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El poder de la resurrección

El poder de la resurrección

06 de diciembre de 2019

Tiempo de lectura: 3 minutos

Si eres papá seguramente has vivido la enfermedad de un hijo. Yo he pasado por eso, un sentimiento de impotencia donde muchas veces no sabemos qué hacer. Mi hija Darisse se enfermó hace un año y a partir de esa experiencia pude imaginarme la angustia que debió sentir Jairo cuando se enfermó su hija, pero así de grande también fue su fe.[1]

Pero también suele pasar que creemos en un milagro que no llega. Vamos a la iglesia, oramos, ayunamos, ofrendaos, ungimos con aceite, vamos a encuentros y retiros… ¡Hacemos de todo con tal de alcanzar el milagro! Y cuando todo parece no poder estar peor, siempre aparece alguien que nos dice cosas como: “¿Y no que muy cristiano, pues?”, o “No que tu Dios es Señor de milagros?”

Cuando Jesús llegó a la casa de Jairo, les dijo a todos que la niña no estaba muerta, que solo dormía, y se burlaron de Él[2] aun cuando ya lo habían visto sanar leprosos y paralíticos. La gente habla cosas como: “Si Jesús estaba con ellos, ¿por qué se divorciaron? ¿Por qué quebró su empresa? ¿Por qué murió?” Y nos dicen: “¿No se supone que eres hijo de Dios?” “¿No se supone que ya te había demostrado su poder antes?”

Eso mismo dijeron cuando se murió Lázaro, su amigo;[3] pero no te des por vencido porque esas personas que ahora se burlan se quedarán con la boca abierta cuando vean lo que Jesús hará en tu vida. Cuando nadie lo crea, Él hará el milagro. Cuando todos se burlaron de Él, ordenó que quitaran la piedra de la tumba y Lázaro revivió con una palabra suya. ¿No te ha dicho Jesús que si crees verás la gloria de Dios?[4]

Todo empieza con una Palabra de Dios. Puedes declarar que Dios te bendecirá siempre que lo hagas en el nombre de Jesús. No dudes que tienes el poder de la resurrección,[5] que con una Palabra de Cristo muchos resucitaron;[6] así que cuando empieces a declarar vida, verás bendición. Declara que tu matrimonio resucitará, que tus enfermedades se irán, que tu empresa se levantará, y nuestro Padre manifestará su poder.


[1] Marcos 5:22-23: Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.

[2] Marcos 5:39-40: Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.

[3] Juan 11:32-37: María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?

[4] Juan 11:39-44: Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

[5] Romanos 8:11: Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

[6] Mateo 27:50: Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

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