hijos, de tu matrimonio, de tu ministerio. Esposa, esposo, cuiden de su cónyuge, padres, manténganse atentos a sus hijos, aunque ellos no quieran. Todo lo que la mala semilla necesita es que uno se descuide. Lo que tenemos es tan valioso que no nos podemos descuidar.

 

Sin embargo, a veces la cizaña nos sorprende. Una esposa, un empleado, un hijo que nos sorprende con un engaño, un robo, una decepción. Alguien que cuidaste, que guardaste te sorprende con cizaña. Los momentos injustos de la vida ponen presión sobre nosotros a pesar de que sembremos buena semilla. Entonces comienzan las dudas, reforzadas por lo que otros te dicen: ¿Qué te sucedió, no eres el que ofrenda, el líder? ¿Qué te sucedió, por qué te despidieron, por qué enfrentas esto? En esos momentos, reconozcamos que a veces nos dormimos y permitimos que el enemigo siembre cizaña. No cuestionemos a Dios, porque es nuestra responsabilidad, sin embargo, solo Dios es quien nos puede dar la victoria, porque es quien recoge la cosecha.

 

En momentos de injusticia, de dificultad, recuerda que no puedes arrancar la cizaña precipitadamente porque arruinará tu cosecha. Si reaccionas en un momento emocional te equivocarás. La gente te presiona para buscar soluciones, pero no actúes arrebatadamente. Si me emociono me equivoco. El problema en Puerto Rico no fue el huracán, sino las reacciones. Mucha gente tomó decisiones emocionales. Deja que tu enemigo crezca a tu lado porque sabes cuál es su final. Nunca debes dudar de tu final de bendición. Aquellos que no hacen las cosas correctas, no tendrás un final como el tuyo. ¡No arranques la cizaña!

 

Abraham se desesperó, tuvo un hijo con su esclava y luego fue necesario que lidiara con eso. Él debía esperar, pero no lo hizo. ¿Qué pasó con Jonás? Se fue en el barco incorrecto y en medio de la tormenta, era a él a quien debían tirar al agua porque Dios tenía planes para su vida. No tires tu empresa, tus sueños, tu matrimonio. ¡Hay que esperar! ¿Cuál es el Jonás en tu vida? Alguien que se mete en el barco, en casa y crea una tormenta. Pero tranquilo, pronto descubrirás el Jonás, Dios te lo revelará, entonces, la paz y la calma llegarán.

 

La primera profecía que Dios dio fue a Satanás al decirle que habría enemistad entre su simiente y la de los hombres, pero que nosotros lo aplastaríamos[3]. Dios profetizó cuál era el final de tu enemigo, así que tranquilo. Cuando vengan los problemas, debes confiar en que has sembrado buena semilla. Tal vez tus hijos ahora están confundidos, pero debes estar seguro de que has sembrado buena semilla, así que la buena cosecha saldrá.

 

Asegúrate de que tu semilla es buena para que tu cosecha sea buena. Tu prosperidad viene, la restauración para tu familia viene. La buena cosecha vendrá, aunque el enemigo intente sembrar cizaña. Tranquilo, tu negocio dará fruto, tus hijos estarán bien. No arranques, no te desesperes, no tomes decisiones arrebatadas, porque tu confianza debe estar en la buena semilla que has sembrado. No sé por qué el templo se destruyó, solo sé que he sembrado buena semilla. En medio del problema, confía en la buena semilla que has sembrado.

 

Le pido a Dios que te dé paz, a pesar de la cizaña. Dios se encargará de hacer justicia por ti, no intentes hacer justicia por ti mismo. El enemigo te tiene miedo, sabe que si te levantas, no te podrá detener. Debes ser capaz de caminar con la cizaña a tu lado. Debes ser capaz de ver que tu enemigo tiene mejor negocio que tú, que los que levantan confusión prosperan más rápido, porque al final, tu semilla dará mejor fruto. Ahora las malas noticias no te harán correr, ahora estarás tranquilo. Si se va alguien de la iglesia, tranquilo. Si hablan mal, tranquilo. Tus enemigos comerán de las migajas que caen de tu mesa. No pienses en arrancar, cerrar, correr, huir. Si arrancas, no ciegas porque revelas que confías más en tus fuerzas que en las promesas de Dios. ¡Confía en tu semilla!

 

Siembra buena semilla para estar confiado, porque es la que asegura tu buena cosecha a pesar de la cizaña. Aplaza la decisión que tomarás motivado por tus emociones. El mundo ha hablado mal de ti, te han defraudado, abandonado, pero debes tener confianza en que Dios te dará la victoria y te traerá paz. Pídele: “Señor, muéstranos quién es realmente la cizaña”. No dejes ir a tu esposa, no dejes ir a tu esposo, tu empresa, tus hijos por un error. Ten paz, busca sabiduría para no destruir tu cosecha por arrancar la cizaña. Toda confusión desaparece ahora por el poder de la Palabra de Dios. El Señor te dará fortaleza para tomar buenas decisiones, porque la buena semilla dará buena cosecha.


[1] Mateo 13:24-30: Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

[2] Mateo 13:36-43: Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

[3] Génesis 3:15: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

 

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