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El legado de Jesús

El legado de Jesús

26 de junio de 2022

Tiempo de lectura: 3 minutos

Cuando hablamos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento hablamos del antiguo y del nuevo pacto,[1] respectivamente. Al morir Jesús se activó el testamento que nos convierte en herederos de Su paz, la cual es diferente a la que nos da el mundo.[2] Esto quiere decir que aunque el mundo también pueda darnos tranquilidad (lo cual se puede interpretar de muchas formas: que tu salario te alcance, que en tu casa todos tengan buena salud, que te vaya bien en tu matrimonio, etc.), ese tipo de paz está condicionada a algo externo; pero la paz de Cristo, en cambio, viene de adentro de nosotros mismos.

El gozo del mundo lo recibimos, por ejemplo, debido a que tenemos trabajo; pero el gozo del Espíritu Santo lo recibimos a pesar de que no lo tengamos. Esa paz y ese gozo son parte del legado del Señor y por eso, sin importar lo que pase, Él no nos desamparará. Cuando te digan cosas como “¡Cómo puedes estar tan tranquilo con semejante situación!” es porque la paz que sientes sí viene de Dios y te sacará de cualquier mala racha.

Cuando Jesús partió el pan y bebió de la copa[3] sabía que iba a ser entregado para morir. ¿Quién, en esas circunstancias, podría tener tiempo y ánimos para organizar una cena? De ese tamaño es la paz que Él nos heredó; para que, en medio de una crisis, podamos estar tranquilos y confiar en que pronto llegará el día para resucitar. Él se dejó crucificar para redimirnos de la maldición de vivir bajo la ley[4] y de esa forma nos alcance la bendición de Abraham,[5] a quien juró que multiplicaría grandemente.[6]

Esa promesa[7] no fue barata: costó la sangre de Cristo. Su muerte fue necesaria para que recibiéramos al Espíritu Santo,[8] [9] nuestro Consolador,[10] a quien podemos entregarle nuestras tristezas y a cambio nos dará gozo y paz.[11] Caminaremos llenos de abundancia y del Espíritu porque el legado de Jesús nos hace merecedores de todas las promesas y bendiciones de Dios


[1] Hebreos 9:15-17: Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.

[2] Juan 14:27: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. 

[3] 1 Corintios 11:23-26: Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

[4] Gálatas 3:13: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).

[5] Gálatas 4:14: Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

[6] Hebreos 6:12-13: A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 

[7] Lucas 24:49: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

[8] Hechos 1:8: Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

[9] Juan 16:5-7: Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 

[10] Juan 14:15-18: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

[11] Juan 14:26-17: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.

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