Confiemos en Sus locuras

CONÓCENOS

Para fructificar no solo dependemos del ambiente que nos rodea sino del sitio donde echamos raíces. Somos como árboles plantados en la rivera de un río[1] y la mejor temporada de fruto llega cuando nuestras raíces se aferran a la tierra y recibimos las aguas del Espíritu Santo. Entonces, debemos crecer en confianza hacia Dios porque muchas veces no nos soltamos de una cuerda hasta que sentimos que podemos aferrarnos a otra; de esa forma nos aferramos a nuestros propios métodos de salvación y no confiamos en los de nuestro Padre.

El Nuevo Testamento relata que, un día, a Pedro no le funcionaron sus métodos habituales para pescar hasta que Jesús le ordenó echar de nuevo la red y capturó tantos peces que la red casi se rompía.[2] A veces dejan de funcionar los métodos que creíamos infalibles y que siempre nos traían resultados, por lo que debemos depositar nuestra confianza en los métodos de Dios.

Ahora bien, es muy difícil saber cuál es el método de Dios si no escuchamos Su Palabra que nos brinda instrucciones prácticas. No se trata de las soluciones que un consejero familiar, mercadólogo, psicólogo, médico o administrador de empresas puedan darnos, sino las que nos brinda Jesús, nuestro proveedor y el único experto en todo. Él es nuestro mejor consejero y nos levantará de donde estemos si nos atrevemos a creer por más y por algo mejor, aunque pensemos que es locura.

Cuando Pedro confió en las instrucciones de Jesús, obtuvo la pesca más grande de su vida. Por esa razón, no dudó en dejarlo todo y seguirlo, ya que le dio pruebas de que Él era capaz de darle algo más abundante y mejor. Esto nos demuestra que lo mejor siempre está por venir. Para este pescador, dejarlo todo no se trataba de la pesca recién obtenida o de la barca, sino de la certeza de que aún faltaba ver algo mejor. Dios nos pide la suficiente confianza como para estar dispuestos a dejarlo todo[3] aunque a simple vista parezca una locura, pues quienes en Él confían saben que con Jesús solo nos podrían esperar más bendiciones. Abraham, Sansón, Rahab, David, Moisés… todos ellos confiaron a pesar de no ser perfectos, y el Señor no los defraudó. No se trata de lo que dejamos sino de lo que vendrá y cómo Dios nos dará recompensa, porque lo ha prometido.[4] Cuando nos metemos de lleno en la presencia del Espíritu, Dios no nos deja a medias. Con él siempre hay mucho más y mejor por venir.


[1] Jeremías 17:7-8: Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.

[2] Lucas 5:3: Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.

[3] Lucas 14:25-30: Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.

[4] Lucas 18:28-30: Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

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