El último día de su vida

CONÓCENOS

 

 

Quiero hacerlo reflexionar: En mi vida surgieron algunas preguntas y hoy quiero hacérselas a usted. Este es un mensaje del cual quizás se hable muy poco, y cuando se dice, tal vez lo hagan muy pocos, pero es mi deber darlo.

 

 

 

Esta semana cuando estaba de descanso, estuve compartiendo con un doctor que hace transplantes de riñón, y me mostró fotos de cómo es un transplante, cómo ponen un riñón en hielo y luego cómo  se lo ponen a la persona; qué tan difícil es poder encontrar un donante y qué riesgos hay.  Yo decía: “Bueno, encuentran uno compatible, se lo ponen y queda bien”. Pero no, a veces, han donado un riñón y éste se ha perdido porque no logra el cuerpo asimilar ese nuevo órgano. No se pudo aprovechar el riñón y no se lo pueden devolver al que lo tenía.

 

 
 

Pensé: “Yo voy a cuidar los míos, si sólo tengo dos, no se pueden renovar y no pueden volver a nacer”. Y le pregunté a un médico qué tenía que hacer para cuidarlos. Respondió: -No tomes aguas gaseosas, ni esos jugos artificiales y toma mucha agua pura-. Como éramos ocho personas las que oímos esta enseñanza, al otro día temprano, me puse a observar qué tanto habíamos asimilado lo que nos había dicho y explicado. Varios de los que oímos la enseñanza ya estaban tomando su café con Cremora y Coca Cola, ¡desde el desayuno! ¿Qué nos pasa? Porque estuvimos oyendo, nos mostraron fotos e insistimos en lo mismo; este mensaje es algo así. Se lo dicen a uno, y uno dice: “De verdad, tiene razón,” pero no lo hace.

 

 

 

Esta es una pregunta que le quiero hacer a todos: ¿Qué haría usted si supiera que hoy es el último día de su vida? Quiero que piense qué haría. Hoy es el último servicio al que vino, es la última vez que se puso ropa, es el último día que va a comer, es el ultimo día que sus seres queridos lo van a ver, es el último día sobre la tierra. Piense, usted tiene una lista de cosas que haría.

 

 

 

Muchos de ustedes tendrían que ir a hacer varias cosas. Muchos dirían: “Yo hoy pediría perdón, me pondría a cuentas con Dios”. Está bien, todavía tiene tiempo para hacerlo, pero en la vida hay varias cosas que son seguras y dentro de éstas, hay una que es muy segura, que todos los que estamos hoy aquí algún día vamos a morir. 

 

 

 

Una cosa es lo que le pasa a uno cuando uno se muere, y otra cosa es lo que le pasa a la familia cuando uno se muere. Obviamente, hay dolor y tristeza, pero en algunas familias hay amargura, porque se fue, los dejó muy mal económicamente.

 

 

 

Yo escribí lo siguiente: “lo único seguro es la muerte. ¿Qué haría usted si supiera que hoy es el último día de su vida? ¿Qué le pasaría a su familia si hoy fuera su último día de vida?”.

 

 

 

Hoy le voy a mostrar, ya que Dios me llevó a dos casos en la Biblia donde, lamentablemente, desde la muerte de ese ser querido, comenzaron los problemas en esa familia.

 

 

 

Ese es un mensaje raro, y no nos gusta oírlo, y yo sé que hay mucha gente que va a oírlo y a decir: “Sí, es cierto, porque eso ya yo lo hablé con mi familia. Yo venía de un funeral les dije: Quiero que si yo me muero, sepas cómo están las cosas.

 

 

 

Yo estoy seguro que aquí en este lugar, lamentablemente, hay mujeres que no saben qué va a pasar cuando su marido muera, porque no saben si tiene dinero, si tiene deudas o alguna otra cosa, es más tienen miedo de que el día que lleguen al funeral va haber una fila de viudas reclamando lo que dejó si es que hay algo.

 

 

 

Hay dos tipos de personas: los sensatos, los que se preparan para el día de su muerte, que saben qué va a pasar y qué va suceder. Porque una cosa es el dolor porque ya no está el ser querido y otra el dolor porque ya no está y solamente les dejó problemas desde el momento en que se fue. Y están los insensatos, que viven la vida diciendo: “si hoy me muero, no importa”. Siguen viviendo la vida como quieren, y se desentienden de una realidad, no reconocen que puede llegar un día donde ellos dejen de existir y ¿qué va a pasar con todas las responsabilidades que adquirieron? Alguien más tiene que responder por ellas.

 

 

 

Hay dos tipos de muerte: la esperada y la inesperada. La inesperada aparece de repente, nadie sabe y se acabó todo. La esperada es cuando alguien que está muy enfermo, porque lo condenaron y lo van a ejecutar, el que tiene problemas de alcohol, el que tiene problemas de alguna adicción, el que fuma, que le puede dar un cáncer y morir. ¡Qué triste vivir la vida añadiéndole un problema a nuestro cuerpo!

 

 

 

Pasan dos cosas: Todos los cuerpos que están aquí van a ocupar una tumba, pero entendí que pasan dos cosas para el que se muere: se define su vida y si creyó en Dios, tiene salvación, pero si no vivió una vida conforme a lo que Dios esperaba, también tiene su recompensa. Hay una muerte eterna, esa es real, existe, no va al cielo, pero la vida de esta persona se definió, termino allí. El problema es con los que quedan.

 

 

 

El sensato define el futuro de su familia esté o no él, y el insensato destruye el futuro de su familia porque les deja una herencia, y no precisamente la que una viuda y unos hijos esperan. Le voy a mostrar el primer caso.

