Sanidad del alma

CONÓCENOS

Todos creemos en la venida de nuestro Señor Jesucristo, por lo tanto, también creemos que nuestro cuerpo, alma y espíritu deben ser guardados irreprensibles[1]. En la mente radican los pensamientos, en el alma, la voluntad, y en el cuerpo, todas nuestras funciones. Somos trinos como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. A veces nos concentramos solo en el cuerpo y pedimos que se vayan los tumores, el cáncer o cualquier enfermedad. En Noches de Gloria hemos visto muchísimos milagros de sanidad, pero si el alma continúa contaminada, la restauración no está completa. Cierta vez, fuimos testigos de algo impresionante, ya que una señora fue sana de artritis deformativa; frente a nuestros ojos, sus manos se fueron enderezando, pero cuando le dije que también debía perdonar, ella gritó, gimió, lloró y sus dedos se volvieron a torcer. ¡Hay que sanar el alma!, porque está comprobado que muchas enfermedades del cuerpo tienen un origen emocional; somatizamos nuestros dolores del alma y el cuerpo se resiente. Así que además de comer bien, hacer ejercicio y cuidar nuestro cuerpo, es necesario que cuidemos nuestra alma, ya que puede debilitarnos. De hecho, la Biblia dice que el buen ánimo del hombre ahuyenta la enfermedad, no dice que la quite, sino que mantiene lejos las dolencias que no han aparecido, por lo tanto, hay que tener buen ánimo frente a la vida. ¡Al mal tiempo, buena cara!

Nuestro Padre desea sanar nuestras heridas del cuerpo y del alma. Lo dijo en el Antiguo Testamento a través de Isaías y también lo dijo a través de Jesús, cuando Él leyó al profeta, ya que de hecho, se refería a la venida del Hijo de Dios[2], quien, venía a sanar, vendar y consolar por medio de la unción del Espíritu Santo. Sabemos que vendar una herida tiene el objetivo de protegerla para que sane. Si te quiebras un brazo, te ponen yeso y un cabestrillo para inmovilizar, además, te recomiendan que no te muevas porque el reposo favorece la sanación. Lo mismo sucede cuando Dios está sanando nuestra alma, lo mejor es no movernos mucho, ¿comprendes la parábola? Hay que alejarnos del asunto, quedarnos quietos por un tiempo para que Dios haga Su obra en nosotros.

Deja de pelear y de guardar rencor porque hacerlo te roba la paz y dificulta que el Espíritu de Dios te dé consuelo. Por supuesto que el consuelo no arregla situaciones como sí lo hace el consejo, por lo que yo siempre digo: “Pide consejo, antes de pedir consuelo”. Ya que lo mejor es evitar los pleitos. Cuando una amiga llegó con nosotros llorando porque su esposo se había ido de casa, la consolamos, pero si hubiera buscado consejo antes de que la crisis fuera inevitable, habría sido más fácil encontrar soluciones. Lo mejor es ir al consejo de la Palabra y poner en práctica la sabiduría de Dios, quien desea edificarnos para que evitemos la crisis. ¡No hay cómo te vaya mal si la Biblia es tu guía! El Señor dice que conoceremos la verdad que nos hará libres. Así que tenemos la capacidad de encontrar la verdad y obtener liberación para nuestra mente, alma y corazón. Pero si no fue posible seguir Sus consejos, Él te ofrece consuelo para que sanes, te levantes y sigas adelante, siempre buscando la paz entre tus hermanos.

Hay heridas en el alma que toman un tiempo para sanar, pero es indispensable que lo logremos porque no debemos guardar resentimientos, amarguras y envidias en el corazón. Sin importar qué tan profunda sea tu herida, el Señor quiere sanarte con la unción de Su Espíritu Santo. Su toque nos llena de gozo, lo que favorece la sanidad de nuestras relaciones. La Escritura dice que cuidemos que ninguna raíz de amargura brote entre nosotros. Si te relacionas con una persona que canta bonitos coros, diezma y ofrenda, pero de su boca sale amargura, estás en riesgo, porque puede contagiarte; si tienes una pequeña herida, sus palabras te amargarán. Qué incómodo es tratar con alguien que nunca se siente bien, que nunca es feliz con ella misma y siempre está inconforme. ¿Verdad? Por cierto, ¡no te enamores de nadie amargado, porque resultarás igual! Esa persona necesita doctor, psicólogo, o psiquiatra, no una pareja sobre quien volcar su desánimo.

Sonia, mi esposa, ya era feliz cuando yo la conocí. Ella no necesitaba alguien que la hiciera feliz, ese rasgo suyo me enamoró. Pero si te enamoras de alguien desdichado y deprimido, terminarás en una relación codependiente que no te edificará, así que lo mejor es sanar nuestra alma antes de buscar una relación de pareja. La felicidad es un atractivo que enamora porque la alegría hermosea el rostro. Ser simpático como reflejo de la sanidad de nuestra alma es una buena estrategia para buscar pareja. ¡No hay feo que sonría que se vea mal! Por eso, a veces decimos que el peor gorgojo se come la mejor mazorca, porque ese “gorgojo” sonriente enamora y las mujeres quedan ciegas cuando él tiene sana el alma, es feliz y la llena de hermosos detalles. No es nada bonito convivir con gente que siempre está triste y que protesta por todo, al contrario, qué bonito es estar con gente alegre, sonriente, que siempre le ve el lado bueno a todo. Debes ser de ese tipo de personas, con un alma sana y un corazón feliz, y te aseguro que nunca estarás solo.

