Confiando plenamente en Dios

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La confianza es un elemento fundamental en toda relación, en el matrimonio, en la familia, con los amigos, y claro, con Dios. Ninguna relación tiene futuro con desconfianza, porque no es posible hacer un pacto fuerte con dudas, y las relaciones son pactos que requieren fe. En el matrimonio, la falta de confianza muchas veces provoca divorcios; en la vida, nuestra relación con Dios puede entrar en conflicto si comenzamos a desconfiar cuando las cosas no resultan como esperábamos. La confianza está relacionada con el futuro, con lo que esperamos que suceda. Y las pruebas nos hacen reflexionar si lo que viene es bueno, nos provocan incertidumbre sobre el mañana, dudamos si Dios hará algo o no. Justo en ese momento es cuando más debemos confiar en Su amor.

Entonces, me doy cuenta de que las pruebas sirven para medir nuestra fe. Son como un aparato que nos muestra en qué nivel está nuestra fe, porque no sabemos si la tenemos, hasta que viene la dificultad. Para activar nuestra fe, necesitamos confiar en Dios. La esperanza alimenta la fe y la confianza la confirma. La esperanza nos recuerda que tenemos un pacto con Dios, trae a la memoria Sus promesas. Pero la fe funciona cuando la confianza se mantiene hasta el día del cumplimiento. Todo es un ciclo de esperanza, fe, confianza y certeza. Así que recuperemos la esperanza en las bendiciones del Señor.

Veamos a Job, quien perdió todo en un día: familia, bienes, salud. ¿Cómo aguantó? ¡Perdió todo, menos la confianza en Dios!, porque en medio de su circunstancia no le atribuyó despropósito[1]. Él era un hombre justo que pasaba una prueba de las más difíciles, ya que Satanás quería verificar si era tan fiel a Dios que se mantenía firme a pesar de todo. En medio de la prueba, lo peor que podemos hacer es alejarnos de Dios y perder la fe[2]. Las adversidades son parte de la vida, pero los cristianos tenemos la certeza de que todo irá bien porque los planes de nuestro Padre siempre son de bendición. Por lo que debemos perseverar hasta el fin de la enfermedad, del problema, de la deuda. ¡Ni un paso atrás!, creamos que en medio de cualquier dificultad, Dios está con nosotros. Por supuesto que se entiende la aflicción, porque las emociones negativas aparecen con la prueba, pero es necesario que renovemos nuestro entendimiento y aprendamos a ver con los ojos de la fe. No dejes que la dificultad gane la batalla. Sacúdete la depresión y busca al Señor para que te dé discernimiento para salir adelante. Cuando surja la desconfianza, aferrémonos a la promesa en Cristo de que somos más que vencedores.

En el caso de Job, vemos que se desanimó. No era para menos. Hasta su esposa lo maldijo porque realmente es una tentación pecar en contra de Dios en medio de la dificultad. No importa lo que estés pasado, no cometas pecado contra Dios, porque de Él no viene la maldad, la enfermedad y la pobreza. Dios solo puede dar bendición y libertad, por lo tanto, no nos hará cautivos de maldiciones terrenales. Además, en época de crisis, se ve quiénes son amigos de verdad. Los dedos de una mano son suficientes para contar a los que quedan para apoyarte. Job tenía tres amigos que estuvieron con él en silencio, durante siete días[3]. Lo veían tan mal que lo mejor era estar ahí, acompañándolo. Hasta que un día, llegó el consejo oportuno. Elifaz le recordó que debía resistir y poner en práctica los consejos que había dado en otras épocas a muchos tristes y desanimados[4]. Por supuesto que es fácil hablar, pero lo importante es ser congruentes con lo que decimos, especialmente cuando nos toca enfrentar la dificultad. Cuando nos sentimos derrotados, el diablo dice: “Lo logré”; no solo mata tu proyecto, salud y familia, sino que se declara vencedor cuando mata tu fe. No le demos el gusto, declaremos que puede quitarnos todo, menos la plena confianza a nuestro Señor.

