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Peleas que cambian nombres

Peleas que cambian nombres

29 de agosto de 2021

Tiempo de lectura: 3 minutos

“Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres. Por eso te bendigo”. Este fue el mensaje de Dios para Jacob.[1] Pero ¿qué significa “luchar con Dios”? Yo lo veo como una lucha que nos conduce al quebrantamiento de espíritu y a la redención de Jesús; sin embargo, según vemos en el caso de Jacob, también se trata de una lucha que nos da un nuevo nombre.

Pero antes Jacob ya había sido bendecido por Dios en más de una ocasión. Primero lo hizo antes de su nacimiento, cuando le dijo a Isaac que, de su descendencia, el menor —o sea, Jacob— sería el mayor.[2] Esto nos demuestra que si el mismo Señor de Abraham e Isaac puede bendecir a Jacob también puede bendecirnos a nosotros porque es nuestro mismo Dios.

La segunda bendición llegó con su nacimiento y el de Esaú, a quien sus padres nombraron por una característica física;[3] mientras que a Jacob lo nombraron por una acción que podemos interpretar de supervivencia: aferrarse al talón de su hermano.[4] Y es que no solo somos bendecidos por nuestras características físicas o por quienes somos, sino también por lo que hacemos: o sea, por nuestras acciones, por nuestro propio esfuerzo: un esfuerzo que, además, debe estar sujeto a la Palabra de Dios.

En muchas áreas de nuestra vida podremos ser tenaces, capaces y valientes; pero lo que no podemos es poner nuestros esfuerzos por encima de Dios, pues caeríamos en un autoengaño que no nos haría avanzar. Nuestras luchas contra nosotros mismos y contra el Señor ocurren cuando ponemos nuestro esfuerzo por encima de Su Palabra. No se trata de negar nuestro esfuerzo y nuestras capacidades, sino de someterlos a Dios.

Muchas personas suelen decir “Yo puedo si tan solo me preparo y me esfuerzo”, pero no se dan cuenta de que sin la intervención de Dios no podemos lograrlo todo. Un ejemplo de ello es la salvación: Jesús vino a regalarnos algo que no podían darnos nuestras propias manos. Asimismo, hay milagros de sanidad que ocurren cuando ya no había nada por hacer. Hay pescas milagrosas que ocurren justo cuando ya dábamos el día por perdido. En resumen: por más que nos esforcemos, hay cosas que solo pueden provenir de Dios.

Cuando seamos capaces de reconocer que ya no podemos por nuestras propias fuerzas, nuestro nombre ya no será Jacob, sino Israel. Y ya no se tratará de nuestro nuevo comienzo, sino de lo que Dios quiere hacer en él. No se tratará de la casa o del emprendimiento que anhelamos, sino de lo que Él querrá hacer en esa casa o a través de ese negocio. Somete tu esfuerzo a la Palabra de Dios y verás frutos invaluables para tu vida.


[1] Génesis 32:22-29: Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel;[a] porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

[2] Génesis 25:21-23: Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor.

[3] Génesis 25:24-25: Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre. Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.

[4] Génesis 25:26: Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob.[a] Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.

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