Adaptando mis planes a Sus planes

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Planificar es ver hacia el futuro y como cristianos, es necesario que lo hagamos de la mano de Dios, quien no deja nada al azar, al contrario, todo en el universo va de acuerdo a Su plan perfecto. Tu vida, tu nacimiento, tu futuro han sido diseñados por Él, así que la tarea es alinearte a esos planes que siempre serán de bien.

Cuando iniciamos cualquier obra o proyecto, debemos planificar detalladamente, tomando en cuenta cada aspecto, ya que para realizar algo, hay que analizarlo y comprenderlo. Además, es necesario tomar ánimo y asegurarnos de que estamos haciendo algo que agrada al Señor, por lo que Su apoyo no nos hará falta, y Él proveerá los recursos que hagan falta. Eso era lo que David le decía a su hijo Salomón[1]. Así que debemos planificar con el Señor todo lo que haremos, porque solo Él nos da claridad y fortaleza, especialmente en los momentos de desánimo, cuando es necesario hacer algún ajuste a los planes para alcanzar el fin que esperamos. Pero si no planificamos de la mano de nuestro Padre, ¿cómo sabremos que estamos haciendo lo correcto? Por eso es tan importante buscar desesperadamente esa relación íntima con Él, ya que solo con el rumbo claro es posible avanzar.

Dios dice que perfeccionará la obra que hará en nosotros. Esa promesa es la que debe sostenernos cuando dudamos si vamos por el camino correcto, ya que si seguimos Sus planes, Él se encargará de ajustar la ruta si nos desviamos, y nos levantará si nos caemos. Lo importante es permitir que el Señor nos dicte cuál es Su voluntad y dejarnos moldear por Sus enseñanzas, ya que en todo momento necesitaremos carácter para hacer realidad nuestras metas.

¿Por qué a veces sentimos que nos estancamos en el cumplimiento de nuestros planes? Porque hemos recibido a Jesús como Señor y Salvador, pero no permitimos que transforme nuestro pensamiento. Ser salvos es el primer paso para una vida nueva, pero no es el único, hay que cambiar de mentalidad para mejorar de verdad a todo nivel. Por eso, Dios nos dice que Él sabe qué pensamientos tiene sobre nosotros, de paz y no de mal, para darnos el fin que esperamos, para lo cual los buscaremos con todo nuestro corazón[2]. En otra versión de la Biblia, en este mismo pasaje se sustituye la palabra pensamientos por planes, así que se lee que Dios sabe qué planes de paz tiene para nosotros. Y suena lógico, porque un plan se fundamenta en un pensamiento. Si no cambias tu manera de pensar, tus planes serán iguales a los de otros, pero Jesús espera que nuestro pensamiento y planes sean diferentes, según Su poder, el cual actúa en nosotros. Si has nacido de nuevo, si eres templo del Espíritu Santo no puedes hacer un plan de ventas o un plan para tu familia igual a aquellos que no confían en Dios sino en sus fuerzas. Si sabemos que Él puede darnos más abundantemente de lo que pedimos, nuestros planes deben ser más exigentes. ¡Proyecta tu vida de acuerdo a los planes de Dios, de acuerdo a Su sistema de abundancia! Nuestras metas deben ser altas, porque solo así buscaremos al Señor como nuestro socio. Deben ser metas que nos obliguen a doblar rodillas y clamar por Su fuerza, Su Palabra y Su poder.

