¡Adáptate!

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La naturaleza nos muestra que adaptarse es valioso para sobrevivir. Lo vemos en muchos seres que se mimetizan con el ambiente para que sus depredadores no logren verlos. Los animales se adaptan a su entorno para evolucionar. Lo mismo debemos hacer nosotros, ya que necesitamos aprender a adaptarnos. Las relaciones interpersonales, especialmente con la familia son un asunto de adaptación. En el noviazgo, el matrimonio, la relación con los hijos, todo requiere adaptación, porque los humanos cambiamos constantemente por lo que no debemos resistirnos a la transición. Yo le doy gracias a Dios porque me bendijo con Sonia, quien, como madre y esposa, tiene una sorprendente capacidad de adaptación y ha sabido acompañarme y apoyarme durante los cambios que hemos enfrentado en nuestros 27 años de matrimonio.

Abraham es una buen ejemplo de alguien que se adaptó al cambio por obediencia y por fe, por lo que recibió bendición. Cuando Dios le mandó salir de su tierra1, seguramente Sara le preguntó a dónde iban, pero él no lo sabía y ambos tuvieron que avanzar como a ciegas, decididos a enfrentar las circunstancias. Esa admirable actitud de apertura al cambio y de adaptación rindió sus frutos. Cuando llegaron donde el Señor los condujo, continuaron los cambios y su fe los sostuvo para creer porque tendrían un hijo y lo educarían a pesar de su avanzada edad. Abraham y su esposa se adaptaron a todo, a salir de la pobreza y avanzar a la abundancia, se ajustaron a la realidad de no tener hijos y también a la promesa de ser padres de multitudes. Lo mismo hizo el apóstol Pablo quien decía que sabía vivir en abundancia y también en escasez, porque las circunstancias cambian y es necesario aprender a ser felices en todo momento.

Las familias debemos aprender a convivir, como sea, en riqueza o en pobreza, en salud o en enfermedad, pero felices. El poder de adaptación es lo que hace sobrevivir a una familia. Es difícil, especialmente en la economía porque es desagradable enfrentar épocas de escasez, pero la unión es lo más importante. Transmite el valor de la unidad a tus hijos porque de ello depende que su corazón tenga la fortaleza para adaptarse al cambio.

Frente a una enfermedad, frente al divorcio o una dificultad económica, hay que adaptarse en familia.  Yo crecí solo con mi mamá, no tuve hermanos y aprendí a sobrevivir esa situación sin perder mis valores, más bien, aprovechando cada momento como un valioso aprendizaje que me ha servido durante toda la vida. El cambio es inevitable, así que ¡Adáptate!

Un día, tú y tu pareja se despedirán, por lo que debes luchar por tu felicidad ahora, para no lamentarte después por el tiempo que perdiste al no adaptarte. A los hijos les recomiendo que colaboren con sus padres, no los presionen para que les den algo que es imposible para ellos, más bien ofrézcanles el servicio que puedan darles para superarse en familia. Los padres no deben sentirse avergonzados si los hijos los ayudan en algún momento de crisis, porque eso les da la oportunidad de ver los valores que han formado en ellos. Dale tu tiempo a Dios y a tu familia.

Conocemos la historia de Nohemí quien al quedarse viuda y sin hijos, le pidió a sus dos nueras que la dejaran porque no podía ofrecerles nada. Rut era una de esas nueras y con valentía le respondió que se quedaría a su lado sin importar lo que sucediera2. En otras palabras, le dijo que se adaptaría a todo con tal de honrarla, respetaría el compromiso que había adquirido al casarse con su hijo, aunque él hubiera muerto.

De esta forma nos enseña que el compromiso es lo que motiva la capacidad de adaptación. Cuando eres fiel a lo que has prometido a quienes confían en ti, eres capaz de adaptarte a cualquier circunstancia porque tu compromiso es sólido y no depende de lo que ocurra a tu alrededor. Así es como los matrimonios perduran a pesar de todo, y los padres están dispuestos a enfrentar cualquier problema por amor a sus hijos. Que la dificultad no te robe la capacidad de apreciar lo que tienes. Hay problemas, no estamos exentos del dolor, pero si nos adaptamos lograremos ser felices. Adáptate, comprométete a ser feliz y a enseñar valores que ayudarán a sobrevivir a tus seres queridos. Decídete a enfrentar con valentía los retos y verás que sin importar lo que suceda, nadie te quitará la felicidad que has alcanzado gracias a tu capacidad de adaptarte a lo que venga.

Pon tu situación y a tu familia en manos del Señor, quien te dará la fe y el compromiso necesarios para adaptarte y sacar lo bueno de cualquier situación. Dale gracias por todos los momentos que has vivido, pídele perdón porque a veces has protestado por lo que debes vivir y por las oportunidades que te ha dado para demostrar que tienes la fuerza y el valor para seguir adelante.

Jesús se adaptó, no estimó ser Dios, sino que se hizo hombre y siendo hombre, se hizo sirviente, por lo que obedeció hasta la muerte y muerte de cruz. Él, siendo fuente de toda bendición, murió como un maldito por amor, porque Su sacrificio era necesario para darnos salvación, y por su capacidad de adaptación y humildad, ¡fue exaltado hasta lo sumo! Nuestro Señor, al ver que eres capaz de adaptarte, al ver tu humillación, te levantará de nuevo. Dile al Señor: “Padre, pongo a mi familia en Tus manos, gracias por ayudarnos a tener la fe y el compromiso para adaptarnos a lo que venga”.

Versículos de referencia  

1 Génesis 12:1-2 relata: Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

2 Rut 1:16-17 comparte: Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos.

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