El amor más grande del mundo

CONÓCENOS

 

 

En la humanidad hay dos eventos que se recuerdan mucho: la muerte y el nacimiento del Señor Jesús. Más que eso, es importante que cada uno de nosotros, mientras pasa el tiempo y conocemos más de Dios, podamos evidenciar un amor mayor para con Él. Cuando buscaba esta Palabra, encontré algo: ¿Por qué Dios tuvo que poner dentro de sus mandamientos: “Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con toda tu mente, con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo”? ¿Por qué lo tuvo que poner como un mandamiento, si es algo que debería de surgir automáticamente sin que Él lo pidiera? ¿Dios es malo? ¿Dios nos odia? ¿Dios no quiere saber nada de ti? Dios te ama, ¿estás seguro que El te ama? Pues eso es lo que espera de nuestra parte. Pero, ¿por qué lo puso como un mandamiento si debería de ser una reacción normal? ¿Acaso has llegado tú con tus hijos a decirles: “Me van amar con todas sus fuerzas, mente y corazón; si quieren vivir aquí, me van amar”? Tú no llegas así con tus hijos, tú esperas que te amen. Los jóvenes asegúrense de amar a sus padres, porque todo joven que valore lo que sus padres le han dado, la vida se los pagará.

Encontré que hay ciertos corazones sobre la tierra que nunca olvidan cuando alguien les ha hecho un bien. ¿Tú olvidas a alguien que te ha hecho un bien? Yo me recuerdo de la persona que me presentó a Cristo, de la persona que me consolidó, de todas las personas que han hecho bien en mi vida y se los he agradecido.

En una ocasión, públicamente le agradecí a un tío mío, que fue el instrumento que Dios utilizó para que mis papás no se divorciaran. Nunca olvide las personas que le han hecho un bien porque eso muestra lo que hay en su corazón.

Romanos 5:8
Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más estando ya justificados en su sangre, por Él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados por Dios por la muerte de su hijo, mucho más estando reconciliados seremos salvos por su vida. Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios por su hijo Jesucristo… la reconciliación.

Habla que fuimos salvos, reconciliados por Dios. Aquí nos hace ver que estábamos en enemistad con Dios a causa del pecado. Cuando empecé a creer en Dios, creí que todos los seres humanos eran hijos de Dios. Y qué sorpresa me llevé cuando leyendo la Biblia, me di cuenta que no; lo que sí estábamos era todos lejanos, ajenos a Dios. Dice en el primer libro de Juan que los que le recibieron fueron constituidos hijos de Dios. Todos somos criaturas de Dios, pero no todos somos hijos, sino hasta que somos lavados por su sangre. Hoy quiero recordar cómo éramos antes, cómo vivimos ahora y cómo vamos a vivir después.

Hebreos 2:14
Así que por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, El participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte; esto es el diablo.

Él gobernaba sobre la muerte, él decidía acerca de la muerte y vino Jesús y le quitó toda autoridad acerca de la muerte y la tomó Jesús, pero eso lo logró muriendo Él por nosotros.

15 Y librarnos a todos nosotros los que por el temor de la muerte estábamos durante toda la vida sujetos a servidumbre, porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino a la descendencia del Abraham.

¿Sabías que hubo ángeles que pecaron y que su condición sigue siendo la misma, porque Jesús no vino para librarlos a ellos, sino a ti? La sangre de Jesús no fue derramada por ángeles para librarlos, ni perdonarlos de su pecado, sino por ti.

17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos para venir a ser misericordiosos y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere para expiar los pecados del mundo. 19 Es poderoso para socorrer a los que son tentados.

La tentación es algo con lo que debemos luchar, pero sabemos que Dios está para ayudarnos y rescatarnos de caer en ella. Esto es lo que dice esta parte.

Hebreos 10:26-31
Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

¿Por qué Dios dejó esto escrito en su Palabra? ¿Cómo es posible que en algún momento podamos llegar a tener el menosprecio, pisotear el nombre de Dios y tener por inmunda su sangre? Porque entiendo que habiendo una persona, la cual fue lavada en la sangre del Cordero, e insiste en pecar, habiendo obtenido el perdón de Dios, lavado con su sangre, tiene por menosprecio esa sangre.

