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Cómo ser promovido

Cómo ser promovido

14 de junio de 2020

Tiempo de lectura: 5 minutos

¿Qué pasaría si uno de estos días sientes de parte de Dios que no debes ir a trabajar? ¿Qué te diría tu jefe o tus colaboradores? Creo que ninguno de nosotros haría eso, pero muchas veces sí se lo hacemos al Señor. Actuamos de acuerdo con lo que sentimos y no con lo que creemos. Eso nos hace personas subjetivas, inconstantes y poco confiables.

Como seres humanos es normal que tengamos emociones, pero estas no deben dirigir nuestra vida. Aprendamos de Dios, que sin importar la circunstancia, Él nunca cambia. La subjetividad con la que actuamos está limitando nuestro potencial. Debemos vivir alineados a nuestras convicciones. Creamos, pensemos, hablemos y actuemos como personas bendecidas porque Jesús pagó el precio para que así fuera.[1]

Para ser promovidos necesitamos sumarle buenas acciones a la bendición que Dios ya nos dio. Existe una parte que nos corresponde a nosotros realizar. La gracia del Señor nos puede abrir las puertas de un trabajo, pero es nuestra diligencia, esfuerzo y excelencia la que las mantiene abiertas.

Dios quiere que desarrollemos todo el potencial que puso dentro de nosotros. Él nos diseñó para dar más de lo que se nos pide. Nuestra utilidad será determinada por ese extra que estemos dispuestos a dar. Si cuando hacemos lo que se nos pide la Biblia nos llama “siervos inútiles”, imaginémonos cómo sería si no hiciéramos ni siquiera eso.[2] Parte de ser discípulo de Jesús es aprender a dar más de lo que nos solicitan, sin importar el cansancio o estado de ánimo. 

Jesús le estaba hablando a Sus discípulos cuando compartió la historia del siervo inútil.[3] Esta enseñanza no solo aplica para los trabajadores, también se adecúa a los jefes. Por eso Pablo decía que hiciéramos todo como para el Señor, porque realmente así es. Todo lo que hacemos, aunque nos lo pida alguien más, es como si lo hiciéramos para Él.

Las tareas de David eran cuidar las ovejas, tocar el arpa y llevar la encomienda, pero él hizo lo que nadie le había pedido: ser un guerrero.[4] Su pelea con Goliat fue lo que provocó la promoción sobre su vida. Eso que hacemos extra es lo que marca la diferencia.

Todos le ponían a David una tarea por debajo de su potencial, pero él no se sentía inferior por ello. Nadie nos puede hacer sentir mal sin nuestro consentimiento. Tenemos un amplio potencial para desarrollar dentro de nosotros, pero eso no nos eximirá del menosprecio de las personas. Cumplamos con nuestras tareas diarias haciendo siempre un extra. Eso dará testimonio del Dios en el que creemos.

Para que el Señor le proveyera a Abraham, él estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac.[5] Él hará milagros en nuestra vida cuando estemos dispuestos a sacrificarnos y hacer más de lo que nos piden. Dios le juró multiplicación a Abraham, cuando él ofreció el carnero, ese extra fue lo que detonó la multiplicación.[6]

El tabernáculo de Moisés lo pidió Dios, pero el templo de Salomón fue algo que David quiso ofrecerle a Él.[7] Primero debemos realizar las tareas que se nos encomiendan y luego hacer el extra. Sería contraproducente hacer lo que no nos pidieron, sin antes haber hecho lo que sí nos solicitaron.

Venimos de un linaje espiritual acostumbrado a dar más de lo que se le pide. Jesús vino a salvar al pueblo judío y terminó salvando a toda la humanidad.[8] Era necesario que derramara Su sangre para el perdón de nuestros pecados y terminó derramando también el agua de Su cuerpo.[9] Sigamos Su ejemplo y ofrezcamos a Dios y a las personas más de lo que nos piden.

Dios, Abram y Melquisedec. A ellos nadie les pidió algo, fueron ellos quienes voluntariamente decidieron ofrecer.[10] Ese patrón se repite en todas las Escrituras: gente que ofrece más allá de lo que les piden.[11] Creamos que en este tiempo de crisis seremos promovidos por ofrecer más.


[1] Gálatas 3:13-14: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

[2] Lucas 17:7-10: ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

[3] Lucas 17:5-6: Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

[4] Samuel 17:17-20: Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos. Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos. Y Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el valle de Ela, peleando contra los filisteos. Se levantó, pues, David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como Isaí le había mandado; y llegó al campamento cuando el ejército salía en orden de batalla, y daba el grito de combate.

[5] Génesis 22:13-15: Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá.[a] Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto. Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo.

[6] Hebreos 6:13-14: Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.

[7] 1 Reyes 8:17-19: Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel. Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo. Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.

[8] Juan 1:11-12: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

[9] Juan 19:33-34: Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.

[10] Génesis 14:18-23: Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram.

[11] 2 Corintios 8:1-4: Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.

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