 

 

 

2 Reyes 4:1-7 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.  Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.  El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.  Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede. 

 

 

 

Ahora vemos qué lindo lo que hizo el profeta con esta mujer; qué hermoso lo que le sucedió a esta viuda, pero ¿no cree que esto se pudo haber evitado, sabiendo que este hombre era un hijo de profeta, un temeroso de Dios, era un hombre íntegro en sus caminos? Pero en el momento en que muere, dejó una tragedia a su familia, dejó a una mujer endeudada y ésta tenía que pagar la deuda de sus hijos, que este hombre dejó.

 

 

 

Estoy seguro que hay personas que si hoy se mueren, la deuda pasa a su esposo, a su esposa, a sus hijos, y ¿qué tipo de herencia es esa? Hoy voy a finalizar pidiéndole a Dios varias cosas que tiene que ver con esto, porque le pedimos muchas cosas, pero no le pedimos vida para poder hacerles un bien a nuestros hijos. Que el día que muera mis hijos puedan decir: “mi mamá me dejó bien, mi papá me dejó bien”. Aquí también hay jóvenes que saben muy bien que tienen que ir a sus casas a ponerse a cuentas con sus padres, porque si hoy se murieran, se pusieran tristes no sólo porque perdieron a un hijo sino porque ese hijo estando en casa, estaba lejano.

 

 

 

Aquí hay jóvenes que tienen que ponerse a cuentas con sus hermanos, que tienen que pasarle la mensualidad al hijo que le dejaron a una jovencita.

 

 

 

Pues este hombre dejó en problemas a esa mujer, no tenía ni qué comer y tenía que ver qué hacía con los hijos porque se los iban a llegar a quitar. El era un hombre temeroso de Dios, iba a la iglesia, era hijo de profeta. Pero la insensatez tiene que ver mucho con el estilo de vida que llevamos. El problema es que nos basamos en otras cosas para llevar un estilo de vida, el cual no asegura un futuro  a nuestros hijos.

 

 

 

Yo conocí a una viuda, mataron a su esposo, y entre ella y sus hijas estaban sacando adelante las empresas que su esposo había dejado. Y me dijo: “Tengo un par de negocios que mi esposo dejó a medias  y ahora ya no sé si el terreno de mi casa es nuestro o no”, y todo esto por una falta de comunicación, de transparencia.Jesús también dejó cosas buenas.

 

 

 

Lucas 12:16 También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.  Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?  Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios. 

 

 

 

Un hombre con mucha riqueza diciendo: “Voy a volver a hacer mis graneros, voy a volver a edificarlos, así tendré mucho más todavía y  guardaré todo lo que tenga”. Dios le dice: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? ¿De qué servirá todo lo que tienes?

 

 

 

Me llama la atención esta parábola, ya que Jesús la enseñó a causa de algo que pasa versículos antes.

 

 

 

Lucas 12:13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Más él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 

 

 

 

Luego de esto, habla lo que le pasó a este hombre queriendo guardar todo lo que tenía, y me pregunto: ¿Qué hacen dos hermanos peleando por una herencia?

 

 

 

Habla de la avaricia y entiendo que en este hombre que pidió que se repartieran los bienes había avaricia en su corazón, pero también veo otra cosa, el padre insensato que no se preocupó en dejar partes iguales a dos hijos.  ¿Usted quiere dejarles un problema a sus hijos? No deje testamento, no deje nada y que se sigan agarrando por el resto de sus vidas. Yo he tenido que ayudar a hermanos que se pelean por esto.

 

 

 

Caso contrario, el Rey David prepara a su hijo, lo enseña a administrar los bienes y a levantar el templo para Dios.

 

 

 

Jesús vino preparando el momento en el que debía de morir y dejar de estar con su madre, El hizo la Santa Cena sabiendo que había de morir al día siguiente, El sabía que iba morir en una cruz, que iba morir desnudo, que iba a ser denigrante, pero también debía de asegurarse que su muerte tendría un provecho en medio de todo ese dolor. Su madre sabía que ese hombre iba a morir, pero tenía un propósito. ¿Su vida tiene propósito? Pues que su muerte también lo tenga. Toda la muerte de los hijos de Dios tiene propósito. Yo sé que mi muerte va producir dolor, pero también provecho. La muerte de Jesús produjo provecho en su vida.

 

 

 

Quiero mostrarle el día de hoy cómo Jesús hizo con su madre, y todos los que son hijos, tengan el mismo pensamiento para un día asegurarles a sus padres un buen futuro.

 

 

 

 

Juan 19:26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.  Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa

 

Lo que le está diciendo allí es: “hazte cargo de mi mamá, te cuidé, te formé, te protegí, te di, te llevé, y ahora te voy a encargar algo muy valioso para mí, algo muy importante: la mujer que me llevó y me formó de tal manera que hoy pueda cumplir mi propósito. Cuídala, tómala, hazla parte de tu vida”. Porque ya no iba a estar Jesús, y Él quería que alguien la cuidara como Él lo habría hecho, y comienza entonces el beneficio de Jesús sobre todos nosotros, porque Jesús tenía que morir para que hoy recibiéramos el resultado, el beneficio, el provecho de esa muerte.

 

Jesús no le dejó problemas a su mamá, no le dejó herencia de maldición. Mientras Jesús moría, le dejó un buen futuro a su madre.

 

¿Qué futuro les está dejando usted a sus hijos? Porque si creemos en Dios, sabemos la Biblia, pero el día que nos muramos, qué va a pasar con los que se quedan.

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