Pensaba en un ejemplo: Sucede que estoy muy grave y me tienen que hacer un trasplante de riñón. Su hija me puede dar un riñón y salvar mi vida. Como es una niña, está sana y no tiene ningún problema, así que me dan el riñón y me salvan la vida. Pero sucede que en el trasplante, el donante fallece y yo quedo vivo. ¿Qué pasa entonces si a los seis meses de lo que hiciste por mí, de lo que tu hija hizo, me ves llenando ese riñón de alcohol, de drogas, lo estoy usando como a mí me da la gana? ¿Cuánto valoré la vida de tu hija? ¿Cuánto llegué a valorar a esa persona que estuvo dispuesta a dar su vida por mí? ¿Es justo? ¿Es correcto? ¿Merezco ese riñón? Por supuesto que no y, a veces, esto es lo que siente el Padre cuando habiéndonos dado a su hijo, insistimos acerca del pecado y tenemos por inmunda la sangre. Los que hemos conocido su favor, insistimos en pecar.

¿Sabe cuál es el objetivo de esta enseñanza? Todos nosotros tenemos la capacidad de amar, pero todos la manifestamos de distinta forma. Hay personas que lo hacen más intensamente que otras. Mi intención es que todas las personas presentes sean las que más amen a Dios sobre la tierra. No va haber persona sobre la tierra que lo ame más que tú. Busco que hagas que tu corazón ame más a Dios que a nadie, porque viera cómo le duele al corazón de Dios cuando viene alguien que lo aparta de El, cuando uno de sus hijos se aleja. Pero cuando Dios tenga todo tu corazón sin reservas, entonces no habrá nada que nos separe del amor de Dios.

Romanos 6:21
¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Dios nuestro.

Voy a ejemplificar algo que se me ocurrió para mostrarle esta noche una condición de vida en la que yo vivía. Hace mucho tiempo, en mí había pasado algo. De parte de mi padre y madre, existían maldiciones que se habían trasladado de generación a generación. Una de ellas era el alcoholismo; otra, la fornicación, y otra la pobreza. En mi vida, aunque iba a la iglesia, leía la Biblia, existía algo: estaba atado todos los días de mi vida a algo que me empezó a suceder a los doce años. A esa edad, tomé mi primera copa de alcohol y así me mantuve día tras día. Era una cadena que había llegado a mi vida y empecé a beber, me mantuve así, no podía salir y me enfermé. Perdí mucho: dinero, mi carrera, amigos, la amistad entre mis padres y yo. El alcohol hizo que se muriera mi abuelo y su hijo más pequeño; ambos de tanto beber. ¡Qué ciego estaba que en los últimos momentos de mi tío, era tal mi tristeza que me fui a emborrachar! No me daba cuenta que lo estaba perdiendo a causa de una cadena como esta, la cual lo tuvo atado a él y a mí también. Este tío había dejado de beber por más de diez años y volvió a recaer en eso. Y yo en la misma condición, haciendo lo mismo.

A veces pensamos que estas cadenas son sólo vicios, pero también hay enfermedades, formas de pensar que nos tienen esclavos.  Como el pueblo de Egipto, que seguía pensando como esclavo y eso lo tenía atado. Hay enfermedades que se heredan. Venimos a la iglesia, pero seguimos en la pornografía y la masturbación. Hablamos con Dios y leemos la Biblia, pero no podemos dejar ese cigarro. Seguimos esclavos de la deuda, de una persona, de la mentira, de la fornicación, de divorcios, enfermedades generacionales. Vivimos así y caminamos así, y trasladamos a nuestros hijos lo mismo. Quiero contarle que el pecado paga y paga muy mal.

