El plan dentro del plan

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¿Te ha sucedido que has fracasado en algo a un nivel impresionante? Pues al pueblo de Israel le sucedió cuando se apartó de Dios de tal forma que incluso quemaban a sus hijos en ofrenda a otros dioses. Entonces, el Señor los corrigió y luego los levantó; no los desechó, sino que los purificó y les mandó a decir, por medio del profeta Jeremías, que tenía planes de bien para ellos. No importa qué tan bajo has caído, qué tan terrible haya sido su equivocación, Él tiene planes de bien y no de mal; te levantará de cualquier fracaso. Dice: “Voy a restablecer tu bienestar porque tengo buen futuro para ti”. Y cuando el profeta les da el mensaje, parece que cambia de tema entre dos noticias, la de los planes de bien y la de la restauración. En medio de esos dos anuncios, les dice que ellos orarán, invocarán y buscarán a Dios, quien los escuchará y se dejará encontrar. Pero realmente no cambia de tema, sino que les revela el “plan dentro del plan”: Dios quiere conquistar su corazón y el tuyo[1]. Él quiere ser tu amor, tu máxima obsesión, tu primer pensamiento en la mañana y último sueño en la noche, ¡quiere ser lo más importante para ti!

Cuando era soltero, estaba muy enamorado de Kelly, la hermosa mujer que ahora es mi esposa. Yo tenía planes que ella no sabía, y cuando los supo, se encargó de hacerme saber que no los compartía. Sus padres y mis padres eran amigos, yo era parte del ministerio de quien ahora es mi suegro, pero ella no quería nada conmigo; como decimos en buen cristiano: “No le caía la revelación”. Hice muchas cosas para llamar su atención. Le llevaba flores a donde ella estuviera, oraba porque me aceptara, la buscaba y cortejaba sin descanso, pero nada sucedía. Ella era mi plan. Cuando me fui a estudiar al instituto bíblico, en un pequeño pueblo al norte de Nueva York, donde había más vacas que personas, yo le enviaba cartas y ella ni respondía. Y cuando lo hacía, eran solo unas pocas palabras, algo como: “Qué bueno que no te has muerto”. Fueron años de estrechez económica. Para pagar mis estudios era cajero de una juguetería y también trabajaba en una fábrica de remaches; además, el fin de semana era mesero en el turno de noche, de 10 pm a 6 am.

El segundo año en la universidad, no pude viajar para las vacaciones de navidad y para colmo, mi cumpleaños es el 23 de diciembre. Estaba lejos de todos y ella siempre indiferente. En enero, durante una semana de oración, entre dormido y despierto, Dios me habló: “Quiero pedirte que rindas todo plan para casarte con Kelly. Abandona esos sueños”. Me lo dijo fuerte y claro dos veces. ¡No podía creerlo! Me costó muchísimo hacerlo, con todo y que ella se decía: “Entre tú y yo solo habrá una amistad”. Luego, unos días después, Dios me tiró otro bombazo: “Qué tal si te pido que más bien nunca te cases”. ¡Eso era demasiado para mí! Como hijo de pastor, ya había renunciado a mi sueño de ser un economista exitoso y vivir en Manhattan. Yo pensaba que solo me quedaba el sueño de casarme y Dios me pedía que también renunciara a eso. Me tomó algunos días asimilarlo, pero finalmente lo hice. Lloré como nunca, como una quinceañera, aunque con el tiempo fue liberador. Dejé de buscar a Kelly, cambié mi enfoque y ya no me importaba impresionar a ninguna chica. Jesús se convirtió en mi obsesión.

En mayo, estaba en la residencia de estudiantes cuando me dijeron que me llamaban por teléfono. ¡Nadie me llamaba! Y era Kelly para decirme que me extrañaba, que extrañaba mis cartas, mis noticias. Me parecía una broma de mal gusto de parte de Dios. Volví a llorar y protestar porque tuve que ser frío y lejano con ella. Mi vida era una confusión. Entonces, Dios me habló: “Quería saber si Yo era más importante, y ahora sé que no me vas a negar nada, por eso, Yo te la doy”. Esa noche aprendí una lección muy importante: “Lo que es tuyo, realmente no es tuyo hasta que Dios te lo da”. No te aferres a nada ni a nadie. Si Dios te lo pide y no te lo devuelve, no es tuyo. El Señor dice que tiene buenos planes para ti, pero Su primer plan es enamorarte hasta que Él sea tu obsesión. Sus planes para ti incluyen una familia, carrera, profesión y ministerio, pero también hay un plan dentro de ese plan: que Jesús sea tu mejor amigo, que no le retengas nada, que Él sea lo más importante porque se lo merece. Abraham tenía un solo hijo y Dios se lo pidió, pero cuando lo iba a sacrificar, el ángel lo detuvo. De esa forma, se afirmó el pacto entre ambos, Dios lo bendijo y cumplió Sus promesas sin precedentes. Más de lo que anhelas el éxito en todas las áreas, Jesús te anhela a ti[2]. Él es tan celoso que no permitirá que nada tome Su lugar en tu corazón. Seguirá insistiendo hasta que se cumpla Su plan dentro del plan.

¿Qué te ha estado pidiendo Dios? ¿Qué te ha costado trabajo soltar, una ofensa, una relación, un sueño? ¡Suéltalo! Suelta lo que Dios te pide para que se cumpla Su plan. ¿Qué te pide? Una amistad, un hábito, algo material. No es que Dios quiera quitarte cosas, ¡es que quiere darte mejores cosas! Y lo mejor que quiere darte es Su amistad, Su presencia, todo lo demás vendrá por añadidura. Antes de cumplir tu plan, Dios quiere tu corazón, ese es Su plan. Deléitate en tu relación con Él y concederá tus sueños[3]. Dile: “Señor, sé Tú mi visión. Sé Tú mi sabiduría, mi fiel amigo, vive en mí. No busco riquezas ni halagos vacíos, Tú eres mi herencia, mi tesoro”. Él desea ser el corazón de tu corazón. Si Jesús no es tu latir, estás muerto, aunque respires y camines. Hemos perdido la brújula, buscamos otras cosas, anhelamos otras cosas, pero es el momento de comprender lo esencial y rendirnos completamente a Jesús, quien nos dará todo lo demás. Solo Él te dará las mejores ideas, te rodeará de las mejores personas, pero quiere que lo pongas en primer lugar. Que Jesús sea tu visión, tu amor, tu todo. Suelta esa obsesión, suelta lo que te ata y entrégate a Jesús. Dile: “Te rindo ese anhelo, te lo entrego, eres lo más importante”. Entonces, serás libre y llegará a ti lo que Él desea para tu vida.


[1] Jeremías 29:11-14: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.

[2] Santiago 4:5: ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

[3] Salmos 37:4: Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.

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