Después de 40 días

CONÓCENOS

Durante los primeros 30 años de vida nos enfocamos en adquirir conocimiento por medio de la educación que nos dan nuestros padres y la que recibimos en la escuela y la universidad. Después, nos dedicamos a adquirir conocimiento por medio de la práctica y la experiencia laboral y familiar. Por último, después de los 40, consolidamos todo hasta que alcanzamos cierto nivel de sabiduría.                                                    

En la Biblia, el número 40 se menciona muchas veces y generalmente simboliza la consolidación de pruebas y pactos. Suele pasar que, a veces, ni siquiera aguantamos pruebas de tres días, ¡menos una de 40! Es porque no tenemos disciplina. Si al menos viviéramos todos los días con la determinación de cada 1 de enero podríamos notar cambios positivos en nuestra vida.

Cree por cosas extraordinarias durante 40 días en modo de fe, y el Señor no te defraudará por muy absurdo que parezca. ¿No resulta ilógico que se caigan los muros de una ciudad luego de siete días de rodearla?[1] ¡Claro que sí! Estar convencido de que muchas cosas sobrenaturales pasan solo con tener fe parece absurdo y muchas veces hasta podrían tacharnos de ridículos, pero Abraham, Gedeón, Barak, Sansón, Samuel, Jesús y tantos otros pueden dar testimonio de cómo Dios obró en ellos porque le creyeron: se abrió el mar tan solo con levantar una vara, se multiplicaron cinco panes y dos peces para alimentar a miles, se han conquistado reinos y han caído ciudades… Y la Palabra no dice que todo esto se haya logrado con pócimas mágicas o con espadas bien afiladas, sino con la fe.

En Génesis leemos que Noé creyó que llovería ―incluso cuando era algo que nunca había ocurrido― y que a causa del diluvio la tierra sería destruida, sin embargo, las demás personas ajenas, a su familia, usaron su raciocinio y no le creyeron, se rieron de él y lo ridiculizaron. Solo los animales obedecieron a pesar de ser irracionales (el instinto de un animal muchas veces supera la razón humana) y, de esa forma tan ilógica, Dios estableció un pacto de 40 días con Noé mientras las aguas estuvieron sobre la faz de la tierra.[2]

A veces es mejor tomar un reto que un consuelo porque hay situaciones de las que no podremos salir sin aceptar un desafío. No nos fijemos en la complejidad de una prueba ―pues así jamás la superaremos― sino apuntemos a la solución.

Nuestro Señor es Dios de pactos que implican fe y disciplina. Moisés también las requirió durante 40 días y 40 noches para permanecer en la presencia de Jehová y escribir los diez mandamientos;[3] Elías caminó 40 días y 40 noches hasta el monte Horeb, recorrido durante el cual conoció a Dios en tiempos de paz.[4] ¿Qué tal si nosotros también consideramos los beneficios de 40 días de constancia mediante un pacto con Dios?

La fe se demuestra con obras.[5] Dios no hace excepción de personas y la fe que tengamos en sus promesas será lo que haga la diferencia en nuestra vida, no el barrio donde vivamos, la educación que tengamos, el automóvil que manejemos o cuánto dinero tengamos, sino el uso que hagamos de nuestra medida de fe. Es más fácil creer en todo lo que ya pasó y que está en la Biblia, pero no en lo que habrá de pasar y que aún no se ha escrito. ¡No dudes que tu fe hará que se escriban libros, historias y testimonios de sueños cumplidos y proezas! Dedica 40 días a incrementar la medida de fe que Dios te dio y Él no te defraudará.


[1] Hebreos 11:30: Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.

[2] Génesis 8:6-22: Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho, y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra. Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca. Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él. Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero, el día primero del mes, las aguas se secaron sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba seca. Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra. Entonces habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra. Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho. Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.

[3] Éxodo 34:27-29: Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel. Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.

[4] 1 Reyes 19:7-8: Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

[5] Santiago 2:17-26: Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

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