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El diablo huirá de ti

El diablo huirá de ti

24 de octubre de 2021

Tiempo de lectura: 4 minutos

Como hijos de Dios nunca esperaríamos que Su Espíritu nos lleve al desierto para que seamos tentados por el diablo, pero a Jesús sí le pasó[1] y esto nos demuestra que cualquier persona, sin excepción, puede ser tentada. Jesús, convencido del poder que tenía sobre el enemigo —el mismo que, por cierto, tenemos nosotros como hijos de nuestro Padre—, le dijo: “Vete”, y el diablo lo dejó en paz.[2] Satanás no puede dominarnos cuando actuamos en el nombre de Cristo.

La Biblia dice que Jesús fue tentado en todo, pero hallado sin pecado. ¿Por qué crees que ocurrió esto? Porque tuvo una correcta identidad como hijo de Dios, misma que debemos tener todos los que nos consideremos como tal. Muchas veces podremos resistir fácilmente la tentación del pecado, pero resistir es más difícil cuando desconocemos o dudamos de nuestra identidad en Cristo; o sea, cuando no nos vemos a nosotros mismos como lo que somos: hijos de Dios, coherederos con Cristo y templo del Espíritu Santo.

Por ejemplo, de mi persona se han dicho muchas cosas malas, pero yo no ando buscando saber qué se dice de mí porque íntegramente sé quién soy. Mi identidad está respaldada en Cristo y no tengo ninguna duda de que Dios es mi Padre y eso me obliga a seguir el ejemplo de Cristo. Estar conscientes de esta verdad es la mejor postura de identidad que podemos adoptar a lo largo de nuestra vida y no necesitaremos demostrar que quienes nos señalan están equivocados.

El diablo quería que Jesús dudara de sí mismo en el desierto, pero Él no necesitaba demostrarle que era Hijo de Dios. Una tentación se podría presentarnos de muchas maneras y una de ellas es como la oportunidad de demostrar al mundo quiénes somos. Pero cuidado: cuando tú ya sabes quién eres y tienes la conciencia tranquila, no tienes que demostrar nada. En vez de ello, atesora la Palabra de Dios[3] en tu corazón y vive conforme a ella[4] para que cuando seas tentado como Jesús puedas tenerla presente (“Escrito está”[5]) y no te permitas caer. Pero no solo se trata de conocer la Palabra, sino de guardarla en nuestro corazón como a un tesoro preciado y ponerla en práctica lo más que podamos[6] porque ese modo de vida es lo que nos da una identidad en Cristo.

Dios no tienta a nadie,[7] pero si nos sometemos a Él, el diablo y la tentación huirán de nosotros.[8] Alejémonos de las tentaciones juveniles y busquemos la justicia, la fe, el amor y la paz que buscan los que invocan al Señor[9] (en estos casos, saber elegir nuestras amistades puede marcar una diferencia relevante). Recuerda que Él no permitirá que seamos tentados más de lo que podemos soportar[10] y, por lo contrario, siempre estará pendiente de darnos una salida victoriosa.[11]


No hay nadie que no haya pasado por una tentación, así que no creas que estás solo en este asunto. El diablo le puso las mismas trampas a Jesús que nos pone a nosotros para hacernos pecar, por eso Él puede entender lo difícil que como humanos nos resulta resistir a las tentaciones. Cuando seas tentado, no dudes en acercarte al trono de la gracia de Dios porque en Él estarás seguro.

[1] Mateo 4:1: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

[2] Mateo 4:2-11: Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

[3] Salmos 119:9-11 (NBLA): ¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando Tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de Tus mandamientos. En mi corazón he atesorado Tu palabra, para no pecar contra Ti.

[4] Salmos 119:105-107: Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios. Afligido estoy en gran manera; vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.

[5] Mateo 4:7: Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

[6] Santiago 1:22: Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

[7] Santiago 1:13-14: Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

[8] Santiago 4:7: Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

[9] 2 Timoteo 2:2: Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.

[10] 1 Corintios 10:12-13: Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

[11] Hebreos 4:15-16: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

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