Somos buenos administradores

Somos buenos administradores

Si anhelas abrir un grupo de amistad, un estudio bíblico o simplemente deseas enseñar la Palabra a otras personas, te felicito porque es una maravillosa decisión. En la actualidad muchos están siendo desafiados para ser líderes y si eres uno de ellos quiero hablarte de la importancia de administrar. Sé que los seres humanos somos administradores por naturaleza, pero administrar sabiamente es un mandato de Dios.[1]

Administrar es saber ordenar los bienes. No solo se trata de finanzas ya que también debemos aplicarlo en el ámbito espiritual. De hecho, esa es la forma como Él administra la iglesia con la ayuda de sus ministros.[2] En la Biblia leemos que desde los inicios de los tiempos creyó en las personas y nos diseñó para que pudiéramos valernos por nosotros mismos y nos ayudáramos mutuamente.

De mi esposo me han sorprendido muchas cualidades y una de ellas es su capacidad de administrar la casa, la iglesia, los negocios, etcétera. Dios nos prepara a todos para que, cada uno a nuestra manera podamos cumplir con este mandato. Por eso a cada uno nos asignó una finalidad[3] y nos dio dones que espera que usemos, no que los enterremos.[4] Él nos recompensará o castigará según cómo hayamos actuado con los dones que nos dio.[5] Debemos saber administrar según hayamos recibido[6] y no quedarnos cruzados de brazos. Por eso la Palabra dice que nos expandamos, que nos esforcemos, que no seamos perezosos, que actuemos y hagamos producir nuestros dones.

¿Cuáles son esos dotes que tienes, los regalos que nuestro Padre te ha dado? Pídele que te guíe a descubrirlos si aún no lo sabes; y si ya lo sabes, que te ayude a administrarlos de la mejor manera. De esa forma le demostrarás que fuiste digno de ellos.


[1] Génesis 1:28: Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

[2] Colosenses 1:24-25: Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios.

[3] Efesios 4:11-13: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

[4] Mateo 25:14-18: Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

[5] Mateo 25:19-29: Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

[6] 1 Pedro 4:10-11: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

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