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Cómo elegir gobernantes

Cómo elegir gobernantes

04 de julio de 2023

Tiempo de lectura: 6 minutos

La Biblia es un libro de gobierno, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Nacimos para señorear, por eso todo animal se logra domesticar por el ser humano.[1] Comprometámonos a aprender más sobre gobernar porque debemos hacerlo bien en nuestra casa, en nuestro cuerpo, en el trabajo, en la profesión y en los emprendimientos.

Samuel era profeta y sus hijos fueron jueces[2] que  pervirtieron el derecho.[3] Se dejaron sobornar por la avaricia y las personas del pueblo le pidieron a Samuel cambiar el sistema político: de jueces a reyes.[4] Sin embargo, no era necesario quitar el sistema de jueces que Dios estableció, sino más bien destituirlos a ellos y poner en su lugar gente honrada. Cuando el pueblo pidió eso estaba desechando al Señor para que no los reinara.[5] Luego estuvieron bajo el yugo de Saúl y tuvieron que pasar cuarenta años para que el pueblo tuviera paz, cuando Dios levantó a David y luego reinó Salomón.[6] Así que no se trataba del sistema, sino de las personas.

Ahora bien, cuando Salomón asumió el trono, fue juez en el caso de dos mujeres. El hijo de una murió y esta lo cambió por el de la otra. Cuando la otra mujer despertó reconoció que ese niño muerto no era su hijo y fue con Salomón. El rey tomó la decisión de partir al niño vivo en dos para que cada mitad fuera para cada madre, pero al no permitirlo una de ellas y preferir ceder a que el niño se quedara con la otra, fue cuando Salomón supo que quien había cedido era la verdadera madre.[7] Ambas mujeres eran rameras y Salomón fue justo con ellas porque las recibió para darles justicia. Pidámosle a Dios que la justicia esté al alcance de todos, tanto para una prostituta como para un político; y que en las cortes haya gente con sabiduría.

Los poderes son necesarios en Guatemala: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Debemos volver a educarnos si no queremos perder la soberanía de nuestro país. Informémonos sobre qué hace el gobierno central, qué hacen los diputados —o qué no hacen— y qué hace cada institución. Independientemente del candidato que gane las elecciones, debemos orar por él. Ese día dejemos de ser partidistas y oremos por el gobierno. Que seamos pacientes con nuestros gobernantes no significa que seamos tolerantes con la totalidad de sus acciones.

Si queremos pensar en nuestra economía individual debemos pensar en la de Guatemala porque están ligadas. Por eso necesitamos hombres, mujeres, candidatos, diputados, gobernadores, alcaldes y presidentes que tengan dominio propio.[8] El país necesita reconocer que Cristo es la cabeza[9] y que el derecho no se pervierta. No seamos parte de la corrupción existente: paguemos nuestras multas y no demos “mordida”; y paguemos nuestros impuestos cuando corresponda. La Palabra de Dios nos ayudará a ser ciudadanos mejores y correctos que merecen mejores gobernantes.

Anhelemos un gobierno y una buena obra, pero con personas que sean irreprensibles, prudentes, sobrias, decorosas y amables.[10] ¿Cómo puede ser alguien candidato a un cargo que ni siquiera sabe de qué se trata? Dejemos de elegir neófitos; busquemos personas que, además de tener fe, tengan obras. Seamos una buena influencia para la nación que queremos. Todos podemos ser de influencia tal como Ester lo fue para el rey Asuero, quien gobernó 127 provincias; o como Nehemías lo fue para Artajerjes, para que este reconstruyera los muros de la ciudad; o como José lo fue para el faraón y de esa forma consiguió alimento para el pueblo de Israel.

El Estado puede ser laico, pero no significa que la Iglesia no pueda participar. Tenemos voz, voto, opinión y sugerencias. Jesús les dijo a Sus discípulos que los sentaría en doce tronos por haberle seguido.[11] Sigamos a Cristo orando y ayunando por el país. Pidámosle a Dios que Su Espíritu nos guíe en nuestro voto durante este proceso electoral de 2023 porque votar también es nuestra responsabilidad. Discernamos para no votar nulo y que sea Él quien haga Su obra en el país.


[1] Génesis 1:28:  Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

[2] 1 Samuel 8:1-2: Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel. Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba.

[3] 1 Samuel 8:3: Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.

[4] 1 Samuel 8:4-5: Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.

[5] 1 Samuel 8:6-8: Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.

[6] Hechos 13:20-22: Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel. Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. Quitado este, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.

[7] 1 Reyes 3:16-28: En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él. Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que esta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto. Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a esta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquella el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.

[8] Proverbios 16:32: Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.

[9] 1 Corintios 11:3: Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.

[10] 1 Timoteo 3:1-6: Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.

[11] Mateo 19:28: Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

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