Hagamos un pacto delante de Dios, activemos nuestra fe que será probada, porque la prueba es la oportunidad que Dios aprovecha para bendecirte y llevarte a un nuevo nivel. No la veas como la oportunidad del diablo para derrotarte. Seguro que al afrontar los problemas, sentimos que vamos en una montaña rusa. Gritamos y reímos de los nervios, cerramos los ojos y apretamos los dientes, pero cuando tenemos fe en Dios, el temor cambia por expectativa y emoción, es como una adrenalina espiritual que nos hace declarar: “Es arriesgado, pero en Cristo Jesús, lo lograré”. Hace un tiempo, por poco me ahogo en el mar porque el alfaque me jaló. Traté de salir, pero me dijeron que dejara de luchar contra la corriente. Gracias a Dios, uno de los amigos con los que estaba era salvavidas experto, se acercó a mí y me dijo: “Vamos a salir, pero mantén tu distancia, no te agarres de mí o nos hundimos los dos”. También me dio la instrucción de nadar mar adentro. Yo lo veía incongruente porque lo que quería era salir, pero mientras más luchaba, más me cansaba, así que obedecí. Me dijo que solo buscara flotar, si íbamos a favor de la corriente, esa misma fuerza nos sacaría. ¡Y así fue! La única forma de salir del problema es afrontándolo, metiéndote en él, buscando la ayuda del experto, de quien sabe qué hacer y te da las instrucciones correctas, ¡nuestro Señor! Cuando sabemos que no estamos solos, podemos calmarnos y manejar mejor nuestras emociones, vuelve la esperanza y la confianza. En esa oportunidad, cuando logramos salir del mar, ¡yo estaba tan agradecido de sentir tierra firme! Pero mi amigo me obligó a entrar de nuevo a las olas. Por supuesto que yo no quería ni de chiste, sin embargo, él me dijo: “Si no vences el miedo ahorita, nunca lo harás”. Y tenía razón, gracias a él, no tengo miedo al mar, aunque sí tengo más cuidado. Así funciona la vida, las experiencias nos enseñan y también nos promueven. Al confiar en Dios, somos como árboles plantados junto al río; siempre llenos de vida, dando fruto, incluso en medio de una sequía, porque nuestra fuente nunca se agota[5].

Confiemos en Dios plenamente, no parcialmente. Encomendémosle nuestro camino y Él obrará[6]. Si nos tiramos de un puente con un bungee, pero nos atamos una segunda soga al cuello “por cualquier cosa”, nos ahorcaremos, por lo que debemos confiar en los arneses que nos sostienen. Lo mismo sucede con nuestra fe en Dios. Si decimos confiar en Él, pero nos tomamos de otras cosas “por si acaso”, realmente no demostramos nuestra fe. Confía plenamente en Cristo Jesús, no en la cuenta del banco, no en otras personas o solo en ti mismo[7]. Si confiamos en Dios, prosperaremos[8]. Es la única forma. Dios es nuestra ayuda, provisión, paz y protección; Él es abundancia, fertilidad y largura de días[9].  En medio del proceso, Dios te dará gozo para que confíes en tu victoria; te dará valor para ver Su gloria manifiesta en ti. Levántate, que nada termine prematuramente lo que Dios ha iniciado, porque se perfeccionará la obra de fe que te llevará a un nuevo nivel. Él hará Su parte, mientras nosotros hacemos lo que nos corresponde: confiar en Su gran amor que nos hace recobrar la vida y dar fruto[10]. La confianza Jesús nos da gozo, incluso cuando todavía no podemos ver cumplidas Sus promesas[11]. En medio de toda prueba, confía en Él, quien te dará guía, provisión y sabiduría. Ya tienes la victoria, ¡declárala y da gracias!


[1] Job 1:22: En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

[2] Hebreos 3:12-3 (TLA): ¡Cuidado, hermanos! No piensen en lo malo, ni dejen de confiar en el Dios que vive para siempre, para que no se aparten de él. Al contrario, mientras aún queda tiempo, cada uno debe animar al otro a seguir confiando.

[3] Job 2:9-13: Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle. Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.

[4] Job 4:2-7: Puede ser que no te guste lo que tengo que decirte, pero no puedo quedarme callado. Si bien recuerdo, tú fuiste maestro de muchos y animabas a los desanimados; palabras no te faltaban para alentar a los tristes y apoyar a los débiles. Pero ahora que sufres, no lo soportas y te das por vencido. Según tú, no haces nada malo, ¿por qué entonces desconfías de Dios? ¡No me vayas a decir que quien hace lo bueno sufre y acaba mal.

[5] Jeremías 17:7-8: Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.

[6] Salmo 37:5: Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.

[7] Proverbios 3:5: Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.

[8] Proverbios 28:25: El altivo de ánimo suscita contiendas; mas el que confía en Jehová prosperará.

[9] Job 5:17-27: He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan. En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. En el hambre te salvará de la muerte, y del poder de la espada en la guerra. Del azote de la lengua serás encubierto; no temerás la destrucción cuando viniere. De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás de las fieras del campo; pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto, y las fieras del campo estarán en paz contigo. Sabrás que hay paz en tu tienda; visitarás tu morada, y nada te faltará. Asimismo echarás de ver que tu descendencia es mucha, y tu prole como la hierba de la tierra. Vendrás en la vejez a la sepultura, como la gavilla de trigo que se recoge a su tiempo. He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así; óyelo, y conócelo tú para tu provecho.

[10] Salmo 52:8-9 (TLA): Por lo que a mí toca, siempre pongo mi confianza en el gran amor de Dios; yo, en su presencia, cobro vida como árbol cargado de frutos. Dios mío, yo siempre te daré gracias por todo lo que has hecho; en ti pondré mi confianza porque tú eres bueno. ¡Pongo por testigo al pueblo que te ama!

[11] Salmo 28:7: Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré.

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