Debemos desear la tierra

CONÓCENOS

Antes de construir Casa de Dios Pinula buscamos un terreno. Recuerdo que alguien nos ofreció uno prestado, pero me rehusé a aceptarlo para evitar posibles conflictos, pues no sé qué hubiera pasado si, de la noche a la mañana, el dueño me lo hubiera pedido de regreso y yo no quería que mis ovejas anduvieran errantes de un lugar para otro. Luego, me llegaron a ofrecer un templo gratis, pero también lo rechacé porque el donante y yo no compartíamos una misma visión. Cuando por fin conseguimos un terreno propio, al comienzo, tuvimos dificultades para construir, pero el Señor proveyó para terminar la obra.

Con el tiempo, crecimos como iglesia y cuando avanzábamos para negociar la adquisición de otro terreno, el trato se cayó a última hora; sin embargo, una noche, el Señor me reveló crecimiento y futuro. Solo una Palabra suya necesitaba para no decaer. Él me la dio y me desafió a seguir adelante.

Son, precisamente, esos desafíos los que nos mantienen vivos. Las metas deben ser “inalcanzables” para que usemos nuestra fe, pues suele pasar que cuando las metas son pequeñas no sentimos la necesidad de involucrar a Dios. Por eso, las metas deben significar esfuerzo y sacrificios. Los logros de la fe nos transforman espiritualmente; no solo se trata de escuchar la Palabra, sino de ponerla en marcha.

En varios pasajes de la Biblia, leemos que la creación de Dios es animada, anhelante y gimiente.[1] De hecho, cuando Jesús dijo que si sus discípulos callaran, las piedras clamarían,[2] más que una metáfora, decía una verdad. Muchas veces hemos leído y visto que la fe puede lograr cosas de lo más absurdas e imposibles,[3] por lo tanto, que no te importe si te tachan de loco o demente a causa de tu fe. A Jesús lo vieron igual cuando le gritó a Lázaro “¡Levántate!” o cuando maldijo a la higuera, sin embargo, Lázaro revivió y la higuera se secó. ¿Qué hombre era Jesús, que aun los vientos y el mar le obedecían?[4] Simple: uno que sabía que la creación de nuestro Padre no es inanimada y que se mueve por la fe. ¿Acaso el arroyo no le dio de beber al profeta Elías? ¿Acaso el aceite y la harina no sabían que tenían que abundar suficiente para darle de comer a la viuda y al profeta?[5]

Aunque la Biblia cuenta muchas historias misteriosas como estas, todas son verdaderas. ¡Créele a Dios y actúa por lo que no creen los demás! “Érase una vez, una vez que de tanto repetirse se hizo realidad”, leí una vez en un cuento. Activa tu fe por la tierra que deseas para tu casa porque el Señor te la dará como también se la dio a su pueblo al salir de Egipto.[6]

Nuestro Padre abre puertas y bendice de forma extraordinaria. Si la naturaleza puede gemir, y las piedras pueden cantar, y una higuera puede escuchar, ¿por qué tienes miedo a “hacer el ridículo” por creer en su Palabra? Cree y no aborrezcas la tierra deseable que Él tiene para ti.[7] ¿Cómo despreciar lo mismo que Dios les ha dado a nuestros hermanos? Cuando invocas su nombre y pides bendición, no importa de dónde vienes sino hasta dónde llegarás y lo ilustre que serás,[8] así que prepara tu espíritu para hablar y hacer cosas que los demás no entienden, dirígete a la tierra que quieres y declara que será tuya. La fe es más poderosa que lo poco o mucho que puedas tener.


[1] Romanos 8:19-23: Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

[2] Lucas 19:37-40: Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

[3] Marcos 11:22-23: Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

[4] Mateo 8:26-27: Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

[5] 1 Reyes 17:16: Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

[6] Josué 1:1-3: Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.

[7] Salmos 106:24-27: Pero aborrecieron la tierra deseable; no creyeron a su palabra, antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz de Jehová. Por tanto, alzó su mano contra ellos para abatirlos en el desierto, y humillar su pueblo entre las naciones, y esparcirlos por las tierras.

[8] 1 Crónicas 4:9: Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor.

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