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Conservando la amistad

Conservando la amistad

14 de febrero de 2021

Tiempo de lectura: 4 minutos

Hace poco invité al profeta Ronny Oliveira a comer a mi casa, reunión a la que también asistieron dos de mis mejores amigos, de esos que de vez en cuando asisten a Casa de Dios aunque son católicos (no todos mis amigos son cristianos evangélicos). Y mientras platicábamos en la mesa, ellos soltaban algunas palabrotas y salían con cada ocurrencia que nos hacían reír a todos. Cuando se fueron, el profeta me dijo: “Hoy me diste una lección muy grande, pues yo no tengo amigos así”.

La Biblia dice que hay amigos que son más unidos que un hermano, por lo tanto, es importante dimensionar la importancia de tenerlos. Jesús les dijo a sus discípulos que ya no los llamaría siervos, sino amigos.[1] Y si hasta Dios llamó a Abraham Su amigo,[2] ¿cómo es posible que alguien como nosotros pueda pasar la vida sin tenerlos y sin darse cuenta de que los necesita?

En ocasiones anteriores he contado una historia que me impactó mucho, contada a su vez por un periodista del New York Times, acerca de un rescatista que desobedeció una orden para poder ir a la zona de desastre en busca de un amigo que había quedado atrapado entre los escombros. Al llegar donde se encontraba su amigo, este le dijo: “Sabía que vendrías a buscarme”. Y es que es bueno contar con alguien en cualquier momento y en cualquier tiempo.[3] Recuerdo que cuando tomé la decisión de irme de la casa materna pasé algunas penas, pero gracias a Dios ahí estuvieron mis amigos. ¿Cuántos tenemos por lo menos cinco amigos así?

Los amigos son el canal más usado por Dios para bendecirnos, por eso son más valiosos incluso que un fondo de ahorro para la vejez. Porque el dinero nunca caerá mal, desde luego, pero ¿acaso se puede vivir abrazado a la chequera toda la vida? Además, ¿cómo podemos ganar personas para Cristo sin ser amigos?

Antes de recibir al Señor me iba a parrandear todos los fines de semana con Alejandro. ¡Nos colábamos en todas las fiestas! Pero cuando recibí a Jesús en mi corazón, lo llamé y le dije: “Alejandro, sos uno de mis mejores amigos, pero acabo de recibir a Jesús, así que cuando querrás invitarme a una fiesta, por favor ya no lo hagás porque no quiero pecar”. Entonces él me dijo: “Yo no comparto mucho esa tu onda, pero te la respeto”. Y tan buen amigo fue que respetó mi decisión de seguir los pasos de Jesús.

Sé amigo de todas las personas que puedas porque todos necesitamos amigos. Aun cuando sean pecadoras no dejes de brindarles tu amistad. Que no te importe lo que podría pensar la gente de ti por tener amigos que no son santos, sino lo que podría pensar Jesús si los rechazas. Quien me invitó por primera vez a una iglesia fue uno de los que se echaba los tragos conmigo. ¡Bebimos un sábado y el domingo llegamos a la iglesia! Ese día, con los cigarros entre el bolsillo, acepté a Jesús en mi corazón. ¡Y todo fue por medio de un amigo con el que bebía!

La razón por la que hoy Casa de Dios tiene un alcance internacional es simple: hacemos amigos. Hacemos grupos de amistad. Al igual que Jesús, elegimos amigos para hacer el bien. Sin embargo, hay quienes se hacen amigos para hacer el mal.[4] Una amistad nunca debería sacar provecho de la falta o la debilidad de otra persona. Nunca brilles a costillas de la tiniebla de otros ni quieras salir adelante tratando de pasar por encima de los demás.

La amistad es la base de cualquier relación, por eso no envenenes la tuya con chismes porque podrías perder hasta a tus mejores aliados.[5] No creas en todo lo que dicen las redes sociales, pues ya no solo dividen amigos, sino a sociedades enteras. Siempre he opinado esto: si no te consta lo que se dice de alguien, no divulgues el mensaje, ni le tomes captura de pantalla a la noticia para difundirla en chats privados. Cuídate de los “amigos” que te llenan de chismes, así como de los que te llenan de lisonjas y falsos aplausos.

Se dice que “el perro es el mejor amigo del hombre”, pero la verdad es que los mejores amigos de las personas deberíamos ser las mismas personas, así como lo fue Jesús. Por lo tanto, si un amigo te ha ofendido, hoy es buen día para llamarlo y perdonarlo;[6] y si has ofendido a un amigo, es buen día para llamarlo y pedirle perdón. En cualquiera de los casos, quizá tu orgullo pase un mal rato, pero te aseguro que será mucho más lo que ganarás.


[1] Juan 15:15: Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

[2] Santiago 2:23: Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.

[3] Proverbios 17:17: En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.

[4] Lucas 23:11-12: Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato. Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.

[5] Proverbios 16:28: El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos. Los chismes separan a los mejores amigos.

[6] Proverbios 17:9 (TLA): Quien perdona gana un amigo; quien no perdona gana un enemigo.

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