A lo que yo entiendo en este versículo, la paga del pecado es muerte. A mi abuelo le pagó el pecado, a mi tío también y a mí me empezó a pagar desde los doce años. Yo era el rebelde de mis tres hermanos, fui el último que me entregué a Jesús; era el terco que bebía todos los días para ahogar las penas. Teniendo al Salvador del mundo, sabiendo que estaba conmigo, perdí mucho: amigos, la confianza de mi madre, lastimé su corazón y me volví más rebelde todavía. Mi vida tenía un final, uno trágico diría yo, un fin, no tenía propósito y el día que dejara de existir, se acabaría mi vida. Quiero mostrarle a dónde iba: a un ataúd. Ahí iba a llegar, ese era mi final, hasta ahí llegaría mi vida, no había eternidad en  mí, eso era todo lo que iba a pasar conmigo, era enemigo de Dios, estaba apartado de El. Creía, iba a la iglesia, oraba, pero no había dejado que entrara la verdadera razón del amor de Dios a mi vida. Llegará el día en que vamos a ocupar una caja como esta. Pero en mi caso, mi vida concluía ahí, no había redención, porque la paga de mi pecado era la muerte y muerte eterna. Mientras estaba así, viviendo por vivir, existiendo, ocupando un lugar en la tierra, sin propósito, solamente aguantando la esclavitud que el diablo había puesto sobre mí., apareció alguien que se acordó de mí, que puso sus ojos en mí, en ese borracho sin sentido, sin propósito y decidió amarme y me dijo: “No vas a morir, no eres para el infierno, no te vas a condenar para siempre. Vamos a hacer algo: Yo voy a tomar tu lugar, no vas a ir a la tumba tú, a quien van a juzgar y crucificar es a mí”. Y no sólo eso hizo, sino me dijo: “Dame tu enfermedad, yo la llevo. Ya no es para ti, es para mí. Dame tu maldición, dame tu vicio, tu pobreza, tu escasez, tu pecado, es para mí, ya no es para ti; ya no lo vas a llevar tú, estoy decidido a llevarla yo y a sufrir lo necesario para librarte a ti;” la tomó y se la llevó. Dijo: “Yo voy a ir a ese lugar en lugar tuyo, voy a ocupar ese lugar, no tú. Dame tus maldiciones, tu alcoholismo, tu debilidad”.

Quiero mostrarte ahora lo que El estuvo dispuesto a hacer por ti: su sacrificio en la cruz. Ahí va tu enfermedad, tu pecado, esa corona de espinas era para nosotros y estuvo dispuesto a morir. Eso es lo que dice en Isaías 53: ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.  Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

El le puso una pausa a su vida y estuvo dispuesto a ocupar nuestro lugar para morir en la cruz. ¿Por qué estoy repasando esto? Porque sé que lo sabe, porque me interesa que su gratitud hacia Dios se incremente de tal manera que su vida sea algo grato ante Él. Que nos demos cuenta que el pecado no tiene autoridad sobre nosotros. Tomó mi lugar, lo mataron, crucificaron y fue a la tumba, pero resucitó y está sentado a la diestra del Padre para interceder por ti y por mí. Pero pasó algo: Quitó mis cadenas, me hizo libre. Y fue a ese sepulcro ocupando mi lugar y el tuyo. Encontré algunas cosas que se quedaron en el sepulcro, que le quiero mostrar. Son las muestras de su amor para con cada uno de nosotros: Encontré una corona, un clavo, una manta llena de sangre, manchada; la sangre del Cordero que fue derramada por cada uno de nosotros. Es la única sangre que tiene el poder de limpiar cualquier pecado. He ahí las muestras de su amor, el Cordero inmolado que fue sacrificado por cada uno de nosotros,  y está sentado a la diestra del Padre intercediendo y pidiendo perdón para que seas más que vencedor en Cristo Jesús.

¿Hay algo más por hacer? ¿Hay otro sacrificio más necesario para que vivamos como es justo? ¿Habrá que pedirle otra vez que muera en la cruz? ¿Que sacrifique su vida por ti para que vivamos una vida correcta? Dos cosas tengo que decirte: Primera, tú necesitas a Jesús como Señor y Salvador, necesitas ser lavado en la sangre de Cristo y ser una persona que obtiene la eternidad. Segunda, a todos aquellos que han sido lavados en la sangre del Cordero, Él espera que lo ames tan intensamente que no haya espacio para el pecado. La manera de agradecerle a Dios tanto amor demostrado es vivir una vida sin pecado, sin mancha, para no menospreciar el sacrificio que hizo por nosotros.

Voy hacer una oración donde le pido al Señor que entre en mi corazón. Si tú la quieres hacer, te darás cuenta que tus pecados son perdonados, y que la salvación llegó a tu vida. “Señor Jesús, te entrego mi vida, mi corazón, te pido perdón por todos mis pecados, dame vida eterna. Creo y confieso que eres mi Señor y Salvador. Gracias por morir en una cruz, por resucitar para darme vida eterna. Creo y confieso que eres mi Señor y Salvador. Amén.”

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