Acepta la invitación

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La Palabra nos habla de un hombre que preparó un banquete e invitó a mucha gente a disfrutarlo.  Al leer con atención, vemos que los invitados ya estaban en el lugar y el sirviente salió a decirles que pasaran adelante porque ya todo estaba listo. En ese momento, se excusaron para no entrar (Lucas 14:16-17).

Este pasaje me hace recordar invitaciones que he hecho y me han hecho. Una de las más importantes que hice fue la invitación para mi boda. Sonia y yo preparamos todo con dedicación, no teníamos mucho dinero, así que nuestras invitaciones fueron sencillas, aunque muy lindas. Quienes nos amaban, no nos rechazarían.

Otra invitación que recuerdo fue la que me hicieron para predicar un miércoles en una asamblea de aproximadamente 60 personas. Era mi primera ocasión formal y me preparé comprando el mejor traje que pude pagar.  Esa era una oportunidad de oro, era un honor y la acepté lleno de gozo. Una invitación es una oportunidad y nunca hay que desaprovecharla.

Cuando Jesús nos invita a servirle,  nos da la oportunidad de ganar galardones. No importa si eres empresario, obrero o estudiante, todos debemos aceptar la oportunidad de servirle.No obtendremos galardón en el cielo por nuestros éxitos empresariales, sino por la cantidad de personas que llevemos al conocimiento de Dios.

Tuve la oportunidad de predicar en Inglaterra la semana que se casó el príncipe William con su prometida Kate. Era impresionante ver los preparativos. Pensé: ¿qué pasaría si me hubieran invitado? Si esa invitación de la realeza terrenal es un honor, ¿cuánto más significa la invitación que nos hace nuestro Dios? ¡La invitación del Señor es la más valiosa que puedes recibir en toda tu vida, no la rechaces!

Lucas 14:18-20 cuenta lo que dijeron los invitados al banquete. Ellos estaban conscientes de que rechazaban algo importante porque “rogaron que los excusaran”.  En el original,  la palabra “ruego” es la misma que se utiliza para “orar”. Recordemos que la oración es le medio para comunicarnos con Dios, agradecerle por Sus bendiciones y pedirle que nos libre de la tentación, no para excusarnos porque no queremos servirle.

Veamos que las tres razones que los convidados dieron son excusas tontas. El primero dijo que había comprado una finca y debía verla. Nadie compra algo sin verlo primero, además, era de noche, era ridículo decir que iba a inspeccionarla en medio de la oscuridad.  Imaginemos que iba con una linterna de aceite, ¿qué podría ver? ¡Nada que estuviera más allá de su nariz!  Es una excusa tan tonta como la que dio el segundo convidado al decir que había comprado unos bueyes que debía probar. ¡Seguro quería arar la tierra del otro ingenuo! Me suena como si fueran dos de los tres chiflados. Y el tercer chiflado es quien se excusó porque se había casado, cuando los recién casados buscan llegar tarde a su casa, felices porque ya no tienen que dar explicaciones a nadie por lo que hacen. No puedes poner excusas baratas para no servir a Dios que todo lo sabe. No uses la oración para decirle: “Dejo el grupo, dejo de servirte porque estoy cansado”. Usa la oración para decirle: “Gracias por la invitación que  me das para servirte,  renueve mis fuerzas para hacerlo bien y perseverar”.

Entonces, el amo se enojó al ser rechazado (Lucas 14:21-22). Nuestros rechazo puede cambiar el estado de ánimo al Señor y provocar que envíe por los pobres que no pueden menospreciarlo por comprar  algo, y que llamen a los mancos que no pueden excusarse por el trabajo pendiente.  Dios buscará a quienes se sientan honrados con Su invitación y la acepten encantados.

El Señor quiere que Su casa se llene para no dejar lugar a quienes se negaron a aceptar Su invitación (Lucas 14:23-24). ¡De esa forma serán rechazados quienes le rechazaron!  Quienes más bendición han recibido, más compromiso tienen de no rechazar al Señor. Pareciera que mientras más servimos a nuestro Señor, más nos acomodamos y corremos el riesgo de olvidar o relativizar Su gran valor y majestad. No nos olvidemos de quién es Él.

Nunca he visto a Jesús rogar a nadie para que le sirva o detener a alguien que renuncia hacerlo. Si te has alejado porque pecaste, Dios te da la oportunidad de restaurarte y tomar de nuevo tu lugar.  Si estás cansado, acércate más a Él y pídele nuevas fuerzas, seguro te las dará. Nunca te rindas y le abandones. Acepta Su invitación, permítele entrar en tu corazón y darte vida eterna. Verás que nunca te arrepentirás de hacerlo porque servirle y disfrutar de Su banquete es un gran honor.

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