Dios y los avivamientos (II)

Dios y los avivamientos (II)

Jesús necesitó que el Espíritu Santo estuviera sobre Él para dar libertad a los cautivos, sanidad a los enfermos y compartir las buenas nuevas a los pobres.[1] ¡Imagínate cuánto más lo necesitaríamos si queremos hacer lo mismo que Él! Las Escrituras se cumplirán en nuestra vida cuando experimentemos la compañía y el poder del Espíritu Santo sobre nosotros.

Dejemos de tratar de entender con una metodología a alguien como el Espíritu Santo. Él es sobrenatural, por eso no sabemos cómo entenderlo y mucho menos cómo explicarlo. Hagámonos una pregunta: ¿Cuántas cosas utilizamos sin entenderlas? El celular, la cámara, la televisión, la computadora, el carro… No terminamos de entender su funcionamiento, pero eso no impide que las utilicemos. Entonces, ¿por qué cuando se trata de Dios queremos entenderlo todo y si no es así nos negamos a experimentarlo?

Con los avivamientos siempre hay personas que creen saber mucho acerca de ellos pero jamás han experimentado uno. Primero hay que vivirlos para luego testificarlos; ocurrirán cuando le demos al Espíritu Santo el lugar y la importancia que se merece. La Biblia nos recuerda la importancia que tiene. La primera prédica de Jesús fue acerca del Espíritu Santo y la señal que Dios le dio a Juan el Bautista acerca del Salvador fue que el Espíritu de Dios descendería y permanecería en esa persona; asimismo, la resurrección de Cristo fue a través del poder del Espíritu Santo, el primer avivamiento de la Iglesia vino en el aposento alto después de la visita Espíritu Santo y la primera prédica que compartió Pedro fue también acerca de Él.

A veces interpretamos mal el derramamiento de la presencia de Dios porque lo hacemos desde lo que llevamos dentro y no desde lo que realmente está sucediendo. La gente pensaba que los discípulos estaban ebrios porque según su sistema de creencias era más probable que alguien estuviese embriagado desde tan temprano a que el Espíritu de Dios se manifestara sobre una persona.[2] Llegamos a tener el corazón tan duro que reconocemos que un virus puede causar una reacción en nuestro cuerpo, pero nos escandalizamos y dudamos cuando su presencia causa una reacción en nosotros. ¡No puede ser que pensemos que las cosas naturales pueden causar reacciones en nuestro cuerpo y las sobrenaturales no!

Cuando el Espíritu Santo se derramó a los gentiles, Pedro no entendía lo que sucedía, pero aun así siguió las instrucciones que el Señor le había dado.[3] Debemos tener nuestra mente abierta y corazón preparado ya que a veces pasarán cosas que no entenderemos, pero luego el Señor nos irá revelando su propósito.

Jesús no les dijo a sus discípulos como iba a ser la manifestación del Espíritu de Dios, eso iba a ser una sorpresa. Cuando todos se encontraban reunidos en el aposento alto, de repente, el Espíritu Santo se manifestó sobre cada uno de los que estaban allí. Confiemos en que, así como sucedió en Hechos, también nos pasará a nosotros.

En un avivamiento aparecen cuatro tipos de personas: los que experimentan la llenura del Espíritu Santo, los confusos, los maravillados[4] y los que se burlan.[5] Es probable que en algún momento tomemos alguna de estas actitudes ante la manifestación de la presencia de Dios, pero no nos burlemos de las cosas que Él hace o de las formas en que se manifiesta. Aceptemos al Espíritu Santo tal como es, así como Él nos acepta tal como somos.


[1] Lucas 4:17-21: Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

[2] Hechos 2:14-18: Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

[3] Hechos 10:44-45: Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.

[4] Hechos 2:6-7: Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

[5] Hechos 2:13: Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

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