Él Vive

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¡Celebremos porque nuestro Señor ha vencido a la muerte! Como cristianos, ahora gozamos de las bendiciones que Jesús nos dio a través de Su muerte y resurrección, pero en esa época, la situación fue incómoda. Sabemos que los sacerdotes y fariseos provocaron que Él fuera condenado a muerte, y la dureza del corazón de esos hombres llegó al extremo de pedir a Pilato que sellaran y vigilaran el sepulcro donde lo habían puesto para que nadie se robara el cuerpo y evitar una falsa noticia de resurrección. Así que gloria a Dios, el gobernador romano accedió, porque ahora hay mejor evidencia de la resurrección de Jesús. ¡Nadie hubiera podido mover la enorme piedra que pusieron, ni burlar a los soldados![1] Mientras más difícil sea tu milagro, más glorioso será el resultado, porque esa tribulación que enfrentas solo producirá un más eterno y abundante peso de gloria. Por lo tanto, celebremos y vivamos la resurrección de Jesús. Si no lo creyéramos, vana sería nuestra fe, pero podemos dar testimonio de que sucedió, ya que hemos experimentado Su amor y Sus bendiciones[2]. Si lo crees, prepárate y espera lo sobrenatural que vendrá a tu vida, porque la resurrección de Jesús tiene poder. De hecho, es posible hablar de tres beneficios.

El primero es el perdón. Si no creemos que Jesús resucitó, continuamos en nuestros pecados, no hemos obtenido el perdón y la nueva vida plena que Él desea darnos. El diablo seguro hizo fiesta durante setenta y dos horas, pero al tercer día, tuvo que aceptar su derrota, delante de la tumba vacía.

El segundo beneficio es la esperanza. Podemos creer que Jesús es nuestro Salvador, pero si no creemos en Su resurrección, ¿qué piensas que te sucederá cuando Él venga de nuevo? Si tu esperanza es que al final de los tiempos, Él vendrá por ti para llevarte a la morada celestial, tienes esperanza.

Nuestra esperanza es la vida eterna, es resucitar y vivir junto a nuestro Padre[3]. La resurrección de Cristo nos da esperanza, nos permite creer en lo que para otros es locura. No perdamos la fe, creamos en Jesús y en las promesas del Padre.

El tercer beneficio de la resurrección de nuestro Señor es la victoria constante[4]. Cualquiera que sea tu situación, gracias a que Jesús venció a la muerte, te aseguro que no pasarán más de setenta y dos horas para que Dios te dé una respuesta a eso que esperas. Victoria significa que ni la muerte te detendrá, porque eres eterno en Cristo. ¡Hay victoria a causa de Su precioso sacrificio! Si ahora ves áreas en tu vida que han muerto, talvez tus sueños, tu anhelo por ver restaurada a tu familia, tu ilusión por alcanzar una vida mejor, te aseguro que resucitarán; tendrá nueva vida todo aquello que se había detenido porque ¡Jesús resucitó y levanta de la muerte tus bendiciones!

Hace veinte años, cuando aún no le había entregado mi corazón a Jesús, yo estaba en mi casa un Domingo de Pascua haciendo mis tareas de la universidad. Buscaba música para inspirarme y sintonizando la radio, escuché una canción que dejé por curiosidad. Fue impresionante porque algo pasó, el Espíritu Santo me visitó y me conmovió. La canción decía: “Cristo Jesús, pudiendo bajar de la cruz preferiste morir por amor a mí. Te adoro Cordero de Dios, hoy crucifico mi ser. En obediencia, te serviré por amor a ti. ” En ese momento descubrí que Él era mi camino. ¡Jesús resucitó, vive, y nosotros con Él! Demos gracias porque no bajó de la cruz, aunque podía hacerlo; demos gracias por Su inmenso amor, por vencer a la muerte, gracias por tomar nuestros decretos en contra y clavarlos en esa cruz. ¡Gracias, Señor!

Cuando Jesús resucita, a su alrededor ocurren más resurrecciones. Cuando creas en Él y estés convencido de que resucitó por ti, prepárate, porque lo que parecía muerto a tu alrededor se levantará para dar testimonio del amor de Dios[5]. Démosle toda la honra y la gloria, ya que todas las cosas serán hechas nuevas. ¡Prepárate para una novedad de vida! Oremos para que el Espíritu Santo, el mismo que levantó a Jesús de entre los muertos, nos llene, para que cualquier situación, problema y condición fuera de Su perfecta voluntad sea resuelta sobrenaturalmente. Dile: “Espíritu Santo, así como trajiste vida a Jesús, trae vida a mi casa, a mis sueños, a mis hijos, restáurame, libérame de la opresión del pecado, de la enfermedad y de la escasez. Hoy recibo Tu perdón, esperanza y vida nueva. Amén”.


 

[1] Mateo 27:62-65 dice: Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.

[2] 1 Corintios 15:12-17 enseña: Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

[3] 1 Corintios 15:51-53 comparte: He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

[4] 1 Corintios 15:54-58 enseña: Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

[5] Mateo 27:51-53 dice: Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

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