Poca o mucha fe

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Hay quienes son expertos en excusas para no hacer nada y, encima, justifican esa actitud. No bastan campañas de 40 días de fe sino seguir caminando por fe; afinar detalles, como en los deportes y en cualquier oficio que requiera disciplina. De igual modo trabaja la fe. Debemos tener anhelos lo suficientemente ardientes[1] como para buscar a Dios. Cuando la meta es muy pequeña dejamos de lado al Señor, pero cuando es grande nos aferramos a su mano. Si hasta la creación puede tener anhelos,[2] ¿por qué un hijo de Dios no puede tenerlos?

Te podrías quedar sin nada, pero conserva su Palabra, llévala en tu corazón, guárdala, declárala y confiésala todo el tiempo. Recientemente, una amiga estuvo muy enferma con un diagnóstico de cáncer. En el hospital, ella estaba en la habitación 431 y ese dato hizo que oyera la voz de Dios diciendo que leyera Isaías 43:1;[3] Dios le dio Palabra por medio del número de habitación y mi amiga se sanó. Otro ejemplo: hace muchos años, mientras predicaba, una señora corrió con su bebé enfermo a la plataforma y me dijo “Cash, por favor haz algo”. El niño tenía meningitis. Oí la voz de mi corazón diciéndome que le diera de mamar al bebé mi dedo meñique. Así lo hice y permaneció en mis brazos mientras seguía predicando, y antes de que terminara la prédica cesó la fiebre y después nos dimos cuenta de que se curó de la infección.

Estos casos nos demuestran que no hay métodos para ejercer la fe. Ahora bien, la clave para vivir por fe también está en darte el valor que tienes para Dios.[4] Si eres de los que cree que no vale nada delante de nuestro Padre, estás en problemas. En Génesis leemos que el Señor expulsó a Adán y Eva del huerto del Edén; muchos suponen que desde entonces la humanidad perdió la comunicación con Él, por lo tanto, su verdadero valor, pero no es así. Nosotros aún podemos comunicarnos con nuestro Padre por fe. Si Dios se preocupa por los animales, ¿por qué creer que no nos valora a nosotros?[5]

La semilla de mostaza, a pesar de ser pequeña, es tan “pilas” que crece y llega a ser la más grande de las hortalizas,[6] más aún, se convierte en un árbol que bendice a muchos. Te aseguro que al usar la fe que Dios te dio llegarás a ser más de lo que pensaste o de lo que algunos imaginaron.

¿Le has preguntado al Señor por qué no has podido lograr algo?[7] Reflexiona si estás haciendo uso de tu fe. Solemos creer que cuando Jesús mencionó tener fe como un grano de mostaza, lo hizo refiriéndose al tamaño pequeño, cuando en realidad hablaba de su fe tan poderosa.[8] Todos tenemos una medida de fe,[9] no importa si es mucha o poca, simplemente úsala.

No creas que hay gente que tiene más fe que tú y que por eso obtiene más fácil las bendiciones de Dios, porque no es así. Lo que sí hay es gente que usa su fe más que cualquier otro recurso, y por eso obtienen resultados: porque confían más en su fe que en sus destrezas. Ese es el gran secreto y es tan sencillo como se lee. Dios nos dio la fe para que nada sea imposible. En ninguno de los Evangelios leemos que Jesús hablara del tamaño de la fe,[10] [11] [12] sino que fue claro en decir que todo lo que pidiéramos al Padre en su nombre, lo recibiríamos.

Así que no pongas excusas diciendo que a otros les sirve la fe más que a ti, porque no es verdad; tampoco pierdas el hábito de ejercitarla porque la misma fe funciona para todo, tanto para lo cotidiano como para lo sobrenatural. ¡Créele a Dios con todo tu corazón! El mayor acto de adoración al Señor es tu confianza plena en Él. Olvida tus defectos y tus errores, porque si tienes tus ojos en Jesús y usas tu fe lograrás proezas.


[1] Romanos 8:19: Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

[2] Romanos 8:22: Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.

[3] Isaías 43:1: Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.

[4] Mateo 6:24-26:  Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

[5] Mateo 6:28-30: Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

[6] Mateo 13:31-32: Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

[7] Mateo 17:19: Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

[8] Mateo 17:20: Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

[9] Romanos 12:3: Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

[10] Mateo 8:25: Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.

[11] Marcos 40:41: Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

[12] Lucas 8:25: Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

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