La Palabra dice que el esposo engañado, es decir, molesto y ofendido, no se contenta con nada. Ni una luna de miel funciona[3]. Le ofreces cariño y te responde con desprecio. Nada le satisface a una persona ofendida, puede tener éxito, le pueden dar un aumento de sueldo, podrían promoverlo, pero sigue igual porque eso que se lleva por dentro solo el Espíritu Santo lo puede sanar. ¡Es tan dura la enfermedad del alma que es más fácil derribar un muro que calmar a un ofendido![4] Cuando tenemos un alma contaminada con amargura, en todo se ve una ofensa, aunque realmente no lo sea.  “¿Por qué me llamaste cinco minutos tarde?” “¿Por qué me viste de esa forma?”, reclama el ofendido. Cuando estás mal por dentro, todo te afecta, sentimos que todos están en nuestra contra, cuando no es así. Si llegas tarde al trabajo y te llaman la atención, rápido dices que la tienen en contra tuya y que te presionan demasiado. Si nuestra alma amargada logra que nos convirtamos en una personas “de cristal”, ¡con cualquier cosa nos quebraremos! Nadie está pecando contra él porque le llamaron la atención, pero esa persona siente que lo han ofendido, porque su alma está enferma.

¿Cómo podemos ser hijos de Dios fuertes en el Espíritu, en el cuerpo y en el alma si todo nos ofende? El verdadero cristiano es a prueba de ofensas porque su corazón está lleno por la gracia y misericordia del Señor, porque dice la Biblia que es gloria del hombre pasar por alto las ofensas. Si quieres ser un buen líder, perdona; si la unción está sobre ti para sanar al quebrantado, debes comenzar por tu corazón. Una persona verdaderamente ungida tiene un alma saludable. Hoy debes tomar el  teléfono y dar por saldada esa ofensa. ¿Qué no te nace hacerlo? Pues eso no es importante, ¡ve y hazlo!, porque de eso depende la sanidad de tu alma y tu crecimiento como hijo de Dios. Claro que es incómodo, claro que cuesta, pero es necesario hacerlo. La unción del Espíritu Santo es aceite que funciona como ungüento que te protege y que sana.

Jesús nos pide que resistamos a lo malo. Esto es importante porque significa que es lo bueno a lo que no debemos resistirnos. Seamos duros para ofendernos, pero blandos para ver la bueno y sentirnos halagados. Dejémonos afectar más por las cosas positivas que por las negativas. No es posible que seamos llevados por mal, que lo malo tenga más influencia es nosotros que lo bueno. Si alguien comete un error, antes de ofenderte, recuerda todo lo bueno que esa persona ha hecho y ablanda tu corazón para no juzgar con dureza. Jesús también nos pide que seamos humildes, y lo lleva al extremo diciendo que pongamos la otra mejilla si nos dan una bofetada, que demos la capa si nos piden la túnica y que demos el doble de lo que nos piden, aunque parezca injusto[5]. ¿Por qué llevar la humildad al extremo? Porque ser voluntariamente dócil sana nuestra alma, ya que nos da la certeza de que estamos obrando conforme a la voluntad de Dios, quien nos enviará al Consolador, pero si nos resistimos, quedaremos doblemente heridos. Así que si lo analizas, la sanidad de tu alma siempre depende de ti, no de quien intenta lastimarte. Es nuestra conducta positiva frente a una ofensa lo que nos mantiene saludables.

A todos nos hieren y muchas veces, pero hay que perdonar para no escupir amargura y resentimiento, sino que edificar a otros. Si quieres asumir la posición de víctima, no hay problema, pero lo único que provocarás es lástima, y eso terminará por destruirte. Un enfermo del alma necesita la unción del Espíritu Santo, no lástima. ¿Puedes imaginar una sociedad integrada por personas sanas del alma? ¡No habría personas resentidas, sino gente buscando cómo superarse y apoyar a los demás! Hoy es el día de sanar tu alma del resentimiento y de la amargura. Eres buena tierra para lo bueno, no para lo malo. Pídele al Señor: “Padre, te pido que sanes mi alma, que mis sentimientos sean sanos por el ungüento de Tu Espíritu, trae sanidad sobrenatural a mi ser, que mi enojo, amargura y tristeza se detenga en el nombre de Jesús. Perdono y pediré perdón, reaccionaré correctamente ante las ofensas, declaro que soy mala tierra para el rencor y buena tierra para el perdón”.

Versículos de Referencia:

[1] 1 Tesalonicenses 5:23 dice: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

[2] Isaías 61:1-3 explica: El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.

Lucas 4:18 enseña: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;

[3] Proverbios 6:35 TLA, explica: Además, el marido engañado da rienda suelta a su furia; si de vengarse se trata, no perdona a nadie. Un marido ofendido no acepta nada a cambio; no se da por satisfecho ni con todo el oro del mundo.

[4] Proverbios 18:19 TLA asegura: Es más fácil derribar un muro que calmar al amigo ofendido.

 

[5] Mateo 5:39-42 comparte: Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

 

 

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