Dios se proveerá cordero

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¡Lo que le costó tener un hijo a Abraham como para sacrificarlo! Necesitó de mucha fe para procrearlo, pero requirió de una mucho mayor para entregarlo: Isaac era lo que más había deseado en la vida y lo que más amaba en el mundo.[1] Este, extrañado, le preguntó a su padre dónde estaba el cordero que irían a sacrificar, a lo que Abraham respondió que Dios lo proveería. Justo cuando todo estaba preparado para entregar al muchacho, un ángel llegó a tiempo para detener el sacrificio y Dios les proveyó de un carnero para que fuera sacrificado en vez de Isaac, y entonces Abraham llamó a aquel lugar “Jehová proveerá”.[2] El patriarca no se fue de Moriah sin hacer un sacrificio, y aunque el Señor no proveyó el cordero ―como lo había declarado el padre de Isaac―, proveyó un carnero.

Vemos que la declaración de Abraham no fue precisamente lo que Dios proveyó, pero por haber demostrado lo que estaba dispuesto a sacrificar, el Señor lo bendijo y le juró multiplicar su descendencia.[3] Él multiplica todo lo que bendice ―de hecho, con Jesús lo volvería a hacer más adelante, en el Nuevo Testamento, con los panes y los peces―,[4] esto nos demuestra que para multiplicar lo que tenemos, antes debemos bendecirlo. No importa si es o no lo que esperabas recibir, simplemente bendícelo. Si tu salario es poco o mucho, bendícelo; si tus zapatos son viejos o nuevos, bendícelos; si estudias en una escuela pública o en una escuela privada, bendícela. Deshazte de las quejas, protestas y maldiciones y empieza a bendecir sin cansancio hasta provocar que Dios multiplique tus bendiciones para la gloria de Su nombre.

Primero, Él devuelve lo que te pide, y luego, suple lo que necesitas. Le devolvió su hijo a Abraham y suplió con el carnero para que no se quedara sin realizar el sacrificio. Dios dio a Su Hijo en nuestra salvación[5] porque ya había un antecedente de un hombre que estaba dispuesto a sacrificar al suyo. Y cuando se trata de dar, nadie le gana a nuestro Padre, quien dio a Jesús como ofrenda.[6] Por eso, cuando ofrendamos, es gran momento para imitar a Abraham y al Señor, talvez no entregando un hijo, pero sí con lo que ya nos provee. Él da semilla al sembrador y jamás pide lo que no tenemos. Él provee para que la gloria sea solo Suya, por eso dio el maná en el desierto y la semilla en la tierra prometida. No es con obras individuales que logramos la salvación, sino con lo que recibimos de Su mano.

Si hacemos una promesa de fe, asegurémonos de tener las Escrituras como fundamento para lograr una buena cosecha. Dios no busca donativos, obsequios o regalos con nuestros sacrificios, sino frutos que abunden en nuestra cuenta.[7] Esto fue lo que pasó con Abraham: él ya tenía un hijo, pero su generación no se multiplicaría si no subía a Moriah y sacrificaba el carnero que Dios le había dado. Su descendencia jamás llegaría a convertirse en una nación sin antes haber pasado por el monte del sacrificio. De igual modo, muchas veces no pasaremos a otros niveles de bendición hasta que no entendamos de forma correcta el porqué de nuestras ofrendas, que son olor fragante agradable al Señor.[8] Ofrendar es adorar, no es un asunto de dinero, sino un reflejo de nuestra voluntad hacia Él.


Nuestro sacrificio, nuestras ofrendas, no son por salvación sino por ya ser salvos; y Dios pide que cada uno dé lo que propuso su corazón, porque Él no ama a quien da más sino al dador alegre.[9] Por eso no veas de menos lo poco que puedas dar, pues lo poco, en las manos de nuestro Padre, se hace abundante para bendecir a otros. Agradece a Dios y confía en que Él se encargará de dar semilla al sembrador y pan al hambriento.

[1] Génesis 22:1-2: Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

[2] Genesis 22:7-14: Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altarsobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

[3] Génesis 22:15-17: Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

[4] Mateo 14:19: Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.

[5] Juan 1:29: El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

[6] Efesios 5:1-2: Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

[7] Filipenses 4:15-17: Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

[8] Filipenses 4:15-23: Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.

[9] 2 Corintios 9:6-8: Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

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