La pereza y las promesas

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Las promesas de Dios para tu vida son de paz en tu familia, en tu trabajo y nación. ¡Decláralo! La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará nuestros corazones sin importar lo que suceda alrededor. Sabemos que en medio de la angustia no podemos tomar buenas decisiones, por eso necesitamos que Él nos llene con Su paz  para pensar mejor y avanzar, seguros de las decisiones que tomamos.

La segunda promesa de Dios es que nos saciará con lo mejor del trigo1 , es decir, con la parte más gruesa y abundante. Él escoge lo mejor para saciarte. ¡Créele, quiere darte lo excelente! Revisa el mejor año que has tenido y piensa que este año será doblemente bendecido. Tendremos paz y seremos saciados con lo mejor, pero debes mantener tu buena actitud durante todo el año, no solo al inicio.

La tercera promesa es que Su Palabra correrá velozmente por la tierra. Este es el año de la más abundante cosecha de almas que hayamos visto. Hasta el último rincón de nuestro país se escuchará Su Palabra y miles creerán, pero debes creerlo tú primero para que suceda. Escucha Sus promesas y cree, no solo atiendas como una enseñanza que entra por un oído y sale por otro. Debemos ser como Pedro que escuchó al Señor y se atrevió a caminar sobre el agua. Hay que poner en práctica nuestra fe, porque estas promesas de Dios necesitan algunos ingredientes para que se cumplan. No se trata de escuchar y esperar sentados, sino de poner manos a la obra y esforzarnos.

Además de estas promesas de bendición y multiplicación, Dios también nos ofrece recompensas por el esfuerzo que hacemos al servirle en Su reino .2 Él es justo y recuerda nuestras obras; no se olvida de nada de lo que has hecho por tus hermanos, así que sirve al Señor formalmente porque desea recompensarte.

El trabajo que hacemos diariamente es recompensado con un salario, pero el trabajo que haces sirviendo al prójimo tiene recompensa en el cielo. Por lo tanto, debemos servir a Dios en Su casa, en el ministerio, con esa misma pasión del inicio, nuestra dedicación no debe disminuir. Lo que significa que no debemos permitir que la pereza nos domine.

Dejemos las excusas a un lado, ya no busquemos pretextos para quedarnos sentados, pasivos, porque Dios puede levantar a alguien de un fracaso, pero jamás de una excusa. No hay forma que el Señor obre en alguien que busca excusas para quedarse en la situación en la que está. Él quiere motivarte, pero si tu actitud es conformista o arrogante, no hay nada que pueda hacer.

Hagamos la pereza a un lado porque Dios quiere que avancemos. Quiere recompensarnos por el esfuerzo que hagamos, quiere darnos Sus promesas, pero no podrá si somos haraganes, lentos e indolentes. Estos son los sinónimos que se usan para identificar a un perezoso. Por el contrario, nuestro Padre nos motiva a ser imitadores, seguidor de quienes tienen fe y paciencia3 . No todos heredamos las promesas al mismo tiempo. Algunos lo logran antes para que podamos imitarlos, y luego, ser ejemplo para otros. El testimonio de cada uno es valioso para quienes pueden verlo y aprender. Por eso es tan importante ser humildes; ese es el requisito número uno para recibir bendición, ya que Dios nos pide ser imitadores, tener una actitud de aprendizaje que un soberbio jamás tendrá. ¿Ves como todo es una cadena? Esfuerzo-humildad-aprendizaje por imitación-promesas.

El Señor nos pide que aprendamos de las hormigas que trabajan sin descanso, guardan su comida y siempre tienen sustento. ¡Eso es sabiduría! La lección que nos dan es de esfuerzo, y el consejo es alejarnos de la pereza que solo nos conduce a la pobreza4 . Así que adiós a la pereza. Ni siquiera digas palabras como: “Qué aburrido, qué lata…”. ¡Levántate y esfuérzate para prosperar!

La Palabra nos enseña que hay descanso para quien se esfuerza y necesita recuperarse, pero no podemos pedir descanso si no lo merecemos5 . Si alguien ve tus resultados, ¿podría decir que mereces descansar? Si camináramos de acuerdo a los valores del Señor, incluso deberíamos ser sinceros y el mes que no nos esforzamos, debemos decir: “Este mes no me pague porque trabajé mal”. ¿Has rendido, has trabajado para merecer lo que te pagan? Este es el año de la milla extra, del doble esfuerzo para alcanzar las promesas. ¡No hay espacio para la pereza! Según la Biblia, deberíamos trabajar doce horas durante seis días, es decir, setenta y dos horas a la semana, y queremos bendición del Señor, quien estableció esa norma, ¡cuando realmente trabajamos solo cuarenta horas! No esperes bendición si no te esfuerzas.

La Palabra nos dice que al perezoso le suceden terribles desastres por dejadez6 . Evita la pereza7. Dios también habla de un hombre que tenía campos y viñas para trabajar, pero es posible no solo dejar de ganar, sino perderlo todo por la pereza . El éxito no es para siempre, y se mantiene solo con diligencia y trabajo duro. El Señor nos dice como a Josué: “Esfuérzate y sé valiente, y todo lo que emprendas bendeciré”. La pereza puede ser tu autodestrucción, capaz de robarte lo que has logrado.

Este año es de doble esfuerzo. Habrá paz, obtendremos lo mejor, y la Palabra de Dios correrá velozmente si somos dedicados, solícitos, esforzados, valientes. Dile al Señor: “Reprendo la pereza en mi vida y en la de mi familia. Seremos ejemplo de esfuerzo para trabajar, estudiar y amar”.

Versículos de referencia

1 Salmos 147:12-15 dice: Alaba a Jehová, Jerusalén;?Alaba a tu Dios, oh Sion. Porque fortificó los cerrojos de tus puertas;?Bendijo a tus hijos dentro de ti. El da en tu territorio la paz;?Te hará saciar con lo mejor del trigo. El envía su palabra a la tierra;?Velozmente corre su palabra.

2 Hebreos 6:10-11 explica: Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza.

3 Hebreos 6:12 continúa: a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

4  Proverbios 6:6-11 (Traducción Lenguaje Actual) enseña: ¡Vamos, joven perezoso,?fíjate en la hormiga!?¡Fíjate en cómo trabaja,?y aprende a ser sabio como ella! La hormiga no tiene jefes,?ni capataces ni gobernantes, pero durante la cosecha?recoge su comida y la guarda. Jovencito perezoso,?¿cuánto más seguirás durmiendo?,?¿cuándo vas a despertar? Te duermes un poco,?te tomas la siesta,?tomas un descansito?y te cruzas de brazos… ¡Así acabarás?en la más terrible pobreza!

5  Eclesiastés 19:17-18 (DHH) comparte: ¡Dichoso el país que tiene un rey honorable,?y en el que los gobernantes?comen a la hora debida,?para reponer sus fuerzas?y no para emborracharse! Al holgazán se le cae el techo;?al que no hace nada, toda la casa.

6  Eclesiastés 10:18 (TLA) advierte: En la casa del perezoso?pasan muchas desgracias:?primero se cae el techo,?y después toda la casa.

7  Proverbios 24:30-34 enseña: Pasé por el campo del perezoso?y por el viñedo del hombre falto de seso: y lo que vi fue un terreno lleno de espinos,?con su cerca de piedras derrumbada. Al ver esto, lo grabé en mi mente;?lo vi y aprendí esta lección: mientras tú sueñas y cabeceas,?y te cruzas de brazos para dormir mejor, la pobreza vendrá y te atacará?como un vagabundo armado.

 

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