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El Señor promete sanar nuestra tierra y perdonar nuestros pecados si oramos, si somos humildes y buscamos Su rostro[1]. Al analizar la Escritura vale la pena descubrir que Dios nos propone un sistema totalmente diferente al que nos propone el mundo, porque Su Palabra pide que confiemos en Él antes que en cualquier opción que pueda ofrecer el hombre.

Sabemos que Adán y Eva fueron creados para disfrutar y sojuzgar el jardín del Edén, pero cometieron pecado y se vieron obligados a entrar en otro sistema diferente al que Dios originalmente les había preparado. El sistema de este mundo terrenal fue diseñado para el Adán que salió del Paraíso y asumió una naturaleza humana no redimida, por eso tuvo que obtener el pan con el sudor de su frente. Este cambio nos afectó a todos, sin embargo, Jesús vino a darnos la posibilidad de retomar nuestra naturaleza divina y tener acceso al sistema que Dios había diseñado.

Personalmente insisto mucho en la necesidad de un cambio de actitud para que nos concentremos más en lo positivo que en lo negativo porque al hacerlo, entre otras cosas, nos alejamos de la tentación y somos más optimistas. Si lo analizamos, Adán se concentró más en la única prohibición que tenía, por lo que desestimó todo lo que sí le era permitido y podía disfrutar. ¿Valía la pena alejarse del sistema de Dios por comerse un fruto y desobedecer? ¡Claro que no! Pero al enfocarnos en lo que no tenemos o no podemos hacer, justamente desperdiciamos todo lo que sí está a nuestro alcance.

Si ya naciste de nuevo y eres heredero del reino de tu Padre, aprovecha las ventajas y aprende a operar en dicho sistema. No trates de sanar tu tierra pactando con los hombres,  porque el Señor dice que debes orar y apartarte de los malos caminos para obtener los resultados que esperas. Él es el Creador, sabe lo que dice, sabe cómo funciona todo, tiene poder y autoridad para decirnos cómo actuar. ¿No te parece? Es como hacerle servicio a tu vehículo; puedes llevarlo donde cualquier mecánico, pero lo mejor es llevarlo a la agencia en donde tienen todo el sistema y los repuestos para arreglarlo. No intentes arreglar tu vida con el defectuoso sistema de este mundo, mejor obedece las instrucciones del fabricante, tu Creador, quien te conoce por dentro y por fuera, y es el único que puede sanarte, restaurarte y prosperarte. El sistema del mundo y el de Dios se oponen, por eso al entregarle tu vida debes cambiar tu pensamiento. Acércate a Él para que te renueve.

Además, el Señor nos pide que oremos en todo lugar y con buena actitud, haciendo a un lado el enojo y perdonando las ofensas[2]. También pide que oremos con las manos levantadas, en actitud de adoración, mostrando que nos rendimos a Su amor.

Ora sin cesar[3], en todo tiempo y en todo lugar. Opera en el reino de Dios, diseñado para Sus hijos, nacidos de nuevo. Quizá es difícil porque vivimos en un mundo contrario. Tal vez algunos no nos comprendan, porque es como si habláramos otro idioma, pero hay que hacerlo si de verdad buscamos vivir de acuerdo a Sus preceptos, lo cual nos traerá bendición.

Jesús compartió mucho sobre la oración con Sus discípulos. En una oportunidad les explicó sobre la necesidad de orar y no desmayar[4], y lo hizo con una parábola que hablaba de una viuda insistente que le pedía intervención a un juez. Este, ya cansado, la atendió. Ella no usó el sistema del mundo, sino que usó el sistema de Jesús, quien nos enseña a insistir. El mundo dice: “Usa mi sistema, busca alguien con influencia que pueda facilitarte las cosas, busca a quién sobornar”; pero Dios te dice: “Usa Mi sistema, Yo sé lo que te digo, demuestra tu fe, clama de día y de noche, sin descanso, pídeme y actúa correctamente[5]”. Nadie tiene tanto poder para ayudarte como el Señor, el Juez por excelencia, quien te da acceso directo a Su trono de gracia para que obtengas oportuno socorro. La Palabra dice que Él no tardará en responder, pero debe encontrar fe. ¡Si no recibes es porque te tardas en clamar! No hay nada imposible para Dios, así que todo es posible si crees y le pides.

Nuestro Señor es claro en decir que recibiremos todo lo que pidamos[6]. Por supuesto que no recibiremos aquello que sea pecado, porque si estás conectado con Dios, sabes que no se puede pedir lo que nos hace daño y nos aleja de Su lado, pero todo lo que es lícito se puede pedir en el nombre de Jesús. Él nos eligió a nosotros y quiere que demos fruto[7], ya que el Padre será glorificado cuando esos yugos y cadenas de enfermedad, pobreza y desilusión se pudran.

Cuando operas en el sistema de Adán buscas soluciones naturales. Frente a una enfermedad, lo primero que haces es averiguar si el seguro cubre el tratamiento, pero si operas en el sistema de Dios, nada te turba porque sabes que has recibido sanidad por el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Deja a un lado la fe en el sistema de los hombres, cree en el sistema de Dios porque no importa cuántos negocios se caigan, Él dice que habrá provisión sobrenatural para tu vida. Ora porque se abran puertas: “Padre, sé que todo estará bien porque dependo de Tu sistema. Yo busco primero Tu reino y Tu justicia, todo lo demás es añadido”. A veces tus recursos y tus conocimientos son los peores tropiezos porque limitan tu fe. ¡No pares de clamar, tengas provisión o no, siempre, clama sin detenerte!

Busca ser justo delante de Sus ojos y verás que tu oración no tendrá tropiezo. No significa que seas perfecto, sino que tu corazón sea conforme a lo que el Señor pide. Elías era hombre sujeto a pasiones, era temperamental, pero oró, se sujetó al sistema del Señor y obró grandes maravillas[8]. Somos la luz del mundo y la sal de la tierra; si naciste de nuevo, debes operar en el sistema del Señor, el único que sí funciona sin ninguna duda, aunque algunos no lo comprenda. Las cosas del espíritu se disciernes espiritualmente porque la mente del hombre no lo entiende. No sabemos explicar por qué suceden milagros, pero así es, por lo que solo nos queda pedir, recibir y agradecer. Accede al reino de Dios, ora todo el tiempo, en todo lugar, con tus manos levantadas en señal de adoración. ¡Pide con fe y recibirás!

Versículos de Referencia:

1. 2 Crónicas 7:14-16 enseña: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre.

2. 1 Timoteo 2:8 enseña: Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.

3. 1 Tesalonicenses 5:17 pide: Orad sin cesar.

4. Lucas 18:1 comparte: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

5. Lucas 18:7-8 asegura: ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

6. Marcos 11:24 explica: Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

7. Juan 15:16 asegura: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

8. Santiago 5:16-18 dice: Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

 

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