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Cómo llevar una vida de gloria en gloria

Cómo llevar una vida de gloria en gloria

25 de enero de 2022

Tiempo de lectura: 3 minutos

Somos parte de una iglesia gloriosa sin mancha ni arruga.[1] El futuro hacia el que caminamos en Cristo está lleno de gloria[2] y donde está Él y Su Espíritu hay libertad. Mientras caminamos hacia Su presencia estamos siendo transformados de gloria en gloria.[3] Dios quiere que nuestra vida y todo lo que emprendamos sea glorioso y para ello debemos ser transformados por el Espíritu Santo.

Seguramente todos conocemos a alguien que vive de glorias pasadas y dice cosas como: “En mis tiempos las cosas en la iglesia se hacían así” o “Yo a tu edad ya hacía esto que tú no haces”. Pero lo cierto es que cada tiempo trae su propia gloria. Si nos estancamos pensando que una gloria se quedó en el pasado estamos negando la transformación del Espíritu Santo en nuestra vida o ministerio; o peor aún: no le estamos permitiendo que continúe transformándonos. Por eso no podemos vivir de glorias pasadas y debemos comprender que también todo futuro en Cristo es glorioso.

Pero ¿qué significa que llevar una vida de gloria? Gloria, en el original hebreo, aparece como kavod, lo cual también significa “peso”, “dignidad” y “honra”. Por ejemplo, la Biblia menciona que Elí murió al caerse de la silla porque era un hombre viejo y “pesado”,[4] pero según el significado griego, esto también lo podemos interpretar como una persona gloriosa, con mucha dignidad y honra.[5]

Hay cosas que demuestran la gloria de algo o alguien. Desde la antigüedad ha sido común levantar estatuas o monumentos para realzar el legado o la memoria de una persona. Del mismo modo, nosotros, creados a imagen y semejanza de Dios, somos la representación física de Su gloria aquí en la Tierra.

Para vivir una vida de gloria en gloria necesitamos ser transformados[6] y esa transformación tiene tres pasos. Lo primero es presentarnos delante del Espíritu Santo para que nos transforme;[7] acto seguido, debemos estar dispuestos a ser podados y purificados por Él;[8] y hecho esto, debemos permanecer en la Palabra de Dios para que podamos ser fructíferos siempre.[9]

Jesús es el renuevo de gloria y Él a través de Su Espíritu puede transformarnos como iglesia y como individuos, pero debemos estar dispuestos a transformar la mentira en verdad, el enojo en paz, el robo en generosidad, el chisme en buen ánimo, la venganza en perdón, la promiscuidad en dominio propio. De esa forma, y de Su mano, seremos llevados de gloria en gloria durante nuestro tiempo en la Tierra.


[1] Efesios 5:25-27: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

[2] Isaías 4:2 (NBLA): Aquel día el Renuevo del Señor será hermoso y lleno de gloria, y el fruto de la tierra será el orgullo y adorno de los sobrevivientes de Israel.

[3] 2 Corintios 3:17-18 (NBLA): Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.

[4] 1 Samuel 4:18: Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años.

[5] Salmos 7:5: Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela; huelle en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo. Selah.

[6] 2 Corintios 3:17-18: Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

[7] Romanos 12:1-2: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

[8] Salmos 51:5-7: He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.

[9] Juan 15:1-5: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 

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