Dos razones por las cuales ser santos

CONÓCENOS

 

 

 

 

 

Imagina al pecado personificado en algo que tienes cerca. La decisión correcta sería alejarte todo lo que puedas y acercarte más a Dios. Solamente poner distancia entre la tentación y tú, no es suficiente, además debes buscar la proximidad del Señor.

La gracia de Dios

Efesios 2:1-10 dice:  Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

El día que conociste a Dios y le entregaste tu corazón, seguramente te sentías tan puro y tranquilo que nada era imposible para ti. El hecho de nacer en un hogar cristiano no garantiza que lo seas, así como nacer en un hospital no te asegura que seas médico algún día. La decisión de recibir la gracia de Dios es tuya.

Ser santos por gratitud

Romanos 6:1-2 nos cuestiona: ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Cuando no realizas un trabajo de la universidad  mientes buscando excusas. Luego le pides perdón al Señor y recibes Su gracia y misericordia.  Muchas veces podemos caer en el círculo vicioso de pecar y pedir perdón, aunque lo correcto es evitar caer en tentación.

Aléjate de esa rutina de falso arrepentimiento.  Dios perdona pero no es correcto abusar de Su gracia. Muchas veces olvidamos el precio que nuestro Señor pagó por alcanzarnos la santidad. Jesús dio su vida para que pudiéramos ser puros delante de la presencia del Padre.

Si quieres ser santo debes recordar ese sacrificio y honrar el día que Él murió para salvarnos.  La primera y más importante razón para buscar la santidad es agradecer al Señor su gran muestra de amor por nosotros. No lo olvides nunca. Si tienes en mente Su inmensa bondad,  te aseguro que sabrás cómo mantener tu cuerpo limpio.

Ser digna morada para el  Espíritu Santo

En Juan 16:7 leemos: Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Jesús dice que enviará alguien mejor. Imagina lo importante y maravilloso que es el Espíritu Santo para que Él mismo lo diga. Dios siempre quiere bendecirte con todo lo que te conviene. Escúchale y obedece sus recomendaciones.

1ra. de Corintios 12:3 nos recuerda: Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

La única forma de llamar “Señor” a Jesús es recibiendo al Espíritu Santo. No hay otra forma. Recuerda que el Padre, el Hijo y el Espíritu son uno y no se pueden separar. Entrégales tu ser para alcanzar una vida plena.

Romanos 8:14-17 comparte: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Sin el Espíritu de Dios no podemos recibir nada de Él.  Todo cuánto viene de Sus manos se aprecia a través del Espíritu Santo.
Romanos 5:5 dice:  Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

El amor de Dios sólo se derrama en tu corazón por medio del Espíritu Santo, si no existiera no podrías recibirlo. Además, Él es quien nos brinda los dones y nos permite la comunicación con el Padre. Así que debes prepararte como una morada digna para recibirle porque quiere y debe habitar en ti. De la misma forma como dispones las mejores habitaciones para recibir a personas importantes, debes buscar la santidad porque tú eres Su casa.

1ra Corintios 6:18-20 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y está diseñado para Él como el anillo de bodas para el esposo.  Debes darle el mejor lugar que puedas. Muchos cuidan su cuerpo por apariencia, salud y vanidad, pero la verdadera razón debe ser prepararlo para que el Espíritu Santo lo habite. Al guardar tu cuerpo le demuestras amor y respeto a Dios.

El Señor nos dice: “Tu cuerpo no está hecho para pecado sino para que mi presencia este contigo”. Él quiere recordarte que estás hecho para recibirle, quiere llenarte y habitar en ti.  Si le recibes, te embriagará y colmará tu sed como nada en el mundo.  Pídele al Padre que te inunde con Su Espíritu. La gracia es más insistente y poderosa que el pecado. Entrégale tu vida al Señor para que Su Espíritu te acompañe a donde vayas.

 

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