Dame un hombre

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“Dame un hombre” no es la oración de una soltera desesperada, sino el llamado de Dios en un ambiente de fe. Durante 40 días, el filisteo clamaba por un hombre con quién luchar y a quién vencer[1]. Dios maneja y entiende el lenguaje de fe. Tú pones la fe y Dios pone todo lo demás. La oración con fe produce lo que anhelamos. Y te declaro que los tiempos se aceleran para recibir lo que clamamos.

Estamos cerrando un periodo de 40 días de fe. Ese número es muy simbólico, 40 días pasó Moisés en el monte; 40 días pasaron los espías en la tierra prometida; 40 días pasó Goliat desafiando a Israel; 40 años pasó el pueblo caminando por el desierto. También 40 días toma que se forme un feto que nace luego de 40 semanas. Estos 40 días de fe terminan con lo que has gestado y estará en tus manos. Al terminar estos 40 días, viene respuesta de Dios para ti.

Goliat pedía que le dieran un hombre para luchar. Dios siempre anda buscando a alguien. Si lo que piensas es ilógico, si es locura, bienvenido al equipo, porque Él siempre da instrucciones medio ilógicas pero que funcionan. Dios te está desafiando, porque si tu sueño no te quita el sueño, no es un buen sueño. Sueños son aquellos que no te dejan dormir. “¿Cómo fue que dije que sí, por qué lo hice?”, se pregunta uno cuando obedece por fe. La fe choca en contra de la razón. La razón te dice hasta aquí, pero la fe te dice hasta allá. La razón te dice que no es posible, pero la fe te dice que todo es posible.

Ahora llegó el momento de probar que el Dios que camina con todos es también el Dios que se mueve contigo. Verás milagros sucediendo contigo, para ti y a través de ti. En lo íntimo, en lo privado ha sucedido algo que ahora también sucederá en público.

Para pelear por fe debes tener honda, porque sin honda te vencerán. David tenía una honda. El gigante siguió desafiando hasta que ese desafío llegó a los oídos de David. Alguien se debe mover con pasión por lo que está pasando por tu nación. ¡Despierta porque debes avanzar por fe!

Hay guerras que no se ganan con armas prestadas, sino con las que Dios te ha dado. Saúl quería prestarle su armadura a David porque quería decir: “Él ganó porque yo lo ayudé”. Pero tú no necesitas armas prestadas. Dios te ha dado tu arma, úsala. Tal vez, te dio cinco panes o dos peces, o una quijada de asno, ¡usa lo que te dio! Aunque parezca pequeño, úsalo porque si usas lo poco, Dios te dará mucho. Con lo que Dios puso en tus manos ganarás la batalla. Es la unción que Dios depositó la que te dará la victoria.

El Señor pondrá en tus manos lo que por mucho tiempo has estado buscando. Que seas tú el hombre que busca. Que tu fe sea exagerada, violenta, agresiva. Dios te posiciona para una nueva temporada. Dios dice que cuenta contigo para su obra, para su misión, para la tarea que te asigna. ¡Sigue creyendo, ninguna amenaza del enemigo prevalecerá en tu contra!

[1] 1 Samuel 17:16: Venía, pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días.

 

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