¿Cómo saber si las metas que vienen a tu mente son inspiración de Dios? Deben ser grandes, de bendición para muchos, retadoras porque exigen fe, además de esfuerzo y trabajo en equipo. Dios inspira planes que pueden sorprender por su inmensidad, pero si los aceptamos y nos alineamos a ellos, Él siempre proveerá las fuerzas, los recursos y nos acompañará hasta que la obra se dé por terminada. Sus planes siempre proyectan mucho más abundancia de lo que podemos pedir y comprender. Él no quiere que planifiques ganar el sueldo mínimo para alimentar a tu familia, sino que ¡planifiques tener tu negocio y darle trabajo a muchos! Al exigirte el máximo esfuerzo para realizar los planes que has definido, tendrás que acercarte a Él y clamarle. Entonces tu fe se fortalecerá y sabrás que no lo lograrás con tus fuerzas sino con las del Señor. ¿Ves cómo tu vida será testimonio de alabanza por las grandes obras que Dios hace con Sus hijos? Reescribe tus planes, piensa en el doble de lo que habías imaginado, al punto que digas: “O Dios se mete o esto no sucede”. ¡Pon tu mirada en las promesas de tu Padre, no en las de los hombres! No te conformes con poco, transforma y renueva tu entendimiento y planifica abundancia porque bendecirte es la voluntad de Dios[3].

Deja de pensar como la persona promedio, haz a un lado los pensamientos de derrota, ¡ve y toma las bendiciones que son tuyas, para tu casa, para tus finanzas y para tu relación con el Señor! Dejemos que Dios ponga nuevos pensamientos en nuestra mente, esforcémonos y aprendamos a esperar en Su tiempo, el cual es perfecto. Recuerda que eres hijo de Dios, Su heredero, no esclavo[4]. Deja de menospreciarte, porque Jesús vino a liberarnos de todo yugo y opresión. Cristo vino a redimirnos de pecado con un plan de salvación; por Su herida fuimos sanados, así que tenía un plan de sanidad; y por Su pobreza fuimos enriquecidos, por lo tanto tenía un plan de bendición financiera. Él nos trajo salvación, sanidad, bienestar, y vida en abundancia. ¡Ese es Su plan!

Por lo tanto, tus planes deben responder a los Suyos ya cumplidos, deben buscar Su cobertura. Si te salvó, tu plan debe ser santificarte; así que proyecta alejarte de la tentación, escoger mejor a tus amistades, buscar personas y situaciones que te edifiquen, no que te pongan en riesgo. Si te sanó, tu plan debe ser conservar la salud, alimentarte bien, hacer ejercicio, no contaminar tu cuerpo. Si con Su pobreza te sacó de la tuya, tu plan financiero debe incluir estrategias para ahorrar, salir de deudas, ser más productivo y ser propietario. Si logras alinearte de esa forma a los planes de Dios, no dudes que el tiempo de la bendición sobreabundante llegará. Este es el momento, Su gracia está sobre ti y sobre los planes de bien que pienses para esta nueva etapa. Verás hecho posible lo imposible.

No eres una casualidad, eres linaje escogido, eres parte de una nación santa[5].  Como nosotros escogemos la fruta, Él nos escogió, nos adquirió con delicadeza, así que ya no más sentimientos de rechazo. Desde siempre, Su plan fue salvarte para que anunciemos Sus virtudes, para que nuestra vida sea testimonio de Su amor y Su poder para hacer el bien. ¿De qué forma serás Su mensajero? ¿Cómo lo servirás y honrarás? No le des la espalda a quien te escogió, quien te salvó, te sanó y te prosperó. Dentro de tus planes debe estar servirlo con pasión, de lo contrario solo eres un admirador, pero no le das Su justo valor. Hay que demostrar que lo valoramos al servirlo predicando Su Palabra, llevando Su mensaje de salvación, porque Su plan es alcanzarnos a todos.  Él nunca es escaso, la abundancia es Su sello personal y debe ser el tuyo.

Versículos de Referencia:

[1] 1 Crónicas 28: 19-21 dice: Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño. Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová. He aquí los grupos de los sacerdotes y de los levitas, para todo el ministerio de la casa de Dios, estarán contigo en toda la obra; asimismo todos los voluntarios e inteligentes para toda forma de servicio, y los príncipes, y todo el pueblo para ejecutar todas tus órdenes.

[2] Jeremías 29:11-13 comparte: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

[3] Romanos 12:2 enseña: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

[4] Gálatas 4:4-7 explica: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !!Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

[5] 1 Pedro 2:9-10 asegura: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

 

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