El poder de lo invisible

CONÓCENOS

El uso de las palabras es de las cosas más relevantes en la vida. Cómo, con quién y cuándo las usamos es determinante. Son tan importantes que nos justifican o condenan. Entonces, si podemos pasar de la condenación a la salvación a través de la confesión de lo que creemos, todo lo que esté en medio de esos dos extremos también se verá afectado por las palabras. Lo que decimos está íntimamente conectado con lo que pensamos y creemos. Podríamos decir que son parte de realidades que no se ven, pero allí están. De hecho, el universo, el sol, la luna, los planetas y los seres, todo fue constituido por la Palabra de Dios que es intangible[1]. Si Él utilizó las palabras para crear, nosotros también debemos hacerlo porque al declarar, las cosas suceden. Todo lo que se ve fue hecho a partir de lo que no se veía. La palabra es intangible y produce cosas tangibles. Si aprendiéramos a hablar, llevaríamos ganado muchísimo terreno en la vida espiritual.

¡A cada momento descubro más y más la importancia de las palabras que pueden bendecir o maldecir! Por ejemplo, vemos que una higuera se secó porque Jesús declaró una palabra negativa sobre ella[2]. Así que debemos tener mucho cuidado con lo que hablamos. Creer y decir son dos acciones que se integran. Algunos se pierden en qué va primero, si creer o declarar, pero no te compliques, cree y declara, declara y cree. Lo que declares será hecho porque al decir, crees, y si crees, puedes declarar. Suena a trabalenguas pero la idea es tener fe y utilizar tus palabras conforme a dicha fe. Un atleta, incluso en medio de su entrenamiento, declara y cree que será campeón. Lo repite, lo piensa, se ve como tal. Las palabras no se ven, pero lo que decimos se verá.

No digo que hagamos confesiones locas. Quienes tienen un tumor no pueden negarlo o ignorarlo, pero sí pueden asegurar que su sanidad será hecha. No estoy pidiendo que no expreses la realidad, sino que tu expresión se complemente con la fe. Si tu negocio no va bien, si solo sacas para pagar la planilla, no puedes negarlo, pero acompaña esa realidad con la certeza de que todo mejorará: “Mi negocio va lento, pero sé que saldré adelante, porque Jesús se hizo pobre para que yo alcanzara riqueza. Dios proveerá, Él abrirá puertas”. No se trata de negar que el gigante es grande, sino de que, frente al ataque, asegures: “En nombre del Señor, ganaré la batalla. Ese gigante es tan grande que no puedo fallar”.

¿Cuántas veces hay que declarar lo que esperas? ¡Siempre, no te detengas, hazlo de día y de noche! Puedes estar triste por lo que sucede, pero esa emoción no debe conducir tus palabras. Por ejemplo, si estás en una fiesta y tu mejor amigo se puso una gran borrachera, ni loco le das tu carro para que lo maneje. De la misma forma, no permitas que la emoción conduzca tus palabras. Si estás afligido, primero desahógate y luego declara que saldrás adelante. Cuando mi esposa y yo recibimos una noticia muy mala, ella me preguntó qué íbamos a hacer y le dije: “Déjame que llore y luego hablo con Dios, porque Él solo entiende un lenguaje, el de la fe, no entiende de quejas”. Lo que digas creyendo será hecho, así que lo mejor es que aprendas a hablar correctamente.

Al hablar sobre las palabras, es inevitable abordar el tema de la oración, porque orar es hablar y declarar. Jesús nos dice que, al orar, pidamos y será hecho. Es escritural, no lo digo yo, lo dice Él, así que hagámoslo, de lo contrario, le dejamos todo el trabajo a Él, a ver si dispone hacer algo, cuando nosotros tenemos la responsabilidad de pedir. Hay quienes sienten ser espirituales al no pedir, pero es al revés. ¡Dios quiere que pidamos al orar!

