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El futuro es hoy

El futuro es hoy

12 de junio de 2021

Tiempo de lectura: 6 minutos

Si piensas en tus próximos siete años, quizá te veas junto a tu negocio próspero, con tu familia bendecida, viendo a tus hijos casados o viviendo con tu pareja ideal. Ver las cosas de esta forma es señal de que vivimos por fe porque el futuro no será jamás resultado de la casualidad, sino de lo que estemos dispuestos a hacer hoy. Todo futuro depende de nuestro presente y el presente también son nuestros hijos. El futuro de los hijos de Israel fue complicado porque sus malas acciones provocaron que Jehová los entregara a los madianitas,[1] hasta que ellos clamaron y Él no dejó de escuchar su clamor.[2]

Por eso el futuro es hoy. De nada sirve decir: “Cuando yo haga”, “Cuando yo llegue” o “Cuando esto me pase” porque lo mejor es ponernos a trabajar desde ya para que las personas que vivirán adelante en el tiempo puedan heredar el reino de Dios. Por eso, cuando se trata de las nuevas generaciones, debemos poner en práctica seis acciones que determinarán el futuro de nuestra familia, iglesia y nación.

  1. Cree. Muchas veces sucede que no creemos en la gente joven aun cuando resulta que ellos sí tienen lo necesario para ser usados por Dios. En el Nuevo Testamento leemos que cuando todos tenían hambre Jesús creyó que podía hacer maravillas con lo que un niño tenía en sus manos.[3]
  2. Aprecia. Lo contrario de apreciar es menospreciar. Debemos tener cuidado con lo que hablamos, decimos y confesamos con nuestra boca, y más aún si se trata de las nuevas generaciones. Dios escucha todo lo que decimos. Cuando el pueblo de Israel en el desierto se preguntó si no sería mejor regresar a Egipto[4] no contó con que Dios les daría la tierra prometida a esas nuevas generaciones que ellos habían menospreciado.[5]
  3. Ora. A pesar de su tristeza por no poder procrear, Ana oró y se regocijó aun antes de ver nacer a su hijo Samuel.[6] Ora al señor por tu descendencia aun cuando no haya nacido y declara que estará conformada por hombres y mujeres de bien.
  4. Confía. ¿Pondríamos a reinar a un niño de ocho años?[7] Quizá lo primero que diríamos sería: “No tiene experiencia” “Arruinará lo que he hecho yo para levantar esta congregación”, pero ¿cómo podemos estar tan seguros de ello? Es cuestión de confiar en las nuevas generaciones. Nunca sabremos si están listos si no confiamos en ellos.
  5. Entiende. Debemos entender a las nuevas generaciones y también lo que Dios quiere hacer con ellas. Cuando un joven Samuel empezó a escuchar que Jehová lo llamaba, al inicio pensó que era Elí quien lo hacía.[8] Elí, al entender lo que sucedía, supo ministrar a Samuel para que pudiera escuchar al Señor.[9] Quienes debemos entender para qué llama Dios a las nuevas generaciones somos nosotros como padres y mentores, porque quizá muchas veces ni ellos mismos lo entiendan.
  6. Pelea y protege. Debemos recuperar el espacio que el diablo ha tomado en nuestros hijos. ¿Quién les dio permiso a las plataformas digitales de enseñarles qué decisiones tomar? ¿Quién les dio permiso de adiestrarlos para que atenten contra su propia pureza y moralidad? Quizá la respuesta resulte incómoda, pero la verdad es esta: fuimos nosotros, los padres de familia. Protejámoslos con carácter y valentía, como lo hicieron las parteras en Egipto[10] porque si no nos levantamos a pelear al final veremos en ellos todo lo que nunca quisimos que pasara. Al final Dios también nos recompensará como lo hizo con las parteras.[11]

No seamos de los padres que, cuando nuestros hijos se atreven a decirnos qué desean para su futuro, no les ponemos atención o simplemente o no los tomamos en serio. En cambio, seamos de los que creen, pelean, aprecian y protegen los anhelos de su corazón. No olvides que el futuro es hoy y empieza contigo y se lo transferirás a ellos.


[1] Jueces 6:1-5: Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados. Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban. Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos. Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla.

[2] Jueces 6:6-10: De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová. Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.

[3] Juan 6:3-11 (TLA): Se acercaba la fiesta de los judíos llamada Pascua, y Jesús fue a un cerro con sus discípulos, y allí se sentó. Cuando Jesús vio que mucha gente venía hacia él, le preguntó a Felipe: —¿Dónde podemos comprar comida para tanta gente? Jesús ya sabía lo que iba a hacer, pero preguntó esto para ver qué decía su discípulo. Y Felipe respondió: —Ni trabajando doscientos días ganaría uno suficiente dinero para dar un poco de pan a tanta gente. Andrés, que era hermano de Simón Pedro, y que también era discípulo, le dijo a Jesús: —Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero eso no alcanzará para repartirlo entre todos. Jesús les dijo a sus discípulos que sentaran a la gente. Había allí unos cinco mil hombres, y todos se sentaron sobre la hierba. Jesús, entonces, tomó los panes en sus manos y oró para dar gracias a Dios. Después, los repartió entre toda la gente, e hizo lo mismo con los pescados. Todos comieron cuanto quisieron.

[4] Números 14:3: ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?

[5] Números 14:31: Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis.

[6] 1 Samuel 2:1: Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación.

[7] 2 Reyes 22:1-2: Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años, y reinó en Jerusalén treinta y un años. El nombre de su madre fue Jedida hija de Adaía, de Boscat. E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.

[8] 1 Samuel 3:1-8: El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia. Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver, Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí. Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó. Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.

[9] 1 Samuel 3:9-10: Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

[10] Éxodo 1:15-17: Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo: Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva. Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños.

[11] Éxodo 1:20-21: Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.

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