Sobrepasando la ansiedad

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Una vez mi esposa se quedó encerrada en el baño de un avión, entró en pánico y se imaginó lo peor. Cuando pudo salir le dije que todo estaba bien, pero en aquel momento había tenido un ataque de ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de incertidumbre e inquietud, un estado de agotamiento o zozobra del ánimo. Cuando somos ansiosos, solemos imaginar un futuro desfavorable.

Todos hemos padecido ansiedad cuando estamos por empezar algo nuevo ―desde casarnos hasta emprender nuevos proyectos académicos o empresariales― porque ante la incertidumbre solemos pensar “¿Y si no funciona?” Pero el antídoto para la ansiedad es la fe. Aunque lo que emprendas sea incierto, Dios tiene planes de bien para nuestra vida y la fe es la certeza de lo que no vemos. Él no nos abandona[1] así que deja de imaginar que todo saldrá mal porque estás dándole más espacio a tu imaginación que a lo que Dios quiere lograr en tu vida, así que lleva tu ansiedad delante de Él y no te desamparará.

El proceso ansiedad se divide en tres etapas. La primera pasa por lo que imaginamos que puede pasar: te llaman del doctor y lo primero que piensas es que te dará malas noticias, o te llama el jefe a su oficina y lo primero que crees es que te va a regañar. Jacob también tuvo ansiedad al huir de su hermano Esaú, imaginándose lo peor.[2] La segunda etapa pasa por las acciones que tomamos luego de imaginar lo peor; en momentos de ansiedad no solemos pensar con cordura y tomamos decisiones que nos podrían costar caro.

Acaso la forma de sobreponerse a la ansiedad esté en la oración que hizo Jacob: él pensó si había sido obediente a Dios;[3] se acordó también de todo lo que Él ha hecho antes;[4] le habló de su situación actual y le pidió lo que necesitaba, sin miedo a expresarle sus temores, diciéndole lo que sentía[5] y no olvidó Sus promesas.[6] De esta forma estarás depositando tu ansiedad en nuestro Padre, se acabará tu preocupación y podrás descansar de nuevo.[7]

La tercera fase de la ansiedad es lo que pasa al final para los que depositan su confianza en Dios. Jacob se había imaginado lo peor cuando su hermano en realidad lo único que hizo al verlo fue abrazarlo.[8] Nuestro Padre tuvo cuidado de Él y confía en que también lo tendrá de ti. Todo saldrá bien porque Jesús ya murió por nuestras enfermedades y por nuestras aflicciones, así que no te imagines lo peor, agárrate de la mano de Dios y sigue adelante. Confía en que dormirás bien y que podrás descansar pensando en que Él está contigo.[9]


[1] 1 Pedro 5:6-7: Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

[2] Génesis 32:2-8: Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom. Y les mandó diciendo: Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y me he detenido hasta ahora; y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus ojos. Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos. Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará.

[3] Génesis 32:9: Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien.

[4] Génesis 32:10: Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán.

[5] Génesis 32:11: Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos.

[6] Génesis 32:12: Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.

[7] Génesis 32:9-32: Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú.

[8] Génesis 33:1-4: Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. Y puso las siervas y sus niños delante, luego a Lea y sus niños, y a Raquel y a José los últimos. Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron.

[9] Mateo 11:28: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

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