El poder de oír

CONÓCENOS

 

Dios nos dice claramente que debemos poner atención a la forma como escuchamos para que los mensajes que recibimos nos añadan algo positivo, no algo negativo que incluso nos reste de lo que tenemos1. Si escuchamos con fe al Señor, seguramente sumaremos sabiduría y bendición, por el contrario, si nos dan Palabra y enseñanza que escuchamos con indiferencia e incredulidad, restaremos buenas oportunidades.

Si quieres un buen futuro, debes concentrarte en escuchar y actuar correctamente ahora. Oye con fe y atención, con interés y actitud de aprender, no con arrogancia o indiferencia, recuerda que la fe es por el oír. Nadie puede incrementar su fe y prepararse para el futuro si no escucha las instrucciones de Dios, quien tiene planes perfectos para nosotros. Acércate a Él con humildad y deseo de aprender Sus enseñanzas.

El Señor también nos dice que Sus promesas permanecen en nuestra vida, aunque tal vez en algún momento perdamos la fe en hacerlas realidad, pero la buena noticia es que Él no pierde la esperanza en que las alcancemos2. ¡Sus bendiciones están esperándonos! Es como si nuestro Padre dijera: “Aunque en este momento dudes, Yo tengo fe en ti y en que me escucharás para alcanzar todo lo bueno que tengo para ti”. Dios dice que Sus promesas permanecen, así que persevera, no te rindas, escucha y actúa conforme a Sus enseñanzas para lograr lo bueno que está reservado para ti y tu familia.

A todos se nos ha anunciado el Evangelio y la bendición. La Palabra fue dada, pero algunos no la aprovechan, es decir que no le buscan la utilidad, la ganancia, porque no la escuchan con fe3. Dios puede darte la mejor enseñanza, puede guiarte con excelencia, pero al escucharlo sin fe no le sacas provecho y aplicación práctica para tu vida. Si escuchas Palabra de salvación para tu familia, declara que va dirigida a ti, afirma que esa ganancia de bienestar es tuya.

La Palabra de Dios que escuchas debe ir acompañada de fe para que sea de provecho en tu vida. Cuando Dios da una Palabra que mezclas con fe y se convierte en bendición. Sin confianza, solo es promesa, pero la mezcla de tu fe con la Palabra que Dios te da se convierte en un nuevo producto que se llama bendición. Por lo tanto, debes cuidar tu fe de los ataques del mundo, porque de ella depende que las promesas del Señor se hagan realidad. ¡Serás una nueva persona si crees que Su Palabra que transforma es para ti!

Cuando Dios habló a Moisés sobre la libertad que le daría a Su pueblo, Sus palabras fueron maravillosas. Se presentó como Jehová, el omnipotente. Prometió liberarlos del duro trabajo y de la servidumbre en Egipto, prometió darles la tierra que había ofrecido, pero ¡el pueblo no escuchó!, porque estaban acongojados por la esclavitud. Dios había atendido su clamor, pero ¡ellos no fueron capaces de prestarle atención!4 Entonces, se nos revela de nuevo la urgencia de atender y cuidar lo que oímos, porque puede ser que Dios ya nos haya respondido, pero no lo hemos escuchado. No necesitamos que el Señor haga algo por nosotros, sino que diga algo, porque todo lo hace con Su Palabra. No permitas que la aflicción y la congoja cierren tus oídos a Sus respuestas. Por eso debemos aprender a orar y pedir sin aflicción. No te concentres solamente en tus necesidades, porque de esa forma te dejas dominar por la angustia y ese estado de ánimo impide que escuches al Señor. Al acercarte a Dios, alábalo, dale gracias por Sus bendiciones, mueve tu ánimo hacia la fe en que recibirás lo que anhelas, pide por tus sueños, con esperanza, sin aflicción. Debes concentrarte más en buscarlo a Él, no solamente lo que pueda darte para salir de problemas. No es vanidad, decirle: “Gracias, Padre por todas Tus bendiciones, te entrego mis sueños y estoy atento a que me guíes para hacerlos realidad”.

El afán, concentrarnos en la riqueza que nos hace falta es tan poderoso que es capaz de ahogar la Palabra de Dios y matar el fruto de bendición que trae para nosotros5. ¡Si quieres crecer por la Palabra debes asegurarte de que tu afán no la ahogue! Por eso, Jesús enseñó en el Sermón del Monte que no nos afanáramos por lo que habríamos de comer o vestir. Con esta enseñanza, Jesús estaba limpiando la tierra, preparando nuestro corazón para que fuera fértil, recibiera la semilla de la Palabra de Dios y diera fruto.

La fe en Su amor y provisión es el fundamento para que crezcas en todo sentido. Concéntrate en escucharlo y creerle. Aprende sobre la sana economía que Él quiere enseñarte. Si superas la preocupación, abrirás tu corazón a la Palabra que te hará crecer y ensancharte espiritualmente. Dile con fe: “Señor, perdóname por menospreciar toda la enseñanza que me has dado sobre economía y provisión, porque al afanarme en mis necesidades he ahogado Tu voz, pero hoy creo que eres quien añade hasta que sobreabunda. Estoy convencido de que por Tu pobreza he sido enriquecido, estoy listo para escucharte con atención y dar fruto que beneficie mi vida y a quienes me rodean. De ahora en adelante, no habrá afán que ahogue Tu Palabra y Tus promesas”.

Versículos de referencia

1 Lucas 8:18 dice: Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.

2 Hebreos 4:1enseña: Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.

3 Hebreos 4:2 continúa enseñando: Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.

4 Éxodo 6:1-9 relata: Jehová respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de su tierra. Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ. Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos. También establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron forasteros, y en la cual habitaron. Asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes hacen servir los egipcios, y me he acordado de mi pacto. Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo JEHOVÁ. De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.

5 Mateo 13:22 relata: El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

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