Dios te provee

CONÓCENOS

El Señor nos motiva a dar lo mejor de nosotros. Si podemos ayudar a cuatro personas, ¿por qué ayudar solo a una? Si podemos dar veinte, ¿por qué dar solo diez? Todo lo que hacemos por nuestro prójimo, en realidad es para la honra de Dios, quien solo merece lo mejor porque es nuestro Padre aunque muchas veces lo olvidemos.

Vemos que Jesús no llamó a Dios por Su nombre, tal como lo llamaron otros hombres de fe en el Antiguo Testamento; Él nunca lo llamó “Jehová” porque es Su Padre y se dirigía a Él con confianza. Como Creador nunca ha dejado sin alimento a Sus criaturas y a todos nos costaría mucho entender a un padre que dé comida a sus mascotas y no a sus hijos. Si nuestro Padre brinda hogar y sustento para los conejos y las aves, ¿no dará a Sus hijos? Los padres y madres de familia que proveen en su casa olvidan que ellos también son hijos de Dios y que Él es quien nos provee a todos. Si un río se seca, Él siempre nos guiará a otros para que no pasemos sed.

De más está que nos afanemos demasiado por el mañana, preocupados por si tendremos qué comer, con qué vestirnos o dónde vivir. Elías le hizo ver a la mujer de Sarepta de Sidón que si le daba de comer no tendría por qué sentir temor de una posible escasez, ya que Dios se encargaría de proveer para ella y su familia,[1] como lo volvió a hacer en la época de Jesús[2] y como lo continúa haciendo ahora. Cuando tenemos poco o simplemente nos estamos quedando sin nada, solemos protestar y blasfemar, sin embargo, con esa actitud lo único que demostramos es ingratitud con lo que Dios nos da.

Mira lo que tienes, aun cuando sea poco, declara que está bendito y será multiplicado, pues no importa la cantidad cuando sabemos que Dios puede darnos abundantemente si le creemos. Él es nuestro Padre, el mismo que bendijo a Abraham, Isaac y Jacob. ¡Cree que eres bendecido!

Ahora bien, muchas veces, Dios no nos dará más de lo que tiene para nosotros hasta que no compartamos de lo que ya nos ha dado. Se trata de ser generosos y compartir sin mirar a quién. Notemos el ejemplo de José, hijo de Jacob, quien primero trabajó para engrandecer a Egipto sin imaginar que un día hasta su familia recibiría del fruto de su trabajo.[3]

Aprende a ser sabio, escucha consejos porque en la casa de los que buscan hacer lo correcto siempre hay provisión.[4] Además, hereda a tus hijos esa sabiduría al mostrarles que ese es el camino que honra a Dios y nos lleva a Su bendición. La Palabra nos demuestra que, desde pequeño, Isaac ya sabía qué significaba honrar y ofrendar a Dios,[5] y Abraham tuvo fe de que Jehová proveería,[6] tanto así que estuvo dispuesto a entregarle en sacrificio a su único hijo. Dios, al ver la disposición de Abraham, juró por sí mismo que multiplicaría y bendeciría la descendencia de este hombre que no dudó en entregar su bendición más valiosa.[7]

Que tu situación económica no sea una medida para honrar a Dios, mucho menos le pongas condiciones para estar bien con Él.[8] No le digas: “Si mi economía es buena, mi relación contigo también lo será”. Actúa como Pablo, el apóstol, quien nos enseñó que no importa si hay escasez o abundancia porque nuestras fuerzas no vienen de lo material sino de Dios. Él es nuestra fortaleza[9] y como Padre siempre desea nuestro bienestar.


[1] 1 Reyes 17:13:15: Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

[2] Mateo 14:17-31: Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. Él les dijo: Traédmelos acá. Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

[3] Génesis 42:25: Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con ellos.

[4] Proverbios 15:529: El necio menosprecia el consejo de su padre; mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente. En la casa del justo hay gran provisión; pero turbación en las ganancias del impío.

[5] Génesis 22:7: Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?

[6] Génesis 22:8-14: Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

[7] Génesis 22:15:17: Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

[8] Proverbios 30:7-9: Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera: vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.

[9] Filipenses 4:11-13: No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

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