Bienaventurados los que buscan justicia

CONÓCENOS

 

La historia de Noé demuestra que Dios guarda al hombre justo y a su familia porque halla gracia delante de Él. Imagina qué grande era el dolor del corazón del  Padre para decidir destruir Su creación, pero tuvo misericordia y buscó a un hombre justo con quién hacer un nuevo pacto (Génesis 6:5.9).

Tu casa se salvará si eres justo. De la misma forma que sucedió con Noé y los suyos. No olvidemos que la justicia de los humanos provoca una cosecha de justicia divina. Nuestra obras determinan lo que recibimos y lo que heredamos a nuestra familia. Aprende a ser una persona justa en lo que hace porque solamente de esa forma recibirá justicia. Compartir, perdonar y amar al prójimo es justo ya que todo lo hemos recibido de las manos del Señor.

Otro ejemplo es Abraham quien intercedió por Sodoma y Gomorra delante de Dios (Génesis 18: 23-26). Tuvo una conversación con Él y parece una negociación arrogante pero es el reflejo de la relación entre el Señor y un hombre que sabe de justicia y la practica. Ser justo te acerca al trono del Señor y te da poder para pedirle.  En su intento por convencer a Dios de salvar la ciudad, Abraham fue disminuyendo la cantidad de justos porque sabía que realmente no encontraría muchos. Finalmente Dios le dijo que la salvaría si encontraba 10 justos en ella, pero solamente Lot y su familia “calificaron” para ser salvos. De nuevo, la justicia ofrece salvación porque van de la mano. La fuerza del justo puede mucho delante del Señor porque puede entenderse con Él, utilizando el mismo lenguaje.

La historia de Zaqueo habla de cómo las manifestaciones de justicia inician desde el momento cuando el Señor entra en una casa (Lucas 19:1-9). Este cobrador de impuestos se alegró cuando Jesús le dijo que llegaría a su hogar. La justicia empezó a operar en la vida del pecador que prometió ¡regalar la mitad de sus bienes y restituir cuatro veces más de lo que había robado!  Devolvía lo que injustamente estaba reteniendo. Esas obras de justicia alcanzarán al hombre que las hace. Es decir, la justicia divina funcionará para el que endereza su camino como para aquellos a quienes había dañado.

Noé y Abraham salvaron a su familia por justicia. Zaqueo también habla de salvación para él y para los pobres y para quienes fueron restituidos. La justicia divina es muy poderosa.

La Palabra dice que Dios vendrá como fuego purificador y jabón que nos dejará limpios. Él nos afinará  como plata para que seamos dignos de presentar ofrenda ante Su presencia (Malaquías 3:2-6).  Las ofrendas son justas y nos dan poder si actuamos justamente.

Entonces, si tienes un trabajador al que no le has dado lo prometido, no le pagas sus comisiones y le descuentas hasta el modo de andar, ¡estás en problemas! No busques justicia porque no la encontrarás.  Lo mismo se puede decir de cualquiera que se aprovecha de otro. Todos recibirán lo que por justicia han cosechado, sea bendición o dificultad. Si eres un hombre justo que ofrenda y agrada a Dios, no temas, porque nada te faltará y serás favorecido.

La Palabra dice que Dios rechazará a quien sea desleal con la mujer con quien hizo pacto (Malaquías 2:13-14). Los adúlteros no tienen audiencia ante el Señor que respeta el pacto hecho entre los hombres.  El pecador no puede pensar que la ofrenda limpia su falta. Si estás arrepentido, puedes acercarte y honrar a Dios, pero debes enderezar tu camino y no pecar más para que la justicia obre a tu favor y te devuelva la gracia que has perdido. Nos gusta ser beneficiados por la justicia, pero también debemos recordar que hay penalización si no respetamos nuestros pactos.

Recuerda que todos fuimos pecadores dentro de Su justicia. Había un acta que nos condenaba eternamente a la muerte, pero hubo un juicio donde el diablo presentó sus argumentos contra nosotros y el Señor no se negó a la justicia, por eso, para salvarnos, Su Hijo fue condenado y pagó por nosotros el precio de ser salvos.

No ganamos el cielo por nuestras buenas obras, sino por la justicia que se hizo a través de Jesús. Dale gracias por haberte justificado, entrégale tu vida para que te limpie, convirtiéndote un hombre nuevo, digno de honrarle. Prométele que harás obras justas en la tierra para cosechar Su justicia en tu vida y bendecir a tu familia.

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