Aprenderé y produciré

Aprenderé y produciré

Muchas veces cometemos el error de invertir más tiempo y dinero en entretenimiento que en adquirir conocimiento, pero si fuera al revés probablemente tendríamos más recursos a nuestra disposición. Hay cuatro etapas por las que pasan las personas en su proceso de aprendizaje. En cada una de estas etapas pueden ser:

Podemos verlas ejemplificadas en la parábola del hijo pródigo. Pródigo en el diccionario significa “Que desperdicia y consume su hacienda en gastos inútiles, sin medida ni razón”. El error del hijo pródigo no solo es separarse de su padre sino malgastar lo que le recibe de él. De igual forma puede ser que estemos cerca de Dios, pero malgastando las bendiciones que Él nos da, ya que eso también nos convierte en pródigos. Entonces ¿cómo administramos los recursos que nos da Dios?

En la parábola leemos que el padre reparte bienes de su herencia a ambos hermanos[1] y el hijo pródigo despilfarra todo en placeres pasajeros y mundanos.[2] Al no saber cómo su padre había producido sus bienes, ahora tampoco sabe cómo recuperarlos. En este punto él se encuentra inconscientemente incapaz ya que no entiende por qué le está yendo mal. Esto pasa cuando no sabemos lo que cuesta producir recursos: no los valoramos y los desperdiciamos. Bienes más ignorancia es igual a escasez.

En la vida hay circunstancias difíciles de manejar[3] pero si percibimos que nos empiezan a faltar recursos debemos buscar soluciones antes de que sea peor. No esperemos a estar en la nada para movernos. El hijo pródigo cobra conciencia y vuelve en sí en el peor momento, dándose cuenta de que incluso los jornaleros de su padre tienen abundancia de pan mientras que él vive en la escasez.[4] Es así como se da cuenta de su incapacidad y decide regresar con su padre.[5] No solo para salir de la pobreza, sino para adquirir los conocimientos necesarios para producir y administrar bienes de manera diligente hasta convertirse en una persona conscientemente capaz.

Mientras fabricamos la herencia también debemos formar al heredero. A nuestros hijos no solo debemos consentirlos, también debemos instruirlos. Las enseñanzas y el conocimiento que les trasmitimos son el mejor legado que pueden recibir de nuestra parte, aún más valioso que cualquier herencia. Y aunque es cierto que el padre del pródigo se prepara con algarabía para recibirlo de vuelta, notemos también que no vuelve a darle bienes.[6] El hijo aprende su lección y ahora sabe que lo más valioso que puede recibir de su padre son sus enseñanzas y no sus recursos. Estuvo dispuesto a someterse a un proceso de aprendizaje y es esta la actitud que nosotros debemos imitar.

Pidámosle a Dios que nos enseñe a administrar todo lo que Él nos da. El león es un animal que gane o pierda no vuelve atrás.[7] No es el más grande, pero es el que más ruge. El poder lo tiene en su boca tal como las personas comemos del fruto de nuestros labios.[8] Si nos quedamos quietos somos blanco fácil para el fracaso, por eso debemos mantenernos en movimiento y continuo crecimiento. ¡Mantengámonos perseverantes en nuestro proceso de aprendizaje! Los cristianos tenemos derechos y promesas para vivir bien, así que caminemos confiados porque el Señor ha preparado cosas grandes para nosotros.


[1] Lucas 15:11-12: También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.

[2] Lucas 15:13: No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

[3] Lucas 15:14-16: Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.

[4] Lucas 15:17: Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

[5] Lucas 15:18-19: Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

[6] Lucas 15:20-24: Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

[7] Proverbios 30:30: El león, fuerte entre todos los animales, Que no vuelve atrás por nada.

[8] Proverbios 18:20: Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios.

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