Atrevámonos a orar pidiendo misericordia para salir de un problema y también pidiendo gracia para alcanzar nuestros sueños. Imagina que uno de tus hijos se te acerca para pedirte Q30 mil para salir de una deuda, seguro que ves de qué forma lo ayudas, así como ayudarías a otro hijo que no tiene deudas, pero que podría pedirte los mismos Q30 mil para comprar su carro o iniciar un negocio. Si se los diste a quien estaba en urgente necesidad, hasta mal te sentirías al no darle al otro, ¿no te parece? No acudamos a Dios solo para resolver problemas sino para alcanzar sueños. Ora por tus sueños, pídele a tu Padre, quien no es un “resuelve problemas”. ¿Qué problema resolvió al crear el universo? Ninguno, lo hizo porque Él es creador.

Respecto a las palabras también hay una revelación muy poderosa que debemos tomar en cuenta. En la Escritura leemos que todo pecado será perdonado, menos la blasfemia en contra del Espíritu Santo[3]. ¡Imagina qué importantes son las palabras como para que un pecado que involucra el habla sea el único que no se perdona! No podemos negarlo, nuestro vocabulario debe ser renovado y transformado.

Busquemos ser mesurados para hablar porque el hablador es más propenso a cometer pecado. Frenemos nuestra boca y seamos prudentes[4]. Además, no podemos ser de doble ánimo, no se vale hablar mal durante el día, andar criticando y maldiciendo, para bendecir al Señor durante la noche, antes de acostarnos. Debemos alinearnos, somos árboles que producen buenos o malos frutos; no hay un árbol que produzca las dos cosas. Recordemos que de la abundancia del corazón habla la boca. El fruto son nuestras palabras y nuestro corazón es el árbol. De lo que llevo en el corazón termino hablando, por eso debemos tener un corazón sano, sin rencores, porque de nuestra boca sale lo que tenemos en el interior y eso es lo que se cumplirá.

La Palabra dice que los labios del justo apacientan, así que las palabras deben dar paz. En medio de los ataques, no hay que “alborotar” sino que buscar la paz. Así que limita tus palabras, sé discreto y procura la paz. Compartamos palabras de vida eterna, como Jesús lo hizo[5]. Debemos pensar antes de hablar; hay que ser lentos, precavidos para decir y rápidos para escuchar. Piensa mucho lo que vas decir[6]. Además, presta tu elocuencia para expresarte por quienes no tienen oportunidad de hacerlo[7]. Usa tu voz en nombre de quienes necesitan ser escuchados.

Cuando hables con alguien enojado, no permitas que se te contagie el enojo, al contrario, ablanda su ira con palabras suaves de reconciliación[8]. Siempre ganará un debate quien ha aprendido a hablar y quien no se deja corromper por malas conversaciones[9].  Nuestras palabras deben producir vida, edificación, no quebrantamiento[10] o ser duras como golpes de espada[11]. Las palabras pueden aliviar, sanar o corromper[12]. A veces enfermamos cuando hablamos, sin embargo, nuestra palabra debe servir para producir vida. El viernes antes de la boda de mi hija, tuvimos el ensayo. Ella estaba estresada y ese cúmulo de emociones se desbordó por algo que parecía sencillo. La abracé y le dije: “Qué bueno que pasó esto ahora, así te liberas del estrés. Demos gracias a Dios por tu boda, por tu familia, por tu esposo y que todo lo demás te venga sobrando”. Con esas palabras le di alivio y sonrió. Haz tú lo mismo en toda situación. Que tus palabras produzcan vida, alivio, salvación y bienestar, en el nombre de Jesús.


[1] Hebreos 11:1-3: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

[2] Marcos 11:20-23: Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

[3] Mateo 12:31: Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.

[4] Proverbios 10:19-21: En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.

[5] Juan 6:66-68: Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

[6] Proverbios 15:28: El corazón del justo piensa para responder; mas la boca de los impíos derrama malas cosas.

[7] Proverbios 31:8: Abre tu boca por el mudo. En el juicio de todos los desvalidos.

[8] Proverbios 15:1: La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.

[9] 1 Corintios 15:33: No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

[10] Proverbios 15:4: La lengua apacible es árbol de vida; mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.

[11] Proverbios 12:18: Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.

[12] Efesios 4:29: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

 

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