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Poderosas decepciones

Poderosas decepciones

27 de noviembre de 2022

Tiempo de lectura: 3 minutos

Quizá todos nos hayamos creado grandes expectativas del reino de Dios como le sucedió a Juan el Bautista, quien, al encontrarse en una situación difícil, llegó a dudar de la identidad de Jesús y le mandó a preguntar si era Él el Salvador a quien esperaban.[1] El pueblo de Dios esperaba a la persona que los librara del Imperio Romano, así como Moisés los había librado de Egipto. Las profecías decían que ese Mesías vendría del linaje de Abraham y, por lo tanto, quizá muchos pensaron que nacería con abundante riqueza. También se decía que sería descendiente de David y que gobernaría como él… Todas esas expectativas rodeaban la venida de Cristo, sin embargo, aun desde las condiciones en que se dio Su nacimiento, Jesús no cumplió con las expectativas que muchos tenían de Él.

Recientemente celebramos noches de gloria en varias ciudades de Guatemala. Para hacerlo, tuvimos que convocar a pastores de las distintas ciudades para que ellos a su vez convocaran a sus congregaciones. Cuando hicimos la convocatoria, todos estuvieron muy emocionados por la noticia, sin embargo, su expectativa era que sería mi papá, el pastor Cash Luna, quien las llevaría a cabo; pero se desilusionaron cuando les dije que no sería él, sino yo. Así que alguien nos dijo: “No es lo mismo anunciar noches de gloria con el pastor Cash Luna que con Juan Diego, así que por esa razón no podemos conseguir el estadio municipal para hacer el evento”. Y es que también fallamos a las expectativas de alguien cuando no nos creen capaces de lograr algo.

Los judíos esperaban que llegara un nuevo Moisés que los librara del dominio romano, no a un hombre que naciera en un pesebre, entrara en Jerusalén en un burro y cuya única corona fuera hecha de espinas. Sin embargo, la forma de gobernar de Jesús era distinta y contra toda lógica que se tenía acerca de Su venida: Él vino a servir y no a ser servido.[2] Esa es la razón por la cual en Casa de Dios tomamos como ADN el servicio a Dios y a las personas. Las cosas más hermosas del reino de los cielos vienen de las personas que menos lo esperas. De la misma forma, Dios te ungirá delante de todos y te usará para grandes proezas en la vida de otros.

La presencia de Dios siempre irá contigo. Fue la presencia Suya sobre Abraham, sobre Moisés y sobre David; y también será sobre tu vida. Declara que estás ungido y que Él te bendecirá siempre.

Cualquiera se podría preguntar cómo se establecerá el reino si cuando alguien nos hiera una mejilla debemos poner la otra, pero en eso también consiste ser hijo de Dios: en amar a nuestros enemigos.[3] Nuestro poder no viene por acciones humanas, sino por el poder del Señor que nos respalda y de lo que hacemos en Su nombre a través del Espíritu Santo.[4] De eso se trata el reino de los cielos.


[1] Lucas 17:18-19: Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?

[2] Mateo 20:25-27: Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

[3] Mateo 5:38-45: Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

[4] Marcos 16:15-18: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

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