Abriendo caminos

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Mi abuelo, que salió de China huyendo del comunismo ―pero no me pregunten cómo llegó a parar hasta acá― ayudó a abrir el camino entre Coatepeque y un balneario llamado Tilapa, en el Pacífico; pero más que eso, junto con mi abuela abrió un mejor camino que el que conduce a una playa: el camino a la educación de sus hijos. La clave es aprovechar el camino que alguien más nos abre.

Talvez fuiste a la universidad y tus padres tuvieron que mantener dos trabajos para que pudieras hacerlo, y quizá tus hijos ahora no solo piensen en una licenciatura sino en una maestría o incluso en un doctorado. Así es como vamos abriendo caminos: tus padres te los abrieron a ti y tú se los abres a tus hijos. Conocí a una mujer que, con una venta de tostadas y sin saber leer ni escribir, construyó una casa de tres pisos y costeó la carrera de Medicina de su hijo en una de las mejores universidades de Guatemala. ¡Se la llevó la tostada, pero lo logró! También recuerdo a mi madre trabajando mucho para que yo pudiera estudiar, y cuando abandoné la universidad, Dios me dijo que regresara a terminar mis estudios y graduarme para honrarla, pues ella ya había trabajado tanto para eso. Entendí que debemos ser personas que honren a quienes nos han abierto caminos. La razón por la cual no critico a las religiones es, precisamente, porque ellas también nos abrieron el camino que a nosotros nos condujo hasta acá. Es como cuando tus padres son cuadrados y no están a la moda como tú, pero a fin de cuentas fueron ellos quienes trabajaron para que tú pudieras usar ese pantalón a la moda que ahora usas.

Y es que Dios manda a no recordar el pasado porque Él mismo se encarga de abrir nuevos caminos.[1] Ya hizo maravillas antes, y las volverá a hacer, aunque de distinta forma. Tiene tanta creatividad, que no ha abierto dos veces el mar del mismo modo ni ha creado a dos seres humanos iguales desde Adán. Al Señor le gusta sorprendernos y tiene un camino nuevo para ti en este año y en el que está por empezar. Si Él puede abrir un camino en el mar, ¿dónde no lo podrá abrir?

Hay ciudades donde los planos de todos los inmuebles deben estar en el departamento de bomberos y no puedes hacer un cambio arquitectónico en tu casa sin que ellos lo autoricen. Los propietarios, por ejemplo, no pueden mandar a sellar ventanas exteriores sin la autorización del cuerpo bomberil, pues en caso de un incendio, ellos ya sabrían por dónde entrar a salvar a las personas atrapadas por las llamas. Del mismo modo, cuando te sientes angustiado, Dios también sabe por dónde te va a salvar, así como lo hizo con Moisés,[2] que con todo y la sabiduría adquirida en sus años de formación en Egipto, jamás se hubiera imaginado que el Mar Rojo podía abrirse con solo tocarlo con un cayado. Esto, Moisés no tenía por qué saberlo antes de tiempo, Dios estaba preparado para sorprenderlo. A ti también muchas veces te tomará por sorpresa el problema, pero también te sorprenderá la solución del Señor. Las cosas que llegas a conocer con mucho tiempo de anticipación podrían obrar de forma negativa en tu forma de pensar, así que mejor espera porque en cada momento Dios tiene un nuevo camino que abrir, no te afanes por el mañana. Él es el portero que nos saca del encierro y de cualquier aflicción,[3] tiene la llave que abre y nadie cierra.[4] “Llamad y se os abrirá”, dice Su Palabra.[5]

Antes de que Dios le abriera camino a Moisés en el mar, le abrió las puertas ante el faraón. Cuando Él abre una puerta, no hay nada que la pueda cerrar, por tanto, no pierdas la confianza. El camino que Él abrió para ti no es para que tus perseguidores lo pisen. Recuerda cómo le abrió la puerta a Israel a través del Mar Rojo, pero no a los soldados de Egipto.

Moisés solo disponía de un cayado que no tenía nada de extraordinario, pero eso bastó para que Dios hiciera milagros. A veces nos preocupamos demasiado por lo que no tenemos en vez de pensar qué podemos hacer con lo que ya está a nuestro alcance. Solo la gente que no se auto-menosprecia es capaz de ver que, con lo poco que tiene, puede hacer cosas grandes con la ayuda de Dios; es la misma gente que tiene fe como para creer que cinco panes y dos peces pueden alimentar a más de cinco mil personas; ahí es donde la ciencia no puede y dice “lo siento, aunque tuvieras dinero para comprar diez mil panes, de todas formas aquí no hay una panadería”. ¿Qué pones por excusa hoy para que Dios no abra el camino? ¡Tan solo deja que te sorprenda!


[1] Isaías 43:16-19: Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

[2] Éxodo 14:15-16: Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.

[3] Juan 10:3: A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

[4] Apocalipsis 3:7: Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre.

[5] Mateo 7:7: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

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