Cambiando tu nivel de fe

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La fe tiene niveles que podemos alcanzar, conforme vamos creciendo en conocimiento de la Palabra de Dios y permitimos que renueve nuestro entendimiento. Nunca debes dejarte dominar por el temor, más bien, abre tu mente y corazón para cambiar tu perspectiva del mundo y de lo que el Señor anhela para ti.

Nuestro Padre pide que nos dejemos transformar para ser capaces de comprobar cuál es Su voluntad, y para lograrlo, lo primero es renovar nuestro entendimiento, nuestra mente, donde se origina todo pensamiento1. Entonces, debemos pensar diferente para lograr lo bueno que esperamos. Sabemos que Dios quiere restaurar a nuestra familia, pero debemos dejar de insistir en esa idea que no nos ha funcionado para lograrlo y confiar en Su misericordia. Si por mucho tiempo has pensando y actuado de la misma forma y no logras los resultados que esperas, ¿no crees que es momento de dejarte renovar y buscar otras alternativas? No seas necio, aprende a ser sabio y déjate renovar por la fe. Es necesario que busquemos otras formas de entender lo que sucede. Esa disposición y apertura te ayudarán a encontrar la voluntad de Dios y actuar en fe.

Entendimiento es la capacidad de juzgar de forma sobria, calmada e imparcial una realidad espiritual, es el juicio que emitimos basado en la información, por ello es importante comprender algo antes de juzgarlo, ya que si lo que entendemos es equivocado, nuestro juicio también lo será. De esa forma es que muchas veces cometemos errores al juzgar a una persona sin conocerla. Un ejemplo de juicios sin entendimiento es el de la ofrenda, ya que muchos dicen: “No es tan importante”, cuando la Escritura nos habla tanto sobre eso y vemos que fue lo único por lo que Jesús se enojó. Negarnos a aceptarlo es cerrar nuestro entendimiento a la renovación que nos llevará a otro nivel de fe. Así que en todo momento, nuestro discernimiento debe fundamentarse en el conocimiento de la Palabra de Dios, por eso es tan importante leerla y escucharla, porque solo podremos ser transformados y comprender Su perfecta voluntad cuando permitamos que nuestra mente se renueve.

No des espacio a los malos pensamientos, lo que implica aprender a interpretar positivamente la información que recibimos y vivir confiados en Su amor. El mundo nos dice: “Piensa mal y acertarás”, pero el Señor nos dice: “Porque por fe andamos, no por vista”2. ¿A quién rendirás tu voluntad? Repítelo hasta que esta verdad impacte tu mente: “La voluntad de Dios para mi vida es buena, agradable y perfecta, por eso debo buscarlo con fe”. Nuestro Padre nos ama y quiere lo mejor para nosotros. En el cielo no hay tristeza ni dolor, así que permite que tus pensamientos sean los de Dios, para que tu voluntad actúe conforme a la Suya. Él te guiará si se lo pides, no lo dudes.

En la Palabra vemos muchos ejemplos de la renovación de la mente que el Señor nos propone. En el caso del ciego de nacimiento, Jesús cambió el entendimiento de los discípulos al provocar que dejaran de pensar en culpables para ese mal y se concentraran en buscar la voluntad de Dios, la oportunidad de milagros y salvación que esa ceguera implicaba3. ¿Ves cómo en una misma situación puede cambiar la perspectiva, lo que altera el resultado? Eso es lo que debemos pensar: “No importa lo que suceda, la gloria del Señor se manifestará en mi vida porque Su voluntad es perfecta para mí y lo alabaré en cualquier situación”.

Sin ninguna duda, las obras de Dios se manifestarán si cambiamos nuestro pensamiento, lo que cambiará nuestra percepción y juicio respecto a lo que enfrentamos; esa renovación transformará nuestra fe y la llevará a un nuevo nivel. Si pasamos una mala situación económica, nuestro pensamiento debe ser de prosperidad, lo que cambiará nuestra percepción y juicio, por lo que buscaremos nuevas opciones con entusiasmo, y con fe sembraremos para cosechar. De esa forma, Dios se manifestará y nos levantará. Aprende a ver oportunidades de milagros donde otros ven pecado y derrota. La percepción debe ser diferente para que los resultados sean buenos.

Frente al paralítico que bajaron por el techo, Jesús vio fe mientras otros veían a unos necios pecadores. Entonces, nuestro Señor primero preparó los corazones y el entendimiento diciéndole al paralítico que sus pecados eran perdonados. Luego, al discernir lo que los escribas pensaban y criticaban, ¡les respondió con un milagro de sanidad!4 Todo es cuestión de renovar la percepción de las circunstancias y creer. Lee el Evangelio para cambiar tu mente, tu percepción de las cosas y tu fe. Cambia tu perspectiva, dale valor a la confianza, no a la crítica; cree en la generosidad, no en el egoísmo, eso es lo que Dios nos pide y lo que hemos comprobado que nos levanta.

Jesús le dijo a Nicodemo que era necesario que naciera de nuevo, es decir que su espíritu volviera a nacer en la fe en el Señor. Claro que no podía meterse de nuevo en el vientre de su madre, pensarlo era tener una perspectiva incorrecta, pero debía nacer a una nueva fe, tal como nosotros ahora, porque estamos invitados a nacer de nuevo, a creer en Jesús como nuestro Señor y Salvador para recibir la potestad de ser llamados hijos de Dios. Ser creyente se trata de aceptar que Él nos ama, nos perdona y nos regala la vida eterna. Acéptalo, entrégale tu mente y corazón para que los renueve y lleve tu vida a un maravilloso nivel de fe y de bendición.

Versículos de referencia

1 Romanos 12:2-3 enseña: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

2 2 Corintios 5:6-7 dice: Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor, (porque por fe andamos, no por vista);

3 Juan 9:1-3 comparte: Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.

4 Marcos 2: 2-11 relata: E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?  